Vigilar el alto el fuego en Ucrania
Hay que celebrar cualquier atisbo de paz, pero toda concesión a Putin debe condicionarse a actos concretos y verificables


El alto el fuego alcanzado el martes entre Rusia y Ucrania respecto a sus infraestructuras energéticas y al mar Negro es, sin duda, una noticia alentadora en medio de la guerra desencadenada por Moscú hace poco más de tres años y que, hasta el momento, se ha saldado con un número indeterminado de muertos —pero contados por cientos de miles—, millones de desplazados y miles de millones de euros en daños económicos no solo en el teatro de operaciones sino en toda Europa.
La reducción de hostilidades es un paso positivo hacia una solución del conflicto, pero es imperativo abordar este acuerdo con cautela y exigir a Rusia garantías sólidas. Resultaría imprudente pasar por alto que Vladímir Putin ha utilizado acuerdos previos como herramientas para avanzar en sus propios intereses.
Sucedió tras el acuerdo sobre transporte de grano en el Mar Negro de julio de 2022. Fue un importante pacto con influencia no solo regional, sino que sirvió para aliviar una crisis alimentaria mundial. Sin embargo, un año después Rusia lo rompió unilateralmente alegando incumplimientos por parte de Ucrania y causando graves problemas a 45 países dependientes de estas exportaciones.
De hecho, Moscú no ha tardado en generar, con palabras y hechos, dudas sobre sus verdaderas intenciones respecto al nuevo acuerdo. De entrada, ya ha anunciado que para que el pacto —alcanzado en Arabia Saudí con la intervención de EE UU— entre en vigor deben cumplirse al menos dos condiciones que afectan directamente a las sanciones internacionales impuestas a Rusia a raíz de la agresión a Ucrania: la eliminación de restricciones al comercio agrícola y la reintegración de uno de sus principales bancos en el sistema SWIFT. Acertadamente, la UE recordó ayer que no levantará las sanciones hasta que no se produzca una retirada total de los territorios ucranios ocupados. En paralelo, Rusia ha bombardeado diversas ciudades ucranias tras anunciarse el acuerdo.
El alto el fuego parcial debe ser un primer paso para alcanzar una paz justa y no una oportunidad para la rehabilitación internacional del régimen de Putin sin que haya un cambio real. En esta segunda posibilidad juega un papel importante Donald Trump, que, inexplicablemente, considera en sus declaraciones al presidente ruso como un interlocutor más afín que sus propios aliados de la OTAN.
Así, Rusia podría buscar proyectar una imagen de actor dispuesto al diálogo mientras continúa persiguiendo sus objetivos militares. Es esencial que la comunidad internacional mantenga una postura crítica y vigilante, asegurando que cualquier concesión esté condicionada a acciones concretas y verificables. Todo cese de hostilidades es una buena noticia, pero la experiencia reciente enseña que los acuerdos con Putin requieren de esa vigilancia.
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