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Columna
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Descontentos

El Tribunal Ccnstitucional ha derogado un artículo de la ley de Instituciones Locales que acaba con la discriminación del castellano

Manifestacion por la Ikurriña en Tolosa.
Manifestacion por la Ikurriña en Tolosa.Javier Hernandez Juantegui (EL PAÍS)
Fernando Savater

Decía Julián Marías que es inútil tratar de contentar a los que viven ideológicamente de su descontento. Así pasa con los nacionalistas aquejados de separatismo, los que aseguran ser independentistas. Lo digo con escepticismo, porque independentistas consecuentes he conocido pocos: en cambio muchos gestores de las ideas independentistas, cuyo tinglado se hundiría si llegase la independencia real. Ellos saben que el independentismo trae problemas al Estado y ventajas a quienes saben gestionarlo, mientras que la independencia sería fuente de conflictos para los independizados. Por tanto, seamos encarnizados independentistas pero no vulnerables independientes. Es un teatrillo que exige habilidad escénica, porque hay que protestar contra el Estado invasor, su lengua, su cultura y sus fuerzas del orden, pero sin renunciar a ninguno de los beneficios que constantemente aportan. Estamos humillados y ofendidos, que nadie lo dude, pero aceptamos pagos en metálico, cheques y cualquier trato de favor que nos consiga el afán conciliador de nuestros opresores.

El TC ha derogado un artículo de la ley de Instituciones Locales según el cual no se permitía la comunicación documental en castellano entre miembros de esos consistorios, salvo “alegación válida de desconocimiento del euskera”. O sea, ahora podrán también expresarse en castellano si lo prefieren, aunque sepan euskera. No prohíbe nada ni quita ningún derecho, sino que concede uno nuevo. ¡Ah, pues no quieran saber el coro de enrabietadas protestas que ha levantado entre representantes nacionalistas! “Un ataque inaceptable contra los vascoparlantes”, “un golpe muy duro contra los municipios euskaldunes”, “una evidente falta de respeto de fondo hacia el euskera”... Y todo porque se deja elegir a cada cual entre euskera y castellano, lo que no discrimina a nadie sino que acaba con la discriminación del castellano. Eso es lo que genera descontento.


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