Columna
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Experimento

Haz que suene la trompeta de Miles Davis tocando ‘Las hojas de otoño’ y a esa melodía añade el sabor de un Oporto de reserva en los labios. Con estas dos sensaciones superpuestas se inicia el camino hacia la cumbre

Miles Davis a la trompeta, durante un concierto en Valencia en 1985.
Miles Davis a la trompeta, durante un concierto en Valencia en 1985.JESÚS CISCAR

Del mismo modo que para realizar un guiso excelente se requiere seguir escrupulosamente una receta culinaria muy elaborada, así un gran amor necesita una previa conquista y la altura mística no se consigue sin el sacrificio de la ascética. Se supone que el éxtasis es la cumbre de todos los placeres y para llegar tan alto hasta darle a esa caza alcance, como dice San Juan de la Cruz, es necesario formar con los cinco sentidos corporales, la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato un solo nudo. Es una ascensión muy ardua que, después de una práctica ritual, han realizado con éxito los anacoretas, los sufíes, los místicos cristianos y algunos gurús hindúes muy experimentados. Pero existe una versión laica a disposición de cualquiera que pretenda convertirse en un místico de andar por casa. Si se trata de unificar en un punto los cinco sentidos corporales puedes realizar este experimento. Haz que suene la trompeta de Miles Davis tocando Las hojas de otoño y a esa melodía añade el sabor de un Oporto de reserva en los labios. Con estas dos sensaciones superpuestas se inicia el camino hacia la cumbre. Nada te impide acariciar al mismo tiempo con la yema de los dedos la piel del cuerpo adorable de la pareja que te acompaña en la subida o, en su defecto, es suficiente con el tacto del lino o de la seda de la camisa. Mientras tanto el aroma de la celinda que llega del jardín habrá invadido la habitación por cuya ventana abierta se ve el mar muy azul en el que navega algún velero. Los cinco sentidos corporales como vías del espíritu están colmados. Si consigues unirlos en una sola sensación, el placer hará que la vida se detenga, el pensamiento sucio de deseos habrá desaparecido, incluso olvidarás que existes y por eso mismo te creerás inmortal. Puede que en este caso tu inmortalidad dure lo que dura el solo de trompeta de Miles Davis. Pero, ¿para qué más?

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Sobre la firma

Manuel Vicent

Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

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