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China hierve contra la covid cero

Los jóvenes quieren ser el futuro de su país y creen que no les están dejando. Lo histórico es el sentimiento de orfandad y rabia

Manifestantes contra la política de covid cero, con folios en blanco en la mano, en Pekín.
Manifestantes contra la política de covid cero, con folios en blanco en la mano, en Pekín.MARK R. CRISTINO (EFE)

Lo que está pasando estos días en China es apasionante. No tanto porque la gente se haya manifestado, porque eso lo hacen miles de veces al año, por ejemplo, por sus condiciones laborales, sino porque lo han hecho de manera simultánea en ciudades separadas por miles de kilómetros y con un hilo conductor: sienten que su Gobierno, empecinado en la política de covid cero desde hace casi tres años, ha ido demasiado lejos. Estas protestas son históricas porque los chinos le reprochan al Partido Comunista que está incumpliendo el contrato social. Ellos llevan décadas adaptándose al control con tal de que les dejen prosperar. Ahora ven que su Gobierno, en lugar de ser su trampolín, se ha convertido en su freno.

Si algo angustia a Pekín más que la pandemia es la inestabilidad social. Por eso está dando pasos a toda prisa. Como siempre, a base de palo y zanahoria. Por un lado, el Gobierno de Xi Jinping ha descabezado las protestas con detenciones, censura en Internet y presencia policial. A un mes y medio del Año Nuevo chino, ha mandado a los universitarios que se marchen antes a sus pueblos para evitar que se concentren en los campus. En cuanto a las concesiones, han relajado las restricciones en algunas ciudades y dicen que “fortalecerán” la vacunación de los mayores, aunque está por ver cómo, porque los abuelos siguen sin fiarse. También han reconocido que la información no ha sido suficiente, y que es lógico que la gente esté harta. Aunque la covid cero sigue en la agenda.

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El Partido tiene muy engrasada la represión y por eso las concentraciones no han ido a más. Pero los problemas siguen ahí. La sanidad china no puede atender contagios masivos porque la inversión no ha crecido tan rápido como la economía del país. La población está acostumbrada a sacrificarse por los demás, sin embargo, no es insensible a la irracionalidad. La propaganda repite que estas manifestaciones las han organizado fuerzas extranjeras hostiles, a pesar de que en la calle hemos visto a los chinos corear su himno, que justamente ensalza la liberación nacional. Los jóvenes se desgañitaban pidiendo volver a su vida de siempre porque llevan desde 2020 en un limbo sin hacer planes, enclaustrados en casa, el trabajo o la facultad. La gente no quiere derrocar al sistema, sino hacerle entrar en razón. No entienden por qué Pekín se aferra a su política de covid cero como un elemento de virtud, como si abrir la mano supusiera flaquear, copiar las recetas occidentales. Esos jóvenes quieren ser el futuro de su país y creen que no les están dejando. Este sentimiento de orfandad y rabia es lo que es histórico. @anafuentesf

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Sobre la firma

Ana Fuentes

Periodista. Presenta el podcast 'Hoy en EL PAÍS' y colabora con A vivir que son dos días. Fue corresponsal en París, Pekín y Nueva York. Su libro Hablan los chinos (Penguin, 2012) ganó el Latino Book Awards de no ficción. Se licenció en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y la Sorbona de París, y es máster de Periodismo El País/UAM.

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