Columna
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La cumbre del clima y el suelo de la Amazonia

Lula planea brillar en la COP27, pero los discursos bonitos y los escenarios iluminados no son suficientes, la lucha es sangrienta y tiene lugar a diario sobre el terreno

El jefe Kadjyre, de la etnia Kayapó, mira un sendero abierto por taladores en la Amazonia brasileña, en agosto de 2019.
El jefe Kadjyre, de la etnia Kayapó, mira un sendero abierto por taladores en la Amazonia brasileña, en agosto de 2019.EL PAÍS

Es muy significativo que el primer viaje internacional de Luiz Inácio Lula da Silva sea para participar en la COP27, en Egipto. Aunque la investidura ocurrirá el próximo 1 de enero, en la práctica esta es la primera incursión de Lula como presidente electo. Esta decisión muestra que, en su tercer mandato, finalmente empieza a entender una obviedad: Brasil es hoy la periferia de la Amazonia. Si los principales líderes mundiales se apresuraron a felicitar a Lula por la victoria es porque el país alberga en su territorio el 60% de la mayor selva tropical del planeta. La cuestión es que, por más alivio y racionalidad que Lula devuelva al papel de Brasil en el debate mundial de la crisis climática, el problema sigue siendo el mismo: lo que sucede en el suelo de la Amazonia. Es ahí donde se está decidiendo el futuro.

La violencia se ha agudizado tras las elecciones. El suceso más brutal ocurrió el pasado viernes, cuando unos hombres montados en bicicleta dispararon a un grupo de indígenas yanomamis que se encontraban en las calles de Boa Vista, capital del estado de Roraima. Una indígena, madre de un bebé, murió de un tiro en la cabeza. La Hutukara Asociación Yanomami exige que el delito se investigue como lo que es: un delito de odio.

El territorio de los yanomamis está invadido por unos 20.000 mineros ilegales. Se producen violaciones grupales a mujeres indígenas y hay niños que mueren vomitando lombrices. Pero en la capital más próxima, Boa Vista, el principal monumento es justamente la estatua de un minero, lo cual ilustra la tensión entre la población indígena y la no indígena. Lula se comprometió a acabar con la minería ilegal en la Amazonia. Las balas pueden haber sido la respuesta. Al igual que la destrucción: el mes de las elecciones fue el octubre con más deforestación en la selva desde que hay registros.

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Hay movimientos golpistas por todo Brasil. Pero solo en la Amazonia han llegado al extremo de que un grupo de partidarios de Bolsonaro, que interrumpían una vía pidiendo un golpe de Estado, se enfrenten a tiros a la Policía Federal de Carreteras. Sucedió la semana pasada, en Novo Progresso, que se hizo famosa por organizar en 2019 el Día del Fuego, en el que se alcanzó un récord de incendios criminales coordinados en la selva.

Esto es lo que le espera a Lula cuando empiece de hecho a gobernar. El presidente electo necesitará mucha presión y apoyo internacional para ser capaz de enfrentar las fuerzas que hoy dominan la selva. Los discursos bonitos y los escenarios iluminados no son suficientes, la lucha tiene lugar en el suelo. La COP27 debería realizarse en la Amazonia y otros enclaves de naturaleza, donde el futuro se decide cada día.

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