editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Mucho que celebrar en Fráncfort

El eficaz despliegue de las letras de España en la Feria del Libro alemana marca el rumbo futuro de su internacionalización

El ministro de Cultura, Miquel Iceta, en el pabellón español de la Feria de Fráncfort, el jueves.
El ministro de Cultura, Miquel Iceta, en el pabellón español de la Feria de Fráncfort, el jueves.Borja Sanchez-Trillo (EFE)

Hoy cierra sus puertas la 74ª Feria del Libro de Fráncfort bajo un doble protagonismo: la conciencia de la destrucción civil que padece Ucrania con los bombardeos rusos (y sin sus editores a causa de las sanciones) y la participación de España como país invitado tras el aplazamiento de 2021 por las restricciones de la pandemia. Treinta años después de 1991, la literatura de una de las principales potencias editoriales del mundo ha vuelto a ser protagonista de la feria profesional más importante de la industria de la edición. La España de entonces vivió en Fráncfort la ratificación internacional de los nuevos nombres literarios de la democracia y hoy la España literaria del siglo XXI acude con, y no contra, ese pasado consolidado. Los dos discursos inaugurales estuvieron a cargo de quien fue ya invitado en 1991 como joven y potente escritor, Antonio Muñoz Molina, y de una mujer, Irene Vallejo, que apenas contaba entonces 12 años y hoy es autora de un ensayo de éxito global. El homenaje que se rindió en la Feria a un tótem de la edición literaria del mundo hispánico, Jorge Herralde, puede simbolizar por sí mismo el arco de consolidación de una literatura en democracia desde antes de la llegada efectiva de la democracia y hasta el día de hoy.

El desparpajo y el guiño entusiasta del lema de España en esta feria, “Creatividad desbordante”, enuncian bien la falta de complejos de una literatura que ha ensanchado su rumbo reciente de muchas maneras pero sobre todo de dos: la instalación inequívoca de las escritoras en cualquier género en el centro de la escena literaria y la integración de las literaturas escritas en las lenguas minoritarias de España no como invitadas de cortesía, sino como parte del tronco común de la cultura literaria española. El lema de este Fráncfort —”Traducir. Trasladar. Transformar”— ha cristalizado en el esfuerzo de promoción cultural realizado por las instituciones españolas y autonómicas encabezadas por el Ministerio de Cultura. Han estado presentes cerca de 200 agentes del ecosistema del libro (autores, traductores, diseñadores) junto a 400 editores en torno a un programa de actos que abarca también, a lo largo del año, exposiciones, teatro, ciclos de cine o conciertos. El despliegue realizado ofrece cifras inéditas: se han alcanzado las 450 traducciones al alemán de obras españolas y casi se han duplicado en los últimos dos años las ayudas oficiales a la traducción hasta alcanzar cerca de los tres millones de euros. El respaldo de las administraciones públicas a la literatura en español, catalán, gallego o euskera no puede agotarse en Fráncfort si España quiere aspirar a equiparar sus presupuestos de promoción cultural con los que históricamente han desplegado países como Francia, Alemania, el Reino Unido o incluso Italia. Probablemente, sea la internacionalización de la literatura y la cultura españolas uno de los mejores y más justificados proyectos de Estado.

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