editorial
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Derrotas domésticas de Putin

La resistencia ciudadana a la movilización parcial abre un frente interior al Kremlin tras el repliegue de tropas en Ucrania

Un hombre observa a un grupo de reservistas reclutados en Rusia para la guerra de Ucrania.
Un hombre observa a un grupo de reservistas reclutados en Rusia para la guerra de Ucrania.ALEXEY MALGAVKO (REUTERS)

La guerra ha cambiado de dirección tanto en el campo de batalla como en la misma Rusia de Vladímir Putin. El Kremlin se encuentra hoy con una inusitada respuesta interior, cuando decenas de miles de hombres, no todos ellos jóvenes, están huyendo al extranjero para escapar al reclutamiento forzoso que esconde la declaración de movilización parcial de tropas en la reserva. Proliferan en todas las grandes ciudades las manifestaciones contra la guerra, ataques con cócteles molotov a los centros de reclutamiento e incluso se ha producido uno con arma de fuego. Las protestas y boicots son especialmente intensos en las repúblicas federadas, donde hay minorías, menos protegidas que la población rusa, y sometidas de hecho a una camuflada limpieza étnica.

Putin ha conseguido con sus últimas decisiones la ruptura de un pacto implícito con las clases medias urbanas. A cambio del silencio sobre Ucrania, Putin procuraba que la guerra no les afectara en su vida cotidiana y sobre todo en su economía, hasta el punto de mantener el eufemismo de una operación técnico-militar. La severa derrota sufrida en Járkov le ha obligado ahora a una movilización parcial para disponer, literalmente, de carne de cañón suficiente para sostener la contraofensiva del ejército ucranio, una decisión que debería implicar la explícita declaración de guerra. Ni siquiera se trata de disponer de tropas de refresco para recuperar el territorio perdido, sino únicamente evitar que el territorio que todavía se halla en manos rusas quede desguarnecido.

El reclutamiento de mercenarios y de presidiarios a cambio de indultos ya no da más de sí. Putin ha elegido un camino aparentemente intermedio con la voluntad de obtener el mismo resultado, es decir, disponer de 300.000 hombres en los próximos meses. Ese contingente no queda garantizado con la llamada a filas de los reservistas con experiencia en combate, y le está obligando a reclutar indiscriminadamente a jóvenes sin experiencia militar, a hombres cuya edad supera la de la reserva e incluso a enfermos. La población susceptible de ser convocada a filas puede estar en torno a los 1,2 millones de hombres.

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Aunque la presión del reclutamiento es tanto más intensa cuanto más alejada de las grandes ciudades y más carente de influencias en la Administración y desprotegida es la población, al final la llamada a filas está produciendo un efecto de desbandada y de deserción generalizada que constituye para Putin una nueva derrota, esta interna, y un mensaje profundamente desmoralizador para sus partidarios. Rusia también es víctima de la guerra de Putin. La estampida que está llevando a los rusos al exilio tendrá efectos negativos en la economía y, por supuesto, en la vitalidad de la sociedad, cada vez más empobrecida en cuadros técnicos, universitarios e intelectuales.

La resistencia ciudadana que vive hoy Putin puede hacerlo más peligroso también. No es extraño que el eventual uso del arma nuclear de un presidente acorralado se haya convertido en un elemento central de la conversación mundial sobre Ucrania. La anexión de las cuatro provincias ucranias donde se ha escenificado la farsa de los referendos de autodeterminación podría ser el paso previo. Estas decisiones son parte también de la prepotencia intimidatoria de quien gobierna actualmente en Moscú. Los aliados de Kiev no debieran dejarse amedrentar por las amenazas, pero tampoco caer en la demonización de la entera población rusa, hasta el punto de cerrar las fronteras a quienes buscan asilo político en los países vecinos y dificultan a la vez la artera maniobra del falso reclutamiento parcial de Putin.


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