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Columna
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Negacionista

En su libro ‘Unsettled?’, una introducción a la ecología no histérica, el físico Steven E. Koonin niega que pueda existir un consenso científico sobre el clima por la poca fiabilidad de los modelos predictivos

Un termómetro marca 35 grados en una calle de Reinosa (Cantabria).
Un termómetro marca 35 grados en una calle de Reinosa (Cantabria).Pedro Puente Hoyos (EFE)
Fernando Savater

“Yo nací ―¡respetadme!― con el cine”, proclamó Alberti. Pues bien, acabo de descubrir que yo nací con el cambio climático, también un hito señero. Aunque no se molesten en respetarme por eso... En agosto, leí una sección de mi diario local titulada La calle de la memoria dedicada a 1947, el año en que nací (y Salman Rushdie, que me lleva dos días). Aquel verano en San Sebastián se alcanzaron los 36,6 grados a la sombra, 40 en la plaza Guipúzcoa, 43 en la Avenida y ¡53! en Miraconcha. En las casas hubo cortes de agua de cuatro a nueve de la tarde y de doce a ocho de la mañana. También recordaba que en 1898 hizo 35,4 a la sombra y 37,6 en 1899, pero preferí no seguir leyendo. ¡Con lo emocionado que estaba yo creyendo que el calentamiento global era cosa de ahora y resulta que viene por lo menos de cuando estaba en la cuna! Entonces recordé que en mi tierna juventud, en 1972, el respetado Club de Roma anunció entre varias catástrofes que en el 2000 se acabaría el petróleo y va a ser que no. De momento voy a temblar un poco menos por el clima y los recursos naturales... Como dijo Víctor Hugo: “¿El fin del mundo? Eso ya ha pasado muchas veces”.

¿Negacionista? No mucho más que Steven E. Koonin, que no es un terraplanista sino exsubsecretario científico del Departamento de Energía con Obama. En su libro Unsettled?, una introducción a la ecología no histérica, niega que pueda existir un consenso científico sobre el clima por la poca fiabilidad de los modelos predictivos. En todo caso, los apocalípticos que predican el decrecimiento energético son fanáticos, no ilustrados, porque el desarrollo industrial es imprescindible para mejorar la vida humana y luchar contra la miseria. Los males que trae el progreso (los reales, no los inventados) sólo pueden remediarse progresando mejor. Habrá que considerar costes y beneficios, no llorar por los osos polares. Y adaptarnos a lo que venga... Lo digo con animosidad, como Yolanda Díaz.

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