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Italia: la crisis de los escorpiones

Desde la perspectiva de los actores políticos individuales, todo lo que está sucediendo es comprensible; los partidos populistas hacen lo que les dicta su naturaleza, como en la fábula clásica

Mario Draghi, en el Senado de Italia, tras confirmar su dimisión este jueves.
Mario Draghi, en el Senado de Italia, tras confirmar su dimisión este jueves.FABIO FRUSTACI (AFP)

Para limitar la inestabilidad política y hacer frente a la pandemia y a la crisis económica, pero también para aprovechar la oportunidad del fondo masivo de recuperación Next Generation EU, en febrero de 2021 el presidente de la República italiana pidió a Mario Draghi que encabezara un Gobierno de unidad nacional, que solo rehuyó el grupo de extrema derecha Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni.

Sin embargo, las elecciones locales de mayo señalaron un fuerte retroceso electoral tanto de la Liga como del Movimiento 5 Estrellas. Los dos partidos, que crecieron sobre un mensaje populista y antisistema, han sufrido el apoyo que dieron al expresidente del Banco Central Europeo, considerado hasta hace poco como el origen de todos los males. La Liga ha perdido apoyos a favor de Hermanos de Italia, que en los sondeos se ha convertido en el primer partido italiano; el Movimiento 5 Estrellas, en cambio, se los ha cedido a la abstención. A pocos meses del fin natural de la legislatura —marzo de 2023—, ambos partidos han empezado a desmarcarse del abrazo del Gobierno de Draghi, que desdibujaba su identidad y empañaba su mensaje de protesta. El Movimiento 5 Estrellas pagó un precio, ya que se produjo una fractura entre el ala filogubernamental del ministro de Exteriores, Luigi Di Maio, y la de oposición encabezada por Giuseppe Conte.

De hecho, el Movimiento 5 Estrellas abrió la crisis y la Liga la ha cerrado, aprovechando la ocasión para volver a las elecciones. En efecto, el pasado 14 de julio, el Movimiento 5 estrellas no votó la aprobación solicitada por el Gobierno de un decreto que, junto a importantes medidas de apoyo a familias y empresas, contenía también una medida muy criticada: la construcción de una planta procesadora de basura en Roma, una ciudad que lleva años sobrecargada de residuos. El primer ministro comprendió inmediatamente las consecuencias, y presentó su dimisión al presidente de la República. Este la rechazó, pidiéndole que volviera al Parlamento para comprobar si era posible una mayoría.

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Y eso es lo que ocurrió el miércoles 20. Draghi pronunció un discurso decidido, reivindicando sus éxitos, pero constatando también el clima de división entre las fuerzas políticas y los objetivos aún por alcanzar. Después llamó la atención sobre la fuerte demanda de continuidad y cohesión política que emana del país. En un sondeo reciente, dos tercios de los italianos se pronunciaron en contra de las elecciones anticipadas. Además, más de 2.000 alcaldes y numerosos representantes de entidades y organizaciones representativas enviaron al Gobierno una solicitud urgente de continuidad para completar el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR).

Al final de su discurso, Draghi lanzó un mensaje alto y claro. El país no necesita una “confianza de fachada”, afirmó, sino la revitalización de “un nuevo pacto de confianza, sincero y concreto”. En un momento de gran intensidad, preguntó a los partidos mayoritarios cuatro veces: “¿Están listos para reconstruir este pacto?”. No lo estuvieron.

De modo que Draghi ha dimitido. Italia celebrará elecciones en otoño. ¿Por qué esta crisis? Las causas más remotas están ligadas a la presencia de una mayoría de fuerzas políticas populistas, debida al declive económico y al aumento de la desigualdad que dura desde hace más de 20 años.

Por otro lado, las causas más próximas están relacionadas con la oportunidad percibida por la coalición de centroderecha (incluyendo a Meloni) de ganar fácilmente en unas elecciones anticipadas, frente a una coalición de centroizquierda (PD + M5E y otras formaciones) desgarrada por la crisis. De hecho, el Partido Democrático apoyó firmemente al Gobierno de Draghi y le otorgó su confianza. El Movimiento 5 Estrellas, en cambio, se ha dado cuenta de que, presentándose como parte del Gobierno de unidad nacional, en marzo se enfrentaría a una debacle electoral segura. No está claro que esta derrota no se vaya a producir de todas formas, pero quién sabe si, al retomar el estilo protesta, el Movimiento 5 Estrellas es capaz de recuperar algunos apoyos.

Desde la perspectiva de los actores políticos individuales, por lo tanto, todo lo que está sucediendo es comprensible. Sin embargo, desde el punto de vista colectivo, estas “racionalidades individuales” producen efectos no deseados. Se reabre una época en la que el interés partidista predominará sobre la responsabilidad nacional. Que de ello se derive un bien para Italia está aún por demostrar. Los partidos populistas han retomado su trabajo. Está en su naturaleza. Como en la fábula de Esopo, donde el escorpión pica a la rana que le ayuda a cruzar el río, condenándose a ahogarse.

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