Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Mala gente que camina

Un diputado llama “Führer” a Sánchez, una periodista ofende a las víctimas de Gernika, un aristócrata se forra con el virus

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, interviene telemáticamente en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, el 5 de abril.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, interviene telemáticamente en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, el 5 de abril.Europa Press

Supongo que verían el vídeo en su momento. Un hombre asiste desde las gradas a un partido de béisbol. Sostiene a su bebé con un brazo. En la mano contraria, un vaso de plástico con un líquido que parece cerveza. De pronto, observa que la pelota ha sido bateada con fuerza y viene hacia su posición. ¿Qué hace? O mejor, ¿qué haría usted? ¿Proteger a su hijo pequeño del posible pelotazo? ¿Apartarse y dejar que el espectador que está a su lado con un guante de béisbol atrape la pelota? ¿Tirar la cerveza e intentar cogerla con la mano libre? Si no hace nada de esto y sí lo que hizo aquel padre —soltar al niño y atrapar la pelota mientras procuraba que no se derramase la cerveza—, enhorabuena: se ha comportado usted como algunos de los diputados españoles tras la comparecencia del presidente Zelenski en el Congreso.

Era una oportunidad de oro para estar por una vez unidos, aunque solo fuera por ver qué se siente, y también por respeto al presidente de un país que está siendo masacrado. Pero no. Tampoco esta vez fue posible. Lo lógico —y, sobre todo, lo decente— hubiese sido escuchar con respeto a Zelenski, hacerle sentir el afecto de los españoles hacia su pueblo, y, al día siguiente, volver cada uno a sus afanes, al Gobierno o a la oposición, todos de forma seria y responsable, como pide la situación. Pero resultó que Zelenski —que hablaba desde un búnker, cerca de calles sembradas con los cadáveres de sus conciudadanos— comparó la situación de Ucrania con el bombardeo de Gernika, y ahí algunos diputados —y también algunos periodistas— reaccionaron de la misma manera que aquel aficionado al béisbol pasado de cañas: la pelota viene directa hacia ti, la grada te mira, sostienes al niño con una mano y la cerveza con la otra...

Sí, hicieron eso. El ridículo. Otra vez tomaron la decisión equivocada. Santiago Abascal, que de nuevo faltó este miércoles a la sesión de control, escribió una ristra de tuits en los que afea a Zelenski la alusión a Gernika, añade que “quizá habría sido más acertado hablar de Paracuellos” y le envía una versión de la historia de España por si puede echarle un vistazo entre bomba y bomba. Mientras, y ya que el jefe no estaba, el diputado de su grupo José María Sánchez García se subía a la tribuna para llamar “Führer” a Pedro Sánchez y “alumno de Goebbels” al ministro Félix Bolaños, así, tan tranquilo, sin que la diputada popular Ana Pastor, que estaba presidiendo el debate, lo llamara al orden.

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Me había asomado por la mañana a Twitter con la intención de encontrar alguna historia distinta, algo que se saliera del ruido habitual, pero el aire tabernario que demasiadas veces se escapa del Congreso los miércoles termina contaminando todas las conversaciones. Es difícil calificar a alguien que se atreve a comparar con Hitler al presidente de un Gobierno democrático, como tampoco se entiende que una periodista diga, desde un programa de televisión, algo así a propósito de Gernika, donde en 1937 aviones alemanes e italianos bombardearon a los civiles, mujeres y niños en su mayoría:

—Ni el que bombardeaba era tan malo, ni los bombardeados eran tan buenos.

Lo dijo la periodista María Jamardo en Telecinco, y el tuit con sus declaraciones se hizo viral porque hubo muchos que se llevaron las manos a la cabeza y no pocos que la apoyaron. El ruido que provocan las declaraciones más abyectas lo ocupa todo, mientras en la oscuridad un joven aristócrata llamado Luis Medina Abascal y su socio se compran yates y coches de lujo con los millones de euros de comisión que obtuvieron de la venta, en plena pandemia, de mascarillas defectuosas. Lo dejó escrito el poeta: “Mala gente que camina y va apestando la tierra”.


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