Columna
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Divinidad

Palabras como “ultraderecha” o “genocidio” y la más común entre el vulgo, “facha”, adormecen el cerebro de los bobos y zanjan todo raciocinio

Los piquetes en el asfalto de la carretera para cortar la A-6 en ambos sentidos a la altura de Guitiriz, el pasado 18 de marzo, Lugo, Galicia (España).
Los piquetes en el asfalto de la carretera para cortar la A-6 en ambos sentidos a la altura de Guitiriz, el pasado 18 de marzo, Lugo, Galicia (España).Carlos Castro (Europa Press)

Me ha parecido prodigioso que Vladímir Putin haya declarado, ante las masas reunidas por decenas de miles en un coliseo, que la guerra de Ucrania tiene como finalidad “evitar un genocidio”. Doy por cierto que no se refiere al genocidio que está llevando a cabo en Ucrania, sino a un genocidio en abstracto: usa la palabra sagrada que sobrecoge a la gente sencilla. Así que, una de dos, o bien Putin está persuadido de la ignorancia supina de su pueblo, o bien lo desprecia, o ambas. Tener por necio a tu votante da una idea del valor que se concede al voto, pero también del valor que el dirigente concede a sus propias ideas.

Así sucede también con esa cascada de autoridades que acusan a los camioneros en huelga de ser “ultraderechistas” (R. Sánchez, I. Rodríguez) o, con mayor desparpajo aún, “de ayudar a Putin” (M. J. Montero). Asombroso. Todos sabemos que los de Putin, los del “no a la guerra”, pertenecen a su Gobierno. ¿Son las ministras quienes jalean la huelga de camioneros para ayudar a Putin? No es verosímil. Una vez más se trata del uso de la palabra divina “ultraderecha” para adormecer a los beocios.

Se recordará que Valle Inclán en la extraordinaria Divinas palabras apunta justamente a eso. Al final de la obra, las hordas brutales se dirigen amenazadoras hacia el sacristán y comienzan a arrojarle piedras. El sacristán, entonces, “bizcando los ojos sobre el misal abierto”, recita en latín las divinas palabras: Qui sine peccato est vestrûm, primus in illa lapidem mittat. De inmediato la plebe se apacigua e inclina la testuz: “Las viejas almas infantiles respiran un aroma de vida eterna”, dice Valle, y cesa el acoso. Ese es el uso vicioso de palabras divinas como “ultraderecha” o “genocidio” y la más común entre el vulgo, que es “facha”. Palabras divinas que adormecen el cerebro de los bobos y zanjan todo raciocinio.

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Sobre la firma

Félix de Azúa

Nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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