EDITORIAL
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Recoser Perú

El nuevo presidente debe gobernar con el objetivo de estabilizar y serenar el país

Pedro Castillo y Dina Boluarte, ante decenas de sus simpatizantes tras de recibir las credenciales de sus cargos en Lima (Perú). En vídeo, Castillo se convierte en presidente de Perú. FOTO: STRINGER / EFE / VÍDEO: AGENCIAS

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Pedro Castillo tomó posesión como nuevo presidente de Perú después de una campaña y unas elecciones que han agudizado la polarización y los ya de por sí constantes vaivenes del país andino en los últimos años. Recuperar por tanto la estabilidad del país, golpeado duramente por la pandemia y que atraviesa una profunda crisis económica, debe ser el objetivo principal a corto plazo del nuevo mandatario y a ello tiene que contribuir también toda la oposición.

Las primeras señales que ha dado Castillo son, sin embargo, un tanto confusas. El presidente decidió a última hora, poco antes de la toma de posesión, aplazar el nombramiento de su Gabinete y de su número dos, previsto para este miércoles, fecha además simbólica por celebrarse el bicentenario de la independencia del país andino. Es indudable que Castillo está recibiendo fuertes presiones del líder de su partido, Vladimir Cerrón. Mantener una independencia de Cerrón, que, a diferencia de Castillo, no ha moderado sus mensajes radicales, marcará a buen seguro el rumbo del próximo Gobierno. En materia social, preocupan las contradicciones y la ambigüedad que ha asomado sobre la igualdad de género y los derechos LGTBI.

En su primer discurso, hizo hincapié en la necesidad de fortalecer el acceso a la sanidad de todos los peruanos. El nuevo presidente tiene ante sí un reto mayúsculo. Perú ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia en América Latina, hasta convertirse en el de mayor número de muertos por habitante del mundo. Si bien gracias a la labor de Francisco Sagasti, quien ha ejercido la presidencia de forma notable durante los últimos meses, se ha podido llevar a cabo un proceso de vacunación digno, queda mucho camino por recorrer. Al igual que en todo el mundo, la pandemia ha sacudido a la economía, hasta el punto de incrementar un 10% la pobreza. Hizo bien Castillo en recalcar durante su primera intervención que no tomará ninguna medida que espante las inversiones ni estatizará la economía. Incrementar el presupuesto con un nuevo impuesto a las mineras, como pretende el futuro ministro de Economía, se antoja complicado en la medida en que requerirá una negociación con los empresarios mineros, que apoyaron incondicionalmente a Keiko Fujimori en la campaña y después de la votación en sus denuncias de fraude.

El presidente de Perú, Pedro Castillo, durante su saludo protocolario con las autoridades. En vídeo, el Perú de Castillo en cinco preguntas. FOTO: CONGRESO DE PERÚ / EFE / VÍDEO: EPV

Coser un país profundamente dividido tras las elecciones, que dejaron acusaciones de engaño no probadas por parte de Fujimori, debe ser también uno de los objetivos a corto plazo de Pedro Castillo, que ha logrado un triunfo legítimo, reconocido internacionalmente, como se constató con la presencia de diversas autoridades, entre ellas el Rey de España.

Pese al encono generado por la oposición derechista, Castillo ha de dar muestras también de que quiere un acercamiento y de que gobernará sin la venganza ni el revanchismo que promulgan algunos de sus fieles, con la mira puesta en todo el país, también en los que le dieron la espalda. A ellos les tocará asumir y respetar que, justo en el bicentenario de Perú, un maestro rural se convirtió con toda legitimidad en presidente de un país que, históricamente, ha marginado a sectores que él representa.

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