Tribuna
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Cuidado con el calentamiento global y las medias aritméticas

Los valores medios son un instrumento estadístico poco significativo a la hora de explicar el cambio climático, y un desastre para comunicarlo

Fotografía del lecho seco del Lago Mendocino, el pasado día 22 de junio, en Ukiah (Estados Unidos).
Fotografía del lecho seco del Lago Mendocino, el pasado día 22 de junio, en Ukiah (Estados Unidos).JOHN G. MABANGLO (EFE)

La idea de que la temperatura de la tierra pudiera aumentar dos grados no ofrece ni un pálido reflejo del horror que eso podría significar en lo que a extremos meteorológicos y sus repercusiones para la vida humana se refiere. Entonces, ¿por qué seguimos hablando de medias aritméticas?

La causa del cambio climático es el aumento de las temperaturas del planeta, no una media aritmética. El promedio es un valor estadístico como tantos otros. A veces, es incluso un constructo social. Medimos su valor porque podemos, porque es sencillo y, en ocasiones, porque permite manipular la visión de las cosas.

Una media no es causa de nada. Si queremos que la gente entienda el impacto del cambio climático, lo peor que podemos hacer es empezar por referirnos a un aumento medio de las temperaturas de dos grados. Los expertos utilizan los promedios y otros valores estadísticos para entender conjuntos complejos de datos. Pero cuando se habla de cambio climático dirigiéndose a la opinión pública, hay que centrarse en los extremos, no en las medias: altas temperaturas, inundaciones, tormentas y sequías. Recuerdo que en una ocasión un columnista de un periódico cavilaba que un aumento de dos grados en la temperatura del planeta sería bastante bueno para Reino Unido, una afirmación incorrecta incluso en su propio planteamiento. En Reino Unido, ese aumento traería consigo inundaciones y desplazamientos masivos. Los promedios son para los tontos.

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La semana pasada en el oeste de Canadá la gente murió no porque hubiese aumentado la temperatura media, sino porque aumentaron las temperaturas reales. El máximo alcanzado esos días en Columbia Británica fue de 49,6 grados centígrados, el valor local más alto registrado nunca con una diferencia de varios grados. Los meteorólogos lo atribuyen a un bloqueo en omega sobre el noroeste de Estados Unidos y el sureste de Canadá, llamado así porque la forma de las isobaras se parece a la letra griega omega. El calor desencadenó tormentas convectivas, caracterizadas por fuertes vientos y ausencia de lluvia. Las altísimas temperaturas y los vientos extremos provocaron gigantescos incendios forestales este fin de semana. El clima riguroso engendra clima riguroso. Eso es el cambio climático, y eso es lo que hay que medir. En comparación, la temperatura media en Canadá este año es un valor estadístico irrelevante.

El problema con las estadísticas, especialmente en el debate político sobre asuntos como el cambio climático, no es que se mienta a propósito. Eso también ocurre, como recoge el famoso libro Lies, damned lies and statistics [Mentiras, malditas mentiras y estadísticas]. Creo que la mayoría de las personas que se remiten a las estadísticas lo hacen de buena fe. Su error consiste en no saber lo que están haciendo y en construir complejos argumentos sobre la base de unos datos endebles y unas estadísticas que no significan nada. Entre los peores infractores se encuentran los economistas y los analistas políticos. Armados con un curso de estadística para principiantes, estos pseudoexpertos en aritmética son especialmente propensos al fenómeno de recoger la basura que se ha sembrado.

Después del referéndum del Brexit solía citar un ejemplo de diferencia entre dos estadísticas. Una era la utilizada por los economistas, referida a los ingresos medios en Reino Unido, que habían aumentado en los años que precedieron a la salida de la Unión Europea. La otra era la utilizada por los sociólogos, y hacía referencia a la renta disponible de los hogares desglosada por deciles de la población clasificados en una escala de ingresos. Esta última mostraba que solo la situación de los muy pobres y de los muy ricos había mejorado. El grupo intermedio -el que se encontraba en la mitad de la escala de ingresos- había experimentado un descenso de la renta disponible durante la década anterior. Por supuesto, el cálculo estadístico no es la única explicación, pero evita que nos quedemos atascados en un mundo de color de rosa en el que la media indica que todo va bien.

La inflación también es una media aritmética. Los bancos centrales tienen buenas razones para estabilizar la tasa media en vez del precio de las fresas. Pero siempre se ven en apuros debido a la volatilidad de algunos precios. Por eso los expertos utilizan valores como la inflación subyacente. Y deben hacerlo. La media es un valor muy mediocre. A veces resulta útil, pero cuando más necesaria es, es probable que no refleje lo que uno necesita saber.

En el cambio climático, el problema de las temperaturas cada vez más altas son los efectos dinámicos. Lo que ocurre es que el aumento de las temperaturas interactúa con un complejo sistema dinámico que crea efectos dominó. La consecuencia serán temperaturas extremas, sequías, falta de agua en algunas zonas de la tierra, lluvias extremas y sequías en otras, reducción de la biodiversidad, y daños a gran escala en nuestros océanos.

La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha registrado un aumento de un 83% en el número de catástrofes naturales desde el periodo de 20 años 1980-1999 hasta el de 2000-2019. Las grandes inundaciones se han duplicado, y ha habido un 40% más de tormentas extremas. Pues esto es lo que yo llamo valores estadísticos. Siguen sin decirme todo lo que necesito saber, como por ejemplo, si la fluctuación entre ambos periodos es mayor que entre periodos anteriores.

Más nos vale que empecemos a contar los episodios en sí, y no depositar nuestra confianza en las estadísticas que los convierten en una media aritmética.

Wolfgang Münchau es director de www.eurointelligence.com

Traducción de News Clips.

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