Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Y ahora, ¿qué demonios hacemos con los comunistas?

Se dictan disyuntivas burlonas referidas a aquellos cuya ideología forma parte de la lógica democrática y cuyos representantes fueron llamados a construir el Estado

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, antes de una rueda de prensa en la Real Casa de Correos.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, antes de una rueda de prensa en la Real Casa de Correos.EUROPA PRESS/E. Parra. POOL - Eu (Europa Press)

En el mismo edificio en el que el escribano habitual de la presidenta Ayuso, y desde ahora también del presidente Casado, se inventó la guerra entre comunismo (antes socialismo) y libertad, comunistas de distintas décadas de la larga dictadura fueron torturados o asesinados por ser comunistas. Los comunistas, los condenados, los represaliados, los asesinados, a veces siendo empujados al abismo o tras ser insultados por ser considerados rojos sin haberlo sido, fueron apestados en la dictadura y algunos escaparon de la muerte porque benefactores del interior (que no eran comunistas) se revolvieron contra la persecución ordenada por policías que bañaron de sangre las órdenes exageradas. Eran comunistas, debían pagar por ello. No hubo piedad. Aquello que pidió Azaña, migajas de las que se regalan al final de la misa, se les negó a miles de comunistas (y de socialistas, y de republicanos en general) durante el tránsito oscuro de la dictadura.

Ahora, en aquella residencia del horror, y del dolor, se dictan en democracia disyuntivas burlonas que otra vez se refieren a aquellos cuya ideología, desde hace más de 40 años, forma parte de la lógica democrática y cuyos representantes míticos fueron llamados desde el ominoso exilio a formar parte de la construcción del Estado que surgió de la Constitución con la que se llenan la boca quienes ahora avalan el exabrupto disyuntivo de comunismo o libertad. Son los constitucionalistas de la nada, que los perdone la Santa Constitución.

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Es imposible que no le haya dicho alguien (en su familia incluso, y no solo en su familia política) a esta mujer que preside Madrid que entre esos comunistas que ella selecciona para poner la miel de la revancha en las bocas de Vox hay profesores, médicos, maestros, dependientes de comercio, catedráticos de Universidad, torturados o descendientes de torturados o de asesinados de ETA, soldados, perseguidos por el antiguo régimen opresor, enfermos, lisiados de guerra, descendientes, por ejemplo, de los militares muertos en el Yak de funesta memoria, sacerdotes, monjas, diplomáticos, panaderos, asmáticos o incluso periodistas. Se lo han dicho, seguramente, pero ella, y el Miguel Ángel de la guarda que la ampara con las bravatas de eslóganes falaces, tienen paraguas rojigualdas que su partido saca a pasear siempre que huele sangre electoral.

Los que son comunistas levantarán la mano, seguramente, asustados de que el espantajo surja de nuevo y, desde el lugar que fue mazmorra, como si en este país hubiera ansiedad por ser peores de lo que ya fuimos cuando para ser considerado patriota verdadero había que tener carnet de anticomunista. Es de esperar que Isabel Díaz Ayuso termine diciendo que le ha dicho su ángel de la guarda que es pecado echar a pelear otra vez a los españoles que, con la Constitución, volvieron a abrazar la ilusión de ser libres para ser lo que les diera la gana. Pues, si no es así, ¿qué demonios pretende hacer Ayuso con los comunistas que viven en su país? ¿Terminará poniéndolos a votar cara al sol?

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