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La trola de Lola Flores con ‘The New York Times’

La célebre frase “ni canta ni baila, no se la pierdan” se sigue adjudicando erróneamente al diario estadounidense

Lola Flores, en 1994.
Lola Flores, en 1994.Gorka Lejarcegi

No hay quizás un periódico en España que no haya publicado alguna vez que The New York Times (NYT) difundió esto con motivo de una actuación de Lola Flores en la Gran Manzana: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. EL PAÍS lo ha recogido en reiteradas ocasiones. La última, el mes pasado. Se trata, se decía en el texto, de una “archiconocida” frase sobre la artista española. Sí, tan archiconocida como falsa. El lector Ángel Redondo me alertó del fiasco y he seguido la pista.

El excelente buscador del NYT facilita la localización de cualquier referencia en su centenaria colección. Hay solo tres menciones a Lola Flores: un breve en una lista de nueve espectáculos en el Calendario de la semana para anunciar una actuación suya en el Teatro San Juan (1 de noviembre de 1953); una crítica sobre un espectáculo de Frank Moore titulado Crankhouse en el que sonaban músicas de Peggy Lee, Abe Burrows y “Lola Flores, una artista española de flamenco” (3 de junio de 1988); y la necrológica de La Faraona, titulada Lola Flores, 72, Spain´s definitive flamenco singer, (insuperable cantante de flamenco) (17 de mayo de 1995). No hay más.

Pues bien, según unos periódicos, la famosa crítica apareció en el NYT en 1953 y, según otros, como EL PAÍS ahora, fue en 1979 “cuando un crítico de The New York Times escribe la archiconocida sentencia que resume ese valor intangible que hizo de Lola Flores una artista única e irrepetible”. Ni en 1953 ni en 1979. Nunca.

La paparrucha, sin embargo, ha hecho furor y varios medios la usaron como titular –Lola Flores, la artista española que ‘ni cantaba ni bailaba’– a raíz de un teletipo de Efe distribuido el 21 de enero de 2016. Wikipedia lo incluye en la biografía de Flores y, para sustentar el bulo, se remite a un artículo de 2013 de Alboreá, la Revista del Instituto Andaluz del Flamenco, editada por la Junta de Andalucía, que reproduce la falsa historia.

EL PAÍS ha puesto la anécdota más que en duda al menos dos veces. En noviembre de 2016, Diego A. Manrique, crítico musical de EL PAÍS, escribió: “El mensaje es ingenioso y contundente, así que decidí buscar el texto original. Gran chasco”. En junio del año pasado, insistió en lo mismo Francisco Peregil en El País Semanal.

Ángel Redondo ha recordado ahora la columna de Manrique: “Podemos deducir”, me escribió el lector, “que dicha crítica musical (del NYT) nunca existió o, al menos, ninguno de los muchos que la han citado ha logrado mostrarla”. El lector Jaime García también recordó ese escrito de Manrique en la zona de Comentarios de la web de EL PAÍS: “Seguimos con la matraca, aunque no se compadezca con la realidad”.

Lo corrobora una experta en la materia. La catedrática Cristina Cruces Roldán, de la Universidad de Sevilla, ha respondido por correo: “Se trata de una de esas muchas mentiras tan bien traídas que merecería la pena que fueran ciertas. Es mentira, seguro”. Cruces Roldán fue distinguida en noviembre con el IV Premio de Investigación del Flamenco Ciudad de Jerez. ¿Cómo se titula su trabajo premiado? “Ni canta… ¿ni baila? El baile flamenco de Lola Flores en la cinematografía de la hispanidad (1953-1956)”.

Tras conocer las quejas de los lectores, la autora de la reciente información de EL PAÍS asume el desliz: “Esa cita pertenece a la familia de citas apócrifas que conviene remarcar como tal; nunca fue un titular textual publicado en The New York Times. El gran Carlos Cano la usaba mucho para referirse al arte inigualable y singular de La Faraona y mucha gente la ha asumido como original de Lola Flores. No obstante, los lectores tienen toda la razón”.

Lo ocurrido con este bulo no es solo una anécdota. Al contrario. ¿Cómo es posible que se haya publicado tantas veces sin ninguna comprobación previa? ¿Quién copió a quién en esta cadena sin fin? Manrique comenta ahora que “aceptar tan rápido cosas como esa dice mucho de nosotros”. Sí, y nos ocurre por incumplir una doble norma básica del oficio: confirmar antes de publicar y citar el origen de las informaciones.

El artículo del mes pasado de EL PAÍS incluía también esta… sorpresa: “Lola Flores fue un volcán que llegó a provocar grandes crisis en clubes de fútbol como el Barça por su relación con Biosca (cuentan que el día que el futbolista la dejó se colocó un lazo negro en el pubis para escenificar el duelo)”. ¿Cuentan? ¿Quiénes? ¿Dónde y cuándo? El lector, dice el Libro de estilo, tiene derecho a saberlo. ¿Se lo achacaremos también algún día a The New York Times? Ya puestos…

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