COLUMNA
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El fin del Plan Casado

Los populares van a vender Génova escapando de sus demonios, aparentemente sin saber que vayan donde vayan les estarán esperando esos demonios

Sede nacional del Partido Popular en la calle Génova, 13.
Sede nacional del Partido Popular en la calle Génova, 13.VÍCTOR SAINZ

La Contrafoto de Colón. Así estaba diseñado, en vísperas de Navidad, el plan del equipo de Casado para encarar 2021, después de maniobrar en el último trimestre de 2020 para alejarse de Vox tras la moción de censura de Abascal. Asumida la premisa de que el éxito electoral pasaba por bascular a posiciones moderadas, donde están las mayorías, se había impuesto la convicción de que una mayoría Frankenstein con el BOE sólo podía ser una bomba de espoleta retardada que antes o después le estallaría a Sánchez. A medida que Iglesias tensaba proclamando la nueva mayoría con ERC+Bildu y cuestionando las instituciones del Estado y la democracia misma, ganaba entidad el plan de la Contrafoto de Colón... en definitiva se trataba de copiarle a Sánchez el original de la Foto de Colón de 2019, ahora dos años atrás, cuando Sánchez vio claro que era el momento de convocar elecciones bajo la sombra amenazante de la extrema derecha. Invirtiendo aquello, el Plan Casado pasaba por la imagen amenazante de Sánchez en tándem con Iglesias integrando a Rufián y Bildu.

La idea, sobre el papel, parecía tener sentido pero la realidad ha arrasado las expectativas. Entre Bárcenas y Cataluña, entre sus torpezas en la pandemia y la presión de Vox, en el PP empiezan a tomar conciencia de la medida del roto. Cómo no será la cosa como para no rentabilizar siquiera las provocaciones de Iglesias contra los intereses de España o sus ataques contra los medios, tampoco sus coqueteos abertzales o con la autodeterminación patrocinada por la burguesía catalana, o los excesos de la nomenclatura de Podemos jaleando la violencia callejera en nombre de la libertad de expresión para un tipo salvaje que acumula condenas... Ni por esas. El lastre del PP les impide tomar altura. Y Sánchez sigue manejando los tiempos, tolerando a Iglesias, a sabiendas de que este fortalece Vox, y Vox le fortalece a él; algo semejante, aunque más sofisticado, a lo que ensayó Rajoy en 2015 fortaleciendo a Podemos para evitar que el PSOE creciera como alternativa.

En Génova estaban persuadidos de que la fórmula de un Frankenstein Agravado con Bildu dentro, e Iglesias en el rol de fixer, erosionaría sí o sí al Gobierno en un proceso que acabaría por llevar al PP al poder.... pero de momento ellos van a vender Génova escapando de sus demonios, aparentemente sin saber, como en la leyenda persa de la Muerte en Samarcanda, que vayan donde vayan les estarán esperando esos demonios. Casado parece creer que al salir el último y apagar la luz dejará atrás la herencia para la que ha dictado omertá; pero más vale que vaya pensando si las siglas pueden sobrevivir a la mudanza. En estos traslados rara vez llega todo lo que se embala; y no es descartable que acabe perdiéndose el logo. Lo que sobrevivió al chapapote del Prestige, podría no superar la marea negra de Bárcenas. Y todo sea que no desaparezca por el camino Casado.

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