Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Hora de acelerar

España avanza en el camino hacia la igualdad de género, pero el ritmo es demasiado lento y la pandemia puede frenarlo aún más

Trabajadora del Servicio Andaluz de Teleasistencia.
Trabajadora del Servicio Andaluz de Teleasistencia.Europa Press

El último examen sobre el avance de la igualdad entre mujeres y hombres en la UE muestra el largo camino que aún queda por recorrer. El Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE, por sus siglas en inglés) elabora periódicamente un índice exhaustivo con 31 indicadores para evaluar la equidad. El año pasado, concluyó que la igualdad “avanza a ritmo de tortuga”. En la última edición, basada en datos de 2018 y conocida la semana pasada, calcula que faltan al menos 60 años para conseguirla. En una escala del 0 al 100, en la que el 0 es la inequidad absoluta y el 100 la igualdad plena, la UE obtiene 67,9 puntos. El índice mide las brechas existentes en seis ámbitos básicos: empleo, dinero, conocimiento, tiempo, poder y salud. Para el conjunto, salud es el área más equitativa, y poder la menos. España es el tercer país que más mejora desde la medición de 2017 y sube a la octava posición, con 72 puntos. Queda a más de diez de Suecia, que encabeza la clasificación, y lo hace lastrada por una conciliación mal resuelta, con un pésimo reparto del tiempo de ocio y, en menor medida, del destinado a cuidar a mayores y niños.

Los resultados de esta nueva evaluación muestran que, si bien se van dando pequeños progresos, es hora de acelerar ante el peligro, incluso, de empeoramiento. El informe analiza datos previos a la pandemia cuyos efectos resultarán con toda probabilidad peores para las mujeres, entre otras cosas por el especial impacto que pueden sufrir en el mercado laboral.

Aunque no son datos satisfactorios, lo cierto es que España muestra en este índice unos resultados superiores a la media europea. Desde el punto de vista de la igualdad, está más cerca de Dinamarca, Francia o Finlandia —que encabezan el listado tras Suecia— que de los países del entorno mediterráneo con los que comparte algunos rasgos socioculturales. Se sitúa, por ejemplo, muy por delante de Italia y de Portugal y a un abismo de Grecia, que cierra la clasificación.

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Entre las causas de la puntuación española destaca el empuje de las mujeres en la lucha feminista en España, acompañadas de un sector de la ciudadanía masculina. En el panorama político, evidentemente, hay partidos que atienden y promueven más sus reivindicaciones que otros. El PSOE impulsó en 2007 la ley de igualdad que, a pesar de tener carencias, ha servido de base para garantizar la paridad en las instituciones. Este último Gobierno de coalición da a las mujeres similar peso que a los hombres en los ministerios y la toma de decisiones y tiene entre sus objetivos impulsar el llamado Plan Corresponsables para mejorar la conciliación. Queda mucho camino. Hay que acelerar el paso, siendo conscientes de que el terrible golpe de la pandemia complica la senda hacia un objetivo irrenunciable para la sociedad española, y para la europea en su conjunto.

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