Columna
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Un disparate que funciona

Contra toda teoría, el nombramiento vitalicio de los jueces del Supremo de EE UU ha funcionado razonablemente bien

Sede del Tribunal Supremo de EEUU, en Washington.
Sede del Tribunal Supremo de EEUU, en Washington.JOSHUA ROBERTS / Reuters

La separación de poderes es como lo de los “espacios propios” en un matrimonio. Cada uno se organiza como quiere o como puede. Y, aunque el panorama político mundial se ha poblado de enterradores de Montesquieu, el que Gobierno, Parlamento y Judicatura puedan ir cada uno por su cuenta, con mayor o menor autonomía, se ha demostrado hasta el momento el planteamiento más eficaz para el funcionamiento y la duración de ese sorprendentemente efectivo contrato social llamado democracia. ...

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