Columna
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El mandamás antioqueño

Los colombianos necesitan propuestas y liderazgos que alejen a la sociedad de la ética de la barbarie y los discursos legitimadores de la venganza

El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, en una imagen de archivo.
El expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, en una imagen de archivo.EFE

Ni la mortandad de la pandemia ni el arresto domiciliario de Álvaro Uribe son los problemas fundamentales de Colombia, acostumbrada a la muerte y a las privaciones de libertad desde que hace más de medio siglo liberales y conservadores dirimieran sus diferencias con asesinatos, secuestros y destrucción de propiedades. El coronavirus es de origen desconocido, pero la cultura de la violencia y el odio es heredad de las élites y mesías locales, responsabilidad de los colombianos, incapaces de imponer la civilidad como prioridad en escuelas, familias y programas para impedir su diaria profanación ...

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