Columna
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La avaricia

Imagino a nuestros herederos rompiendo en el futuro las ánforas digitales de nuestros tesoros electrónicos y descubriéndolas vacías, sin monedas que den contra la losa

El viejo poseedor se nos hace tiernamente ridículo en su avaricia inútil: su fortuna nunca recuperada no lo hizo rico a él sino a nosotros.
El viejo poseedor se nos hace tiernamente ridículo en su avaricia inútil: su fortuna nunca recuperada no lo hizo rico a él sino a nosotros.EFE

Fue en abril de 2016. Una mañana cualquiera, una obra pública más en un pueblo a las afueras de Sevilla, Tomares. La excavadora dio con un obstáculo, algo sonó a roto, un obrero se asomó a la zanja y 19 ánforas con 600 kilos de monedas de los siglos III y IV volvieron a ver la luz. Imaginemos a un hispanorromano cavando en el suelo rocoso, llevando de noche las ánforas desde el carro en que las había transportado, colmatando la fosa. Más allá de la propia fertilidad del suelo andaluz, aquel terreno se convertía en la tierra más rica de Hispania por el metal de las 22.000 monedas sepultadas. No...

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