El epitafio que debería estar grabado en las tumbas de las víctimas

Brasil ya ha llorado bastante. Necesita, ante tanta muerte de inocentes y tanta política enfangada, aires nuevos de resurrección.

Familiares durante un funeral en el cementerio de Vila Formosa, en São Paulo.
Familiares durante un funeral en el cementerio de Vila Formosa, en São Paulo.NELSON ALMEIDA / AFP

Son 100.000 vidas perdidas, 100.000 historias de dolor y millones de lágrimas derramadas. Es una cifra que espanta, entristece y enluta al país. ¿Basta llorar por ellas? No, porque fue una tragedia anunciada. El día de silencio informativo, que ha querido ofrecer a los lectores este diario para dedicarlo a la tragedia, debe convertirse también en un grito contra el poder que pudo evitar muchas de las muertes y prefirió cerrar los ojos. Será la historia quien juzgará la complicidad con esa matanza....

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