Editorial
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Paso insuficiente

Encarrilado ya el pacto sanitario, urge ahora un gran acuerdo económico

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, comparece en la Comisión de Reconstrucción Social y Económica.
El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, comparece en la Comisión de Reconstrucción Social y Económica.FERNANDO ALVARADO / EFE

La Comisión parlamentaria para la Reconstrucción Social y Económica, que mañana aborda sus conclusiones finales, arroja un resultado desigual: positivo en algún capítulo, pero totalmente insuficiente para una crisis general. Pensada como alternativa menos solemne —y menos comprometida para la oposición— que unos nuevos Pactos de la Moncloa, al final ha abierto paso a un único —aunque significativo— acuerdo sobre la salud pública y el sistema sanitario. Es decir, sobre qué medidas urgen para reaccionar velozmente y con contundencia ante un rebrote de la pandemia.

Este probable pacto, al que el primer partido de la oposición se mostró ayer muy dispuesto, puede simultanearse con una amplia luz verde al real decreto de la “nueva normalidad”. Esta norma regirá la conducta pública (y en bastantes aspectos, privada) mientras la covid- 19 no esté bajo absoluto control. Si el buen augurio no es producto de ese espejismo de moderación que a veces acarrea una inminente cita electoral (ahora en Galicia y Euskadi), será satisfactorio eliminar, o rebajar, una de las dos crueldades que han agriado la vida reciente de los españoles: la pandemia y la crispación política añadida.

Cabe la esperanza. La trágica gravedad de la epidemia, la sensibilidad ciudadana por sus efectos, la predisposición al diálogo en la Conferencia de Presidentes y la variedad y calidad de los ponentes del grupo sanitario-social en la comisión parlamentaria han acabado por precipitar el acuerdo en este apartado.

Pero ello está lejos de ser suficiente. Resulta imperativo extender esa sintonía a los otros asuntos abordados en los grupos de trabajo: políticas sociales, cuestiones europeas y economía, todos ellos muy entrelazados. La economía deber ser el detonante. A diferencia de la pandemia, sobre la que el nivel de experiencia y conocimiento era bajo para todos los grupos, las posiciones sobre política económica están muy decantadas. Pero no las recetas sobre los nuevos desafíos —comercio electrónico y sus efectos sobre el comercio minorista, teletrabajo y telemedicina, productividad y tamaño industrial, renovada urgencia de las políticas activas de empleo— que abordó con enorme precisión el gobernador del Banco de España en la sesión de ayer, en la que presentó un listado de reformas, pendientes y nuevas, todas imprescindibles.

Es cierto que el formato de la comisión parlamentaria no es el más ágil para fermentar consensos sobre estos y otros asuntos comprometidos, que permita una discusión más profunda, un debate entre los ponentes y el requerimiento de la opinión de otros grandes expertos, también internacionales. Se necesita una convocatoria más ambiciosa —cuya propia arquitectura seguramente habrá de ser novedosa y socialmente amplia, dadas las excepcionales circunstancias—, para acometer grandes reformas (fiscalidad, estructura del Estado) en la economía, que completen la radiografía del Parlamento y el importante foro empresarial simultáneamente celebrado.

Claro que la política fiscal y presupuestaria —el expansionismo actual combinado con un reequilibrio en deuda y déficit a medio plazo— será un tema muy candente. Pero no el único. Hay espacio para la sintonía, el consenso, la concertación. Mejor si es global. Pero sería imperdonable que no cristalizase al menos en múltiples elementos parciales.


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