Editorial
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Movilidad activa

Es hora de que las grandes urbes den un salto cualitativo en lucha contra la contaminación

Tráfico denso en Cataluña durante el primer fin de semana de nueva normalidad.
Tráfico denso en Cataluña durante el primer fin de semana de nueva normalidad.Alejandro García / EFE

Como vuelve el tráfico, vuelve la contaminación. El levantamiento de las restricciones de la movilidad está devolviendo a las ciudades los niveles de ruido y polución que tenían antes del confinamiento y eso es algo que en la medida de lo posible se debería evitar. En las grandes ciudades ya se ha recuperado el 80% del tráfico y la resistencia de los ciudadanos a utilizar el transporte público por miedo al contagio puede comportar un incremento en el uso del coche privado. Resulta imprescindible mejorar la cantidad y frecuencia del transporte público. Pero hay que ir más allá. La experiencia de estos meses brinda la oportunidad de repensar la movilidad de las ciudades de manera que en la nueva normalidad se reduzcan las emisiones y la contaminación del aire deje de ser una amenaza para la salud.

Durante el confinamiento muchas ciudades han aplicado medidas de emergencia destinadas a facilitar la distancia de seguridad y evitar aglomeraciones. Se ha extendido la red de carril bici y se han ampliado las aceras y las zonas peatonales. Los niños han vuelto a jugar en calles y plazas y muchos ciudadanos han podido recuperar el espacio que el coche les había arrebatado. El objetivo debería ser ahora convertir en permanentes la mayor parte posible de esas medidas. Los consistorios tienen legitimidad para actuar en beneficio de la mayoría y cuentan además con la opinión favorable de los ciudadanos. Según una encuesta realizada en 21 urbes europeas, el 64% de sus habitantes no quiere volver a los niveles de contaminación previos a la pandemia, un porcentaje que en España se eleva hasta el 74%.

Es, pues, el momento de dar un salto cualitativo en la lucha contra la contaminación. El cambio del modelo de movilidad era una tendencia en Europa antes de la pandemia, pero el confinamiento ha demostrado que es posible actuar de forma más drástica y ambiciosa. Las medidas que han servido para evitar muertes por la covid-19 han de ser útiles para reducir la contaminación del tráfico, que en las grandes ciudades es una de las principales causas de muerte prematura evitable. Es la hora de promover la movilidad activa, de modo que los desplazamientos que se puedan hacer en bicicleta o andando se hagan así. Afortunadamente nuestro modelo de ciudad compacta, con un tejido comercial y de servicios variado y extenso, permite abordar buena parte de las tareas de los ciudadanos en un radio relativamente pequeño. Las políticas públicas deben incentivar el comercio de proximidad y una forma de organizar los servicios en la que el barrio pueda ser una unidad de convivencia capaz de satisfacer la mayor parte de las necesidades de sus habitantes.

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