Editorial
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Inmovilismo en Rusia

Una bandera con el rostro del presidente ruso ondea en Moscú.
Una bandera con el rostro del presidente ruso ondea en Moscú.MAXIM SHIPENKOV / EFE

A la Administración de Vladímir Putin le cuesta aceptar los cambios, vengan de donde vengan, y los rechaza sistemáticamente. El inmovilismo es la razón de ser de las enmiendas constitucionales que el Kremlin impulsa con el fin de que el presidente pueda mantener el poder a voluntad a partir de 2024, cuando concluye su mandato actual, que debería ser el último. La maquinaria para la consulta popular —un mecanismo inventado para la ocasión— ya se ha puesto en marcha para el 1 de julio. En la preparación del evento se refleja la suma de vicios acumulados del sistema electoral ruso y la renuncia a mejorarlo, haciéndolo más democrático y transparente. Con voluntarismo a ultranza y dispuesto a arrollar cualquier realidad en contra, el líder se dispone a utilizar los reflujos del coronavirus y ha fijado ya las fechas del Desfile de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial y la marcha del Regimiento inmortal para el 24 de junio y el 26 de julio, respectivamente.

La estadística oficial rusa sobre el coronavirus correspondiente a ayer indica algo más de 8.500 contagiados y 178 muertos en un conjunto global de algo más de 432.000 infectados y 5.215 muertos. La pandemia sorprendió al país en precario debido a la campaña de lo que se denominó “optimización” sanitaria, por la que se redujo el número de establecimientos de salud y se recortaron sus plantillas, tras las intervenciones militares rusas en Ucrania en 2014. En Rusia, las Administraciones provinciales son las instituciones encargadas de emplear al personal sanitario público, y para aquellas con escasez de recursos la única forma de cumplir con la voluntad de Vladímir Putin de que se pagase más a los médicos era recortar su número para repartir la nómina entre menos.

El martes, el jefe de Gobierno, Mijaíl Mishustin, presentó al presidente su plan anticrisis hasta finales de 2021. El documento, que no ha sido publicado, consta de 500 medidas y supone un desembolso presupuestario de unos 65.000 millones de euros o el equivalente al 4,5% del PIB ruso de 2019. Las cifras producen desconfianza en Rusia, cuyos servicios estadísticos han venido suministrando los números de forma desacompasada e irregular durante los últimos tiempos. Un estudio del Centro de Desarrollo de la Escuela Superior de Economía de Moscú cuestiona las cifras del Gobierno y pronostica que los ingresos reales disponibles de la población en el segundo trimestre de 2020 pueden disminuir un 18% en relación con el mismo periodo del año anterior, y eso será contando con el efecto de las medidas anticrisis, pues de no existir estas la caída sería de un 21,8%.


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