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MARIANA RODRÍGUEZ
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Mariana Rodríguez Cantú ya no se maquilla

La candidata que no supo ganar Monterrey impugna ahora los resultados tras las agresiones a varios de sus compañeros de partido

Mariana Rodríguez pega calcomanías durante un acto de su campaña a la alcaldía de Monterrey, en marzo de 2024.
Mariana Rodríguez pega calcomanías durante un acto de su campaña a la alcaldía de Monterrey, en marzo de 2024.Gabriela Pérez Montiel (Cuartoscuro)
Carmen Morán Breña

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Mariana Rodríguez Cantú se presentó a las elecciones para alcaldesa de Monterrey, la plaza que dejaba su compañero del partido Movimiento Ciudadano (MC) Luis Donado Colosio, una de las tres grandes capitales de México. La noche del 2 de junio todo indicaba que Adrián de la Garza, por la colación PRI, PAN y PRD, era el ganador. Siguiendo su estilo desenfadado en redes sociales, la candidata despertó fresca el lunes poselectoral y recién bañadita, con el pelo mojado, publicó un video en Instagram en el que reconocía su derrota. Mientras lo decía, se pintaba las pestañas en un ‘o sea, aquí no ha pasado nada’. A la “nueva política”, como denominan a su movimiento naranja, le importaba un kilo de sorbete perder una de las grandes capitales, o así parecía. “Gocé la campaña”, decía sonriendo. “Aprendí muchísimo”.

Pero no había aprendido todo. Días más tarde, salió a decir que impugnaban los resultados por varias razones que expusieron, entre ellas injerencias de la Fiscalía para alterar los resultados, compra de votos en algunas casillas y, finalmente, lamentables agresiones físicas a algunos de sus correligionarios grabadas en video. La cosa ya no estaba para soplarse el esmalte de las uñas. Lo primero que hay que aprender en una campaña es que miles de ciudadanos depositan su voto para cambiar las cosas en la dirección que alguien les ha prometido. Cuando el lunes sus esperanzas se desvanecen, no puede una salir maquillándose como si los comicios hubieran sido un juego de muñecas.

En la tarde noche del miércoles 23 de mayo, a pocos días de las elecciones, el escenario montado en San Pedro Garza García, al ladito de Monterrey, se derrumbó con la violencia del viento. El candidato presidencial, Jorge Álvarez Máynez, y otros cuadros de partido salvaron su vida de milagro. Nueve personas entre el público perdieron la vida al colapsar la estructura del entramado donde se iba a celebrar un concierto de fin de campaña. Más de 200 seguidores de MC quedaron hospitalizados o con heridas leves. La tragedia conmocionó a todo el país y Rodríguez Cantú salió a pedir que se suspendieran otros actos festivos de cierre político para donar ese dinero a las víctimas. 10 días después, el ‘aquí no ha pasado nada’: una pasadita de rímel por las pestañas y una sonrisa happy. No hay que tener mucha imaginación para suponer lo que pensarían quienes acababan de enterrar a sus muertos y quizá se acercaran a votar en Monterrey a su candidata.

No, definitivamente, la candidata no había aprendido mucho, como dijo. La juventud es una bendición, también para la renovación de ideas políticas, pero conviene no abusar del desparpajo que proporciona la inmortalidad que promete. La nueva política no es utilizar las redes sociales en lugar de los medios clásicos, sino ofrecer otros argumentos, renovados propósitos. Quizá otras formas, pero ojo con el fondo. El mensaje no puede ser transmitir a los ciudadanos que su voto se ha ido por el sumidero; o manifestar a todo un partido político que no hay que perder el sueño por perder una de las grandes capitales. El relato, ayer y hoy, ha de ser de compunción por no haber logrado lo que uno se propone, arrastrando para ello las ilusiones de mejora de miles de ciudadanos. Que no era el momento de pintarse las pestañas sonriendo a la cámara le cabe al sentido común de un niño de siete años.

Este lunes, el presidente del Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, ha salido a defender al gobernador de Nuevo León, Samuel García, esposo de Mariana. Ha dicho que estaba siendo “víctima de un acoso” condenable y ha lamentado las “brutales” agresiones de sus colegas de partido. Ha pedido a la Fiscalía General de la República que intervenga. Pues muy bien, pero también le preguntaron por las impugnaciones que está habiendo en Jalisco y nada dijo de las personas armadas y los incidentes violentos que se registraron durante el recuento de votos. Quizá eso también hubiera merecido la condena del presidente.

Como quiera que sea, lo que la candidata Rodríguez Cantú no aprendió es que la política no es un juego. No lo son las elecciones donde todo un pueblo, ahora sí, sin distingos sociales de ninguna clase, sale a emitir su voto. Tampoco es para reír con los resultados, mucho menos cuando son desfavorables. Eso no tiene que ver con la nueva ni con la vieja política, sino con la democracia, con el sentido común y con la dignidad. México tuvo algunos problemas serios el día de las votaciones, que si no fueron para contradecir los resultados que de ella se derivaron, tampoco para mostrarse satisfechos con el nivel de violencia que se respira en estos días donde los asesinatos que no se hicieron antes se están completando ahora con alcaldes electos. La primera dama de Nuevo León salió a denunciar las palizas a sus seguidores, esta vez sin maquillaje por medio. Algo, quizá, haya aprendido.

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Sobre la firma

Carmen Morán Breña
Trabaja en EL PAÍS desde 1997 donde ha sido jefa de sección en Sociedad, Nacional y Cultura. Ha tratado a fondo temas de educación, asuntos sociales e igualdad. Ahora se desempeña como reportera en México.
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