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Las redes sociales empeoran la ortografía de niños y adolescentes: olvido de tildes y confusiones con la hache

La lectura, imprescindible para compensar la tendencia a escribir de forma incorrecta. El uso de la escritura en estas plataformas supone una abreviatura de las palabras, cambio de letras que suenan igual y descuido de acentos

Redes sociales
Smiling friends using mobile phone while sitting at bus stopMaskot . (Getty Images/Maskot)

La escritura que se emplea a través de las redes sociales cada vez se aleja más del correcto uso ortográfico. Textos en los que es habitual ver frases sin signos de puntuación que alivien la lectura o el empleo de la be y uve de manera aleatoria (y equivocada) son habituales. Errores ortográficos que, en el caso de los más jóvenes, trascienden de los entornos digitales a su día a día en el aula, donde los docentes avisan de un mayor incremento de faltas de ortografía en su alumnado propiciado, también y según los expertos, por el bajo índice de lectura en estas edades.

Precisamente la lectura es una de las asignaturas pendientes de los estudiantes, según recogen los resultados del informe Pisa 2018, en el que participaron 1.000 centros educativos y más de 35.000 alumnos españoles, entre 15 y 16 años, y donde España alcanzó 477 puntos, por debajo de la media del conjunto de países de la OCDE, que alcanzan 487 puntos, y de la del total de la Unión Europea, con 489.

La doctora Cristina de la Peña, profesora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), sostiene que “la lectura favorece que las palabras se vayan guardando inconscientemente en un almacén que permite que la identifiquemos inmediatamente y sepamos cómo escribirla si la volvemos a escuchar o ver”. Esto es fundamental, según explica, para la ortografía. “Imaginemos que he leído un libro o un cuento donde aparece la palabra zanahoria y en el colegio, después de mucho tiempo, el profesor hace un dictado con esta palabra”, plantea De la Peña. “Seguramente la escribiré de forma correcta porque está en mi almacén. Si no la hubiera leído, no estaría, y muy probablemente la hubiera escrito sin hache intercalada, cometiendo un error. Esto muestra lo importante que es leer desde pequeños/as y la importancia de la lectura en la ortografía”.

El uso de la escritura en las redes sociales generalmente supone una abreviatura de las palabras (xk, por porque/por qué), cambio de letras que suenan igual (be/uve) y descuido de acentos y signos de puntuación (puntos, comas) o no distinguir (ahí, hay o ay). Según la profesora de la UNIR, esto se debe a que “en las redes sociales, los jóvenes escriben como hablan, empleando un vocabulario coloquial, con errores gramaticales, sin acabar las frases, sin utilizar la entonación, aglutinando palabras en distintos idiomas... Esto no beneficia a la escritura ortográficamente correcta de los niños y jóvenes”.

Estas prácticas incorrectas de la ortografía generan códigos propios de su jerga particular que hace que se utilicen menos recursos cognitivos. “Si las personas nos acostumbramos al lenguaje informal con el uso de teclados de los dispositivos digitales y autocorrectores, al final las reglas ortográficas, gramaticales, vocabulario… y todos los procesos cognitivos (memoria, función ejecutiva) que intervienen en ellas dejan de emplearse y, con el paso del tiempo, de utilizarse”, añade la experta.

¿Podría decirse que los patrones ortográficos que los jóvenes utilizan en sus redes sociales modifican su estructura cerebral? José Ramón García Guinarte, director del Instituto de Neurociencia y Alto Rendimiento y autor del Sistema de Inteligencia Ortográfica (SIO), explica que para lograr una correcta ortografía, el cerebro deberá alcanzar un proceso de automatización, y eso lo irá haciendo a través de infinidad de repeticiones y exposiciones: “De una manera muy similar a que el hecho de caminar sobre la hierba acaba aplastándola para formar una senda por la que resulta más sencillo transitar. Dado que nuestros jóvenes dedican cada vez más tiempo al mundo de las redes sociales, esto supondrá un elemento de gran influencia en sus mentes. La posibilidad de verse expuestos a gran número de incorrecciones, así como el hecho de cometer errores ortográficos, acabarán produciendo una automatización del fallo”.

David Bueno, doctor en Biología y profesor de Genética en la Universidad de Barcelona, está convencido de que el uso de las redes sociales modifica nuestra estructura cerebral, aunque se desconoce hasta qué punto. Ante el uso ortográfico “inadecuado”, cree que habría que preguntarse “si ese uso ‘incorrecto’ es puntual en las redes, con lo cual se emplearía solo para ahorrar tiempo cuando escriben, o si trasciende al resto de entornos, como a la escritura tradicional”.

Bueno opina que la capacidad humana de pensar, de imaginar, se sustenta en el lenguaje, con lo cual frases menos elaboradas hacen que el cerebro tenga menos conexiones neurolingüísticas y eso podría, quizá, disminuir la capacidad de pensar de forma compleja en el futuro: “¿Hasta qué punto? No lo sabemos”, argumenta Bueno. “Lo que está claro es que un buen lector tiene más capacidad de imaginar, es más creativo, que una persona que solo utiliza monosílabos, muchas veces”.

Un joven escribe un mensaje en su móvil.
Un joven escribe un mensaje en su móvil. Klaus Vedfelt (Getty Images)

Si se tratara solo de la utilización errónea de la ortografía en el ámbito de las redes, discerniendo el empleo en uno u otro ámbito, Bueno considera que se podría asimilar, con diferencias, a las personas que son bilingües y emplean de manera indistinta una u otra lengua: “El cerebro sabe clasificar muy bien si ahora estoy leyendo o realizando cualquier otra actividad que requiere de un lenguaje complejo, o si estoy utilizando en redes sociales otro tipo de lenguaje más simplificado. El problema surge cuando se utilizan solo estructuras simplificadas en cualquier contexto”.

Para evitar que las faltas de ortografías trasciendan a su uso en las redes sociales, es necesario que la comunidad educativa y la propia sociedad colaboren conjuntamente para que los jóvenes sean capaces de ajustar su lenguaje a cada situación. Por ello, De la Peña apuesta porque en los centros educativos, desde Educación Primaria hasta Secundaria, desarrollen y consoliden las reglas ortográficas, realizando actuaciones que fomenten el uso de dichas normas de escritura en contextos informales: “Algunas de las acciones podrían penalizar los errores ortográficos para darles mayor importancia y también trabajar la lectura, la redacción, la corrección de errores, transcripciones y diversas actividades lúdicas en las distintas asignaturas académicas. De esta forma se pondría en valor la ortografía, para que sepan expresarse correctamente en las situaciones extracoloquiales”.

Por su parte, el profesor de la Universidad de Barcelona anima a los jóvenes a disfrutar de la lectura tradicional con textos que presenten estructuras gramaticales ricas, alejadas de las construcciones simples utilizadas en las redes sociales. El docente posee una situación privilegiada para llevar a cabo esta labor, según este especialista, “porque puede utilizar debates en el aula para que se den cuenta de que el lenguaje de las redes sociales no tiene nada malo, pero que no hay que estar circunscrito a ellas, o mostrarles un mismo texto de las dos maneras, para que observen cuál se entiende mejor y aprendan a diferenciar los distintos lenguajes empleados”.

Además, es necesario mostrarles la importancia de la escritura porque, como señala el director del Instituto de Neurociencia y Alto Rendimiento, “el lenguaje ha sido un instrumento fundamental para la evolución del ser humano y la ortografía es un elemento indispensable para una correcta comunicación escrita, además de poseer una gran valor académico, social y profesional”.

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