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Bebés que comen arena: mitos y verdades para la salud de los niños

El video de una madre animando a su pequeño a ingerirla para fortalecer su sistema inmunitario en tiktok se ha hecho viral, pero ¿dónde está el límite entre riesgo y beneficio?

Frame del video en el que una madre defiende que su pequeño coma arena para mejorar sus defensas.
Frame del video en el que una madre defiende que su pequeño coma arena para mejorar sus defensas.

La pandemia por la covid-19 nos ha llevado a extremar las medidas de higiene en nuestras vidas. Nunca, antes, nos habíamos lavado las manos tantas veces al día. Sin embargo, en el otro extremo surgen situaciones como la recogida en un video de TikTok que ha revolucionado las redes sociales, donde un bebé come tierra en el parque animado por su madre ¿Meterse a la boca todo lo que el niño quiera o tener una higiene extrema que le mantenga en una burbuja frente a los gérmenes?

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En el término medio está el acierto. De hecho, han aumentado las alergias infantiles, debido a un exceso de celo con la higiene infantil que reduce el contacto con sustancias consideradas dañinas para su salud, como el polvo, los ácaros o el pelo de los animales. Es lo que se ha denominado la teoría de la higiene, “una hipótesis que surge de la observación de que, a medida que los países aumentan en desarrollo, mejoran sus sistemas sanitarios, de depuración y de calidad del agua potable, así como la higiene personal y del medio se reduce las complicaciones para la salud y la mortalidad por infecciones, pero aumentan los casos de alergia y de enfermedades autoinmunes, como la esclerosis múltiple. Se considera que un exceso de celo en la higiene y en la exposición del niño a su entorno, en un momento en el que su flora intestinal y su sistema inmune están en desarrollo, puede ser perjudicial de cara a la capacidad que tendrán en un futuro para realizar sus funciones de forma adecuada”, explica Gonzalo Galicia, pediatra y especialista en gastroenterología infantil del Hospital Universitario de Guadalajara.

Estimular y reforzar el sistema de defensas de los niños desde que son bebés es importante, pero con sentido y medida. “Una cuestión es permitir que el niño explore su entorno sin estrés y con la consiguiente supervisión y otra, muy diferente, es animar al niño a que ingiera y se lleve cualquier tipo de objeto a la boca, lo que puede poner en riesgo su salud. La madre que sale en el vídeo colgado en una conocida red social dice que no teme a las bacterias, incluso les da la bienvenida, porque confía en la naturaleza y en su bebé, pero no se debe restar importancia a las complicaciones de salud y mortalidad debido a infecciones bacterianas y parasitarias como consecuencia de una higiene inadecuada. Prevenir riesgos evidentes y un correcto lavado de manos, tras permitir al niño explorar su entorno, antes de manipular la comida, es un acto sencillo que evita muchos problemas de salud”, comenta Gonzalo Galicia.

La supervisión de los niños cuando exploran el mundo a través de su boca es fundamental, ya que “existen varios peligros, las infecciones, la asfixia y el envenenamiento. Cuando lo que nos llevamos a la boca es algo de un ambiente, claramente, muy contaminado, donde hay gran carga de bacterias y otro tipo de gérmenes, resulta más sencillo que nuestro sistema inmune no pueda defendernos y enfermemos como consecuencia de una infección. Por otro lado, determinados objetos, sobre todo aquellos que son de pequeño tamaño, como una piedra o una canica, tienen un riesgo muy importante de obstruir las vías respiratorias del niño. En cuanto al riesgo de intoxicación, el niño se puede llevar a la boca alguna sustancia tóxica, como determinadas plantas o productos químicos, como insecticidas o medicamentos”, añade Galicia.

Entre la asepsia excesiva y comer tierra, hay un abismo

Dejar que un bebé coma arena para que refuerce sus defensas y explore el mundo que le rodea es una teoría que puede tener cierta “plausibilidad biológica, pero una cosa es evitar una higiene excesiva y otra comer tierra. Creo que, en general, y en este caso también, caemos con mucha facilidad en coger un concepto interesante y llevarlo al extremo. Me parece una barbaridad dar de comer tierra, palos o piedras a un bebé, porque entre la asepsia absoluta, que es una utopía y comer tierra hay mucha diferencia”, explica Javier Blumenfeld, endocrinólogo pediátrico del Hospital El Escorial.

Los niños que se familiarizan a través de sus sentidos con diversos gérmenes o bacterias tienen “menos probabilidades de tener enfermedades de carácter inmunológico, por lo que tenemos que someter a nuestros hijos al contacto con un mayor número de microorganismos. Así lo demuestra un reciente estudio con más de 750 bebés, en relación con la limpieza del chupete cuando se les caía de la boca y antes de volver a ponérselo. El estudio experimentó con varias opciones, cuando el chupete se ponía directamente sin limpiar, se aseaba con la boca de los padres, con agua del grifo, con agua caliente esterilizada o con productos químicos desinfectantes. Los científicos observaron que los bebés que usaban chupetes limpiados con productos desinfectantes, al año, tenían más alergias a alimentos”, concluye Ismael San Mauro, nutricionista, y Doctor en Ciencias Biomédicas de la Clínica Cinusa de Madrid.

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