Niños y pandemia
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Cómo seguir atendiendo las necesidades de los niños después de tantos meses de pandemia

El objetivo es que lleguen a fin de curso, sanos y salvos. Es un peaje muy caro el que están pagando: empezamos a observar cambios desadaptativos a nivel emocional, conductual y cognitivo

Un niño en las inmediaciones de una atracción infantil del Parque de Atracciones durante el Día del Padre.
Un niño en las inmediaciones de una atracción infantil del Parque de Atracciones durante el Día del Padre.Eduardo Parra (Europa Press)

Tendremos mucho tiempo para evaluar lo que hemos vivido con la cabeza fría y sin que la toma de decisiones esté condicionada por una pandemia y sus consecuencias físicas, sociales, emocionales, laborales y familiares. Queda un trimestre y viene la explosión primaveral. Hay que acabar este curso de la mejor forma posible. Estamos en segunda vuelta, aproximándonos a la Semana Santa y niños, niñas y adolescentes acaban de celebrar un año desde el confinamiento del pasado marzo de 2020. ¿Seremos capaces de seguir dando una respuesta adaptada a sus necesidades después de tantos meses?

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Seguimos viviendo pendientes de nuestras expectativas, de la sensación constante de no tener el control y de no perder el poco que nos queda. Las expectativas son creencias, ideas, pensamientos encaminados hacia el futuro. Es la necesidad que tenemos sobre cómo tienen que ser las cosas. Es lo que esperamos. Y como adultos, toda esta presión nos está llevando a caer en juicios inexactos y a tomar decisiones equivocadas.

Según datos de la Oficina del Censo de EE UU, más de un 42% de la población encuestada tuvo síntomas de ansiedad o depresión en 2020. Y según el Consejo General de Farmacéuticos, el uso de medicamentos para patologías como la ansiedad, la depresión o problemas para conciliar el sueño, ha subido a más del doble en comparación con 2019.

Si como adultos se ha disparado esta sintomatología, ¿cómo sigue afectando esta situación a una niña o un adolescente? No hace falta ser adivino: es un peaje muy caro el que están pagando. Empezamos a observar cambios desadaptativos a nivel emocional, conductual y cognitivo. Los chavales están más movidos, más sensibles, menos atentos, irascibles, reactivos, aburridos y, algunos tomando malas decisiones.

La presión es mucha, y el error bajo presión es lo más normal. Ahora mismo tenemos que permitirnos y permitirles muchos más errores y acompañarnos y acompañarles más. No es el momento de echar la charla, de buscar explicaciones ocultas tras un conflicto, de presionar, o de tomar decisiones no basadas en el consenso que van a generar aún más problemas, pues el control es mucho menor y el conflicto mucho más alto.

¿Qué podemos hacer?

  1. Dar más espacio. Personalmente, este año, en el aula soy poco invasivo, y les doy mucho espacio para trabajar aunque eso suponga que la clase sea más ruidosa. Intento que mis clases sean un factor de protección donde puedan expresarse. No es época de estar encima, de marcar el error, de incidir en la tarea. Es época de dar espacio y de dejar respirar.
  2. Acortar explicaciones. La falta de atención se ha disparado. El despiste es constante. Son necesarias explicaciones cortas alternando con momentos de trabajo cortos. Una clase de una hora la divido en tres espacios de 15 o 20 minutos para conseguir por un lado que las clases sean amenas y por otro manejar el déficit de atención que estamos observando. Tenerles mucho tiempo prestando atención ahora mismo es un handicap y sinónimo de conflicto en el aula.
  3. Tiempos muertos. Entre ejercicios, entre explicaciones, entre trabajos. Dejar tiempo para el descanso: que se levanten, que salgan de clase, que charlen, que se rían. Básicamente, que se desahoguen. Es fundamental ventilar emociones y relajarse cada poco tiempo. Una tolerancia a la frustración más baja junto con menor capacidad de atención dispara los nervios y se comenten muchos más errores. Incluso sería adecuado un recreo más al día en el tercer trimestre.
  4. Fomentar creatividad. Actualmente planteo actividades que son muy generales para que se puedan sumergir en el trabajo, en su pensamiento, y les permitan relajarse. Es momento de simplificar, de buscar alternativas a lo normativo, de no poner presión. Una actividad creativa tiene muchas ventajas, pero sobre todo tres: relaja, fomenta la adaptabilidad y desarrolla el pensamiento alternativo ¿Qué más necesitamos hoy en día?
  5. Cambio de espacios. Si tienes sala de informática en tu centro, es un momento muy bueno para usarla a menudo, para que investiguen y a la vez desconecten un poco. El cambio de espacio, además, es muy importante ahora mismo. Primero porque ventilas ambientes y segundo porque pueden desahogarse mientras siguen trabajando. Así que: explicación corta-actividad corta- tiempo muerto-darles mucho espacio-creatividad-cambio de ambiente.
  6. Gestión semanal. Durante la semana tomo más protagonismo los lunes y lo voy reduciendo hasta los viernes. Priorizo, por encima de todo, el cuidado personal. Según pasa la semana el agobio o la ansiedad se va a acrecentado, por lo que el espacio personal se va aumentando. Quid pro quo. Los viernes tienen que ser días tranquilos, días de juego, días de hablar, de evaluar la semana, de darles protagonismo, de que hablen de su vida. Terminar bien la semana es importante y ahora mismo necesitamos buenos finales.

Después de un año de pandemia, sigo teniendo la sensación de que vamos con el piloto automático intentando llegar a todo. Pero debemos hacer el ejercicio de recordarnos cada día que, ahora mismo, tenemos que ir lentos y ser un modelo de estabilidad. Y tenemos que confiar más y sancionar menos para fomentar una convivencia positiva y participativa en nuestros centros educativos y escuelas con tres meses por delante.

Nos queda un trimestre, uno verdaderamente complicado. ¿Cómo lo quieres afrontar?

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