Trump emponzoña el primer debate con Biden y anticipa un final de campaña feroz

El presidente cuestiona la integridad del sistema electoral y evita condenar el supremacismo blanco en una noche plagada de insultos y ataques personales

Imagen montada de Donald Trump y Joe Biden en el debate en Case Western University, en Cleveland, Ohio. En vídeo, los momentos más destacados del debate entre ambos candidatos.Foto: EPV | Vídeo: PATRICK SEMANSKY / AP

La recta final de la campaña presidencial estadounidense se adivina descarnada. Donald Trump y Joe Biden se batieron el martes en uno de los debates más broncos y caóticos que se recuerdan, reflejo del clima de hostilidad que vive el país. Un Trump en su versión más agresiva e indecorosa, insumiso a los turnos de palabra, se lanzó en tromba contra un Biden que trató de interpretar el papel presidencial, pero también bajó al barro para frenar al mandatario. Hubo insultos y palabras gruesas, ataques personales y mentiras. El mandatario, abonado a la misma estrategia de 2016, impuso su show.

Trump tachó a Biden de estúpido, este lo llamó “payaso”. El presidente interrumpió al demócrata hasta 35 veces y su contrincante le acabó espetando: “¿Te vas a callar, hombre?”. Las chispas saltaron desde el primer momento en el que los dos líderes que pelean por la Casa Blanca pusieron un pie en el escenario del campus universitario de Cleveland (Ohio), donde se celebró el primero de los tres cruces programados hasta la cita con las urnas, el 3 de noviembre.

Sobre la pandemia, la ola de protestas contra el racismo, la economía, la sanidad o la propia integridad de las elecciones, que el presidente lleva semanas cuestionando. No hubo asunto en el que la discusión no acabase en llamas. Antes del minuto cinco, Trump ya había llamado a Biden “socialista”. Al cumplirse 10, ya se había referido a la senadora Elizabeth Warren como “Pocahontas” y se había encarado con el moderador, Chris Wallace, una estrella de la cadena conservadora Fox. Así, durante 90 minutos. Discutiendo sobre el coronavirus, el republicano insultó a Biden: “¿Has dicho la palabra listo? No uses esa palabra conmigo”, señaló, y remató: “Joe, no hay nada listo en ti”. “Oh Dios...”, respondió Biden.

Fue tal el desaguisado que el Comité de Debates Presidenciales anunció este miércoles que incorporará cambios para lograr una discusión más ordenada. La noche sirvió de cata de lo que se avecina en las cinco semanas que faltan para las elecciones y evidenció que la estrategia de Trump, hoy presidente, es la misma que utilizó hace cuatro años como outsider: emponzoñar el debate, sembrar el descrédito en el sistema. Atacó al rival con malas formas, insistió, sin base, en la sospecha de fraude electoral y evitó condenar el supremacismo blanco. Buscó, en definitiva, agitar a sus bases más fieles, no tanto ampliarlas.

Los candidatos se batieron en condiciones extrañas, como todo en esta campaña marcada por la pandemia. Por precaución ante el riesgo de contagios, no hubo apretones de manos ni apenas público, aunque sí concentraciones de protesta contra el presidente en la calle. Era difícil predecir qué podía salir de este primer duelo. Un político veterano, con medio siglo de trayectoria a la espalda, se enfrentaba a un showman de primera, indómito. Al verse ambos por primera vez en vivo y en directo, se abrió la caja de los truenos.

Biden, de 77 años, no es hábil en los debates, como se comprobó durante las primarias demócratas, y Trump, de 74, encuentra en la confrontación y las cámaras de televisión su hábitat natural. Las vociferaciones del republicano, esa misma electricidad que es capaz de mantener durante sus mítines de hora y media, contrastaban con la voz quebradiza del candidato demócrata, siempre menos enérgico, pero que aguantó el tipo e incluso paró los pies al presidente en varias ocasiones.

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Parecía ese estudiante delgaducho que un día saca fuerza de dentro y planta cara al matón del instituto: “¿Te vas a callar, hombre?”; “No hay quien diga una palabra con este payaso, perdón, con esta persona”; “Sigue parloteando, hombre”, le replicó en algunas interrupciones. “No estoy aquí para señalar sus mentiras, todo el mundo sabe que es un mentiroso”, señaló cuando Trump le acusó de querer eliminar el sistema de seguros de salud privados, algo que es falso.

El candidato que lucha por mantenerse en el cargo suele ser quien recibe los ataques y se centra en sacar brillo a su gestión, pero la era Trump ha liquidado también esta convención. El magnate neoyorquino, acechado por las críticas por su gestión de la crisis sanitaria, salió al ataque y acusó al demócrata de querer llevar adelante un programa electoral del gusto del senador izquierdista Bernie Sanders, excandidato de las primarias, y de “la izquierda radical” de su partido. “La cosa es que yo gané a Bernie Sanders”, replicó Biden, para luego añadir, en una de esas frases que se recordarán: “Ahora el Partido Demócrata soy yo”.

EE UU llegaba agitado al cara a cara: el domingo, The New York Times había publicado una información explosiva, los datos tributarios de más de 20 años del republicano, que pintan el retrato de un empresario que factura dinero a espuertas, pero sufre pérdidas y apenas paga impuestos gracias a piruetas fiscales. Trump se limitó a negar la mayor: “He pagado millones en impuestos”. Y Biden evitó lo personal y optó por usar el caso del presidente como ejemplo de la necesidad del plan fiscal que él propone y revertiría rebajas aprobadas. El vicepresidente de la era Obama (2009-2017), en general, trató de mantenerse frío ante las provocaciones de Trump. Con frecuencia reaccionaba riéndose burlonamente.

Encuestas

En el bloque sobre las tensiones raciales, el moderador emplazó a Trump a condenar a los grupos supremacistas blancos, cuya presencia en las calles se ha multiplicado. Trump evitó rechazarlos. “Casi todo lo que veo [de violencia] es de la izquierda, no de la derecha”, dijo, y se dirigió directamente a uno de esos movimientos: “Proud Boys, retroceded y quedaos a la espera”.

Las encuestas de CNN y CBS nada más terminar el debate concedían la victoria a Biden, pero no está claro en qué se traduce eso. Solo un 3% de electores dice que “probablemente” el debate les ayudaría a decidir el voto, según una encuesta reciente de la Monmouth University. Y solo hay un 5% de indecisos, según esa universidad. Ese puñado de papeletas, con todo, puede resultar decisivo en los territorios bisagra y clave, como en Ohio. Para quienes se sentaron delante de la televisión a tomar una determinación, no hubo sorpresas: cada candidato hizo de sí mismo.

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Sobre la firma

Amanda Mars

Periodista. Corresponsal jefa de EL PAÍS en EE UU hasta abril de 2022. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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