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El sur de Francia, feudo y laboratorio de la ultraderecha

El Reagrupamiento Nacional y sus satélites se expanden por la parte meridional del país impulsados por la pobreza, la desigualdad y viejos rencores anclados en la guerra de independencia de Argelia

Homenaje el jueves en el cementerio de Perpiñán a las víctimas de la matanza, en 1962, de la calle de Isly de Argel.Massimiliano Minocri

El edificio está algo destartalado, debe remodelarse. El Ayuntamiento de Elna lo compró hace algún tiempo por una cantidad elevada y a duras penas ha podido terminar de arreglarlo. Da igual. Su presencia a medida que avanza la pequeña carretera, rodeada de invernaderos y del trajín de inmigrantes que entran y salen de los caminos de tierra, es imponente. La Maternidad Suiza es un símbolo eterno del éxodo republicano español, de la solidaridad francesa. Una institución fundada en 1939 por la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz que permitió el nacimiento de 597 niños cuyas madres, refugiadas de la Guerra Civil española, se encontraban internadas en campos de concentración del sureste de Francia. Lo mismo ocurrió con 200 hijos de mujeres judías. Pocos lugares son tan transparentes con la historia de la resistencia contra el fascismo. Hace un semana, un partido calificado como de extrema derecha y liderado por un viejo militante de una formación petainista ganó la alcaldía.

“Mire, el pasado es el pasado. Yo no puedo negarlo ni cambiarlo. Pero nos han elegido por nuestro proyecto. Y porque el anterior alcalde no hizo su trabajo”, resume Steve Fortel en la sede de su partido.

A las tres de la tarde del pasado miércoles, los miembros de su candidatura, que se impuso en las elecciones del pasado domingo con el 48,12% de los votos, están reunidos en el pequeño local del municipio más antiguo del sur de Francia. O de la Cataluña norte, como lo llaman muchos militantes de izquierda aquí (la parte de habla catalana que pasó al Estado francés en 1659). Aunque eso incomode en esta sala, que recrimina al anterior alcalde, el izquierdista Nicolas Garcia, sus lazos con Carles Puigdemont y haber convertido la Maternidad Suiza, clausurada por la Gestapo en 1944, en un símbolo solo para independentistas. “Es mucho más que eso. Pero ha quedado reducida a esa idea del exilio español y los catalanes”, protestan.

Fortel, a quienes algunos dirigentes del Reagrupamiento Nacional (RN) califican en privado como “un poquito radical”, militaba en un partido nacionalista, monárquico y de corte petainista (por el mariscal Philippe Pétain, colaboracionista del Tercer Reich). Había escrito contra la inmigración y algunas fotografías que circulan por la red le retratan sujetando pancartas xenófobas con escritos como “stop invasión”. En el pueblo, algunos vecinos, como Katia y Anne Claire, sienten “vergüenza” por su elección. Otros, como Pierre, creen que las cuestiones de seguridad y mantenimiento del pueblo han pesado mucho. “El anterior alcalde no hizo su trabajo”, apunta. Pero el resultado fue abrumador y en su candidatura, donde hay una mujer que se considera de izquierdas y era sindicalista, u otra casada con un marroquí, alegan que el pasado, pasado está. “¿Usted cree que estaríamos aquí si Steve fuera todo eso que dicen?”, señalan. Solo lo saben ellos. Pero Fortel asegura que sus ideas personales no cuentan en el proyecto de gestión que encabeza.

Elna es lugar simbólico. Medio millón de refugiados españoles buscaron la huida a Francia como única salvación tras la caída de Barcelona y quedaron confinados en campos de concentración en la playa. Pero es solo otro punto en el mapa de una conquista masiva de la ultraderecha en el Mediterráneo francés (unos 70 municipios en toda Francia, antes tenían 10). La izquierda se consuela recordando que el RN de Marine Le Pen y sus satélites no han logrado hacerse con Marsella o Toulon. Pero la constelación de municipios logrados y la representación en consejos municipales (1.500 asientos) es muy elevada. La ultraderecha se ha impuesto en Orange, Carcassone, Menton, Carpentras, Agde, Castres, Fréjus, Béziers, Elna, Le Pontet, Cogolin, Tarascon. También en su gran bastión, la única ciudad de más de 100.000 habitantes: Perpiñán.

La ciudad, capital de la provincia de Pirineos Orientales, quizá no sea “el centro del mundo”, como definía Salvador Dalí su estación de tren. Pero es una probeta social, económica y cultural que aporta información de la Francia de los últimos 70 años. Perpiñán ha basculado a lo largo de los siglos entre España y Francia. Acogió a los pied-noirs [ciudadanos de origen europeo, en general con nacionalidad francesa, que salieron tras la independencia de Argelia] primero, y a distintas olas de inmigración, después. Su alcalde, Louis Aliot, vicepresidente del RN y hombre de extrema confianza de Marine Le Pen, recibe a EL PAÍS en su despacho. Acaba de revalidar su mandato con una gran victoria en la primera vuelta (el 15 de marzo). Político cercano y directo, algo parco en palabras, pero muy claro, analiza la victoria del RN en el norte (la vieja cuenca minera) y el sur. “En el sureste hemos reemplazado al LR [Los Republicanos], a la derecha tradicional. Y en el norte, sustituimos a la izquierda. Por un lado, el voto obrero, y por el otro, quizá el que es algo más burgués. Dos fenómenos distintos. Y corresponde a nuestro discurso: no somos ni de derechas ni de izquierdas. O somos las dos cosas”, apunta.

El discurso, desde luego, casa con la fluida naturaleza ideológica de Marine Le Pen, inclinada a giros sociales con políticas autoritarias. No con la de su delfín, el joven Jordan Bardella (30 años), mucho más próximo al poder económico y la necesidad de buscar alianzas con la derecha tradicional. No quedará claro quién será el candidato presidencial en 2027 hasta que se resuelva el proceso por malversación de fondos europeos, cuya sentencia amenaza con dejar fuera de la política en julio a Le Pen. “Creo que irá bien”, desliza Aliot. El poder territorial adquirido en las municipales, en cualquier caso, será un trampolín para el RN. “Cada vez que nos implantamos en un lugar, el resultado en las presidenciales aumenta. Y este resultado es muy bueno para 2027. También en Niza, donde teníamos un tercio de la lista de Éric Ciotti”, señala respecto al nuevo alcalde de la ciudad mediterránea, gran impulsor del proyecto de unión de las derechas.

Marc Lazar, profesor de Sociología Política del Instituto de Ciencias Políticas de París (Sciences Po) y del centro Luiss en Roma subraya de esta victoria que “los alcaldes que habían sido elegidos con dificultad en las últimas elecciones, han sido confirmados con holgura”. “Y eso prueba que son capaces de implantarse y da un argumento al RN para decir que pueden gestionar el país con solvencia. Es un electorado de adhesión, no solo de protesta. Es un voto de confianza por el partido”, apunta.

La naturaleza mutante del RN ha comenzado a acercar al partido a nuevos electores. “Lo vimos ya en 2025. El RN llega a casi todas las categorías sociales. Excepto las que viven en grandes ciudades, con niveles altos de renta y de instrucción. Eso es un factor: cuanto más nivel educativo, menos apoyo al RN”, señala Lazar. Sus votantes en el sur salen de clases populares, pero también medias y burguesas. Y ahora, en los barrios conflictivos, en las llamadas citées, empieza a germinar un nuevo voto. “Gente salida de la inmigración, pero que quiere que sus hijos crezcan y prosperen. Sobre todo, madres solteras que tienen a sus hijos en el colegio y están hartas de los puntos de venta de droga. Cuando llegamos a la alcaldía tenían miedo, ahora empiezan a votarnos”, reivindica Aliot.

El barrio de Sant Jaume, en el centro de Perpiñán, acoge una de las mayores comunidades urbanas de gitanos de Europa. Los problemas se amontonan. Especialmente, señala el alcalde, la no escolarización de los menores y el tráfico de drogas. Nick Gimenez (73 años), bastón y sudadera de capucha, es uno de los patriarcas más respetados. Desde la plaza del Puig controla el humor de la comunidad. Está acostumbrado a mediar entre árabes y gitanos, entre gitanos y payos, y entre los propios gitanos. El jueves por la mañana termina de arreglar unos problemas con la policía por teléfono mientras unas gallinas pastan en un parque de recreo para niños. “Tenía que haberse entregado y no lo ha hecho”, dice sobre un paisano al que esperaban en comisaría.

El patriarca no ve especial problema en que gobierne el RN. Cree que “hay que dejar trabajar al alcalde”. “Mire, racistas con los gitanos lo han sido todos, no solo el RN. Así que eso nos preocupa relativamente. Se trata de la gestión y del trabajo”, explica en un perfecto catalán en la plaza del Puig, epicentro del barrio gitano. “Antes daban miedo. Ahora, mire, están haciendo casas nuevas y arreglando cosas. Aquí también han ganado. Solo han perdido en un barrio donde predominan los árabes”, apunta.

La implantación de la ultraderecha en Perpiñán y en el sur de Francia echa raíces en el histórico rencor tras la declaración de independencia de Argelia en 1962. A Francia llegaron cerca de un millón de pied-noirs, con el trauma de perder el hogar y el sentimiento de ser recibidos con recelos. Hay que sumarles el más un millón de excombatientes, y cerca de otro millón —las cifras son imprecisas— de argelinos o francoargelinos, además de 60.000 harkis, argelinos que cooperaron con las fuerzas francesas durante la guerra y se refugiaron en Francia. La mayoría fue realojada en ciudades meridionales bajo un fuerte sentimiento de traición que representaba para ellos el general Charles de Gaulle, presidente que aceptó la independiencia. “Los argelinos querían estar ahí solitos y fíjese, ahora los tenemos a todos aquí”, lamenta Richard Mattiotti, nacido en Argelia y militante de la causa camino del cementerio de Haut-Vernet.

El día 26 de marzo se celebra cada año en este camposanto la matanza de la calle Isly en Argel, donde el ejército francés abrió fuego contra centenares de pied-noirs que se manifestaban contra los Acuerdos de Evian, que preveían la independencia de Argelia. Murieron 80 personas y 200 resultaron heridas. Un día simbólico también para los viejos combatientes de la organización terrorista OAS, que intentó asesinar al general De Gaulle.

El pasado jueves, medio centenar de pied-noirs y familiares de presos del OAS se reúne en el monumento conocido como la Estela. La escultura muestra a un hombre con las manos atadas a la espalda mientras se derrumba. “A los fusilados y combatientes caídos para que viviese la Argelia francesa”, se lee en una inscripción. Debajo, los nombres de cuatro condenados a muerte y ejecutados por la República Francesa. Entre ellos, Jean-Marie Bastien-Thiry, el militar responsable del frustrado atentado contra De Gaulle, en Petit-Clamart, a las afueras de París. Hay discursos, coronas de flores y representantes políticos del RN. Un senador y dos concejales. Una de las coronas lleva el nombre del alcalde Aliot.

De Gaulle fue durante años la bestia negra de la ultraderecha en Francia. “Fue el causante de todos los males, un traidor. Y el RN es el único partido que nos representa”, aclara Mattioti. Marine Le Pen, sin embargo, hace tiempo que reivindica la figura del general en sus discursos. Es imposible llegar a la presidencia sin hacerlo. “Es cierto, no es como su padre, Jean-Marie Le Pen, una figura que para los pied-noirs contaba mucho”, apunta este militante. Para ellos, el fundador del Frente Nacional fue el diputado francés que dimitió en la Asamblea Nacional para entrar en la Legión extranjera e ir a luchar junto a ellos en Argelia.

La pobreza es un denominador común en el ascenso del RN en determinadas localidades del sur. También en las ciudades con barriadas construidas después de la independencia de Argelia, que sirvieron primero para acoger a aquellos repatriados, y luego para dar vivienda a la inmigración. El voto ahí se ha polarizado extremadamente, y la mayoría se inclina ahora por La Francia Insumisa (LFI), que ha logrado imponerse en grandes banlieues metropolitanas. En Carcassonne ha ganado por primera vez el RN. Pero en el barrio de Viguier, el décimo más pobre de Francia con 1.162 personas sin medios de un total de 1.734 habitantes, el 67% (según estadísticas oficiales), la tendencia es la opuesta.

Seis jóvenes pasan la tarde e intimidan con sus motos a los vecinos. “¡Eh, capulla!”, le grita uno de ellos a una mujer que conduce un vehículo y con la que casi choca. “¿Sabes cómo se llama esto? Las tinieblas, esto es Viguier tinieblas”, espeta uno de los chicos a los reporteros mientras les graba con el móvil. “Venga, dilo, ¡tinieblas!”.

Los seis , con mirada de niños y ganas de divertirse, y de que los escuchen, son de origen árabe. Todos, dicen, han votado a LFI. “Es la única manera de combatir el racismo de los otros partidos. No quieren a la gente de barrio como nosotros, nos tiran a la policía, nos pegan, nos confiscan las motos”, apunta uno de ellos. Un sentimiento que se extiende por otros barrios periféricos de Francia, también en las banlieues de las grandes ciudades, donde LFI ha logrado imponerse con candidatos, a menudo, de origen inmigrante.

El RN, sin embargo, no renuncia a ese electorado. En el barrio de Viguier, sentado en un banco, fumando un porro, se encuentra el argelino Hascen. “Llegué aquí hace años. Trabajamos duro, hicimos lo que había que hacer. Me gusta lo que dice el RN, no me parece xenófobo”. Al lado, su amigo, también argelino, matiza sus palabras. “No le hagas caso. Ha fumado demasiado”.

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