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La justicia griega confirma que Aurora Dorada fue una organización criminal de ideología neonazi

El Tribunal de Apelaciones de Atenas dicta sentencia en el juicio contra la cúpula y los militantes más destacados de la formación, y confirma también las condenas por el asesinato de Pavlos Fyssas y otros delitos violentos

Magda Fyssa, madre del rapero Pavlos Fyssas, celebra la condena de los asesinos de su hijo frente al tribunal de Atenas.Hibai Arbide

El juicio más largo de la historia de Grecia concluyó este miércoles en Atenas, aunque los abogados de las acusaciones y las defensas aún deberán comparecer una vez más para que el tribunal decida si concurren circunstancias agravantes o atenuantes. La sentencia de apelación pone punto final a un proceso judicial tortuoso que se inició con el procesamiento de 69 miembros de Aurora Dorada en 2013, a consecuencia del asesinato del rapero antifascista Pavlos Fyssas. Entre los condenados están el líder Nicolaos Mijaloyakos, su mano derecha Jristos Pappás, el portavoz parlamentario Ilias Kasidiaris, el eurodiputado Yannis Lagos y otros 38 nombres.

Los números del procedimiento judicial son enormes para una administración de justicia como la griega, que adolece de graves deficiencias estructurales. En la primera instancia, concluida en 2020, se celebraron 467 sesiones. En la instancia de apelación finalizada este miércoles fueron 211. De los 69 acusados iniciales, 12 fueron absueltos, siete quedaron fuera por prescripción de los delitos menores y uno falleció. Siete de los condados retiraron su apelación, de modo que la segunda instancia se celebró para los 42 condenados que recurrieron.

Los tribunales escucharon a 144 testigos de la acusación en primera instancia y a 121 en segunda, frente a 69 de la defensa. El volumen de los autos fue extraordinario: miles de documentos y material digital que pesan cuatro terabytes. La acusación llamó a declarar a perfiles muy diversos: cinco testigos protegidos, tres exmiembros de la organización, 18 policías, 42 testigos presenciales de episodios violentos, 28 víctimas o familiares, 10 representantes institucionales, 10 investigadores o periodistas y cinco intelectuales o políticos. Las defensas llamaron a 19 peritos. Además de la Fiscalía, la acusación particular contó con ocho letrados y la defensa con 40.

En la mayoría de las sesiones, entre el público se encontraba Magda Fyssa, madre de Pavlos, convertida en un símbolo de la lucha antifascista. Tras escuchar el veredicto afirmó que es una victoria colectiva. “Se lo debemos a todos los que dieron la vida por la libertad, como la dio mi hijo”, declaró a la salida del tribunal. En su rostro era visible la huella dejada por 13 años de combate contra la impunidad. “Me alegro de que haya acabado el juicio, para no volver a ver ni escuchar a los asesinos de mi hijo nunca más”, dijo antes de agradecer el apoyo recibido.

Los delitos probados

Mijaloyakos, Pappás, Kasidiaris, Lagos y otros tres miembros de la cúpula fueron condenados por el delito de dirección de organización criminal, mientras que el resto por integración en organización criminal. Yorgos Rupakiás vio confirmada su condena como autor material del homicidio de Fyssas, así como sus cómplices. Algunos de los demás neonazis fueron condenados por tentativa de homicidio por una paliza que propinaron a varios pescadores egipcios, por el delito de violencia organizada en un asalto contra sindicalistas del PAME y otros delitos accesorios como posesión de armas de fuego y malversación de caudales públicos.

La sentencia de primera instancia, dictada en octubre de 2020, impuso penas de cadena perpetua para Rupakiás, 13 años de cárcel para los dirigentes y penas de entre 5 y 10 años para el resto. Las penas concretas de la apelación se conocerán cuando el tribunal aclare si aprecia agravantes o atenuantes, pero todo parece indicar que serán similares a las dictada entonces.

Fundada en 1981 por nostálgicos de la Junta de los Coroneles y admiradores del Tercer Reich alemán, Aurora Dorada llegó a ser el tercer partido con mayor representación en el Parlamento griego en 2015. Entonces sus dirigentes ya estaban procesados por el juicio que concluyó este miércoles. La violencia formó parte de su ADN desde el inicio y no cesó tras su salto institucional. El portavoz Ilias Kasidiaris, que luce una gran esvástica tatuada en el hombro, señalando al Parlamento, dijo: “Aquí es donde hacemos el trabajo visible, pero el trabajo más bonito lo seguimos haciendo por las noches en las calles”.

Durante décadas, sus miembros protagonizaron centenares de ataques, principalmente contra migrantes. Entre 2010 y 2012, cuando Mijaloyakos preparaba su entrada en las instituciones, la ONG Red de Registro de la Violencia Racista registró más de 600 crímenes de odio en toda Grecia. En enero de 2013, dos militantes de Aurora Dorada asesinaron a sangre fría al migrante paquistaní Luqman Shahzad en Atenas, pero no fue hasta el asesinato de Fyssas, en septiembre de ese mismo año, cuando el Estado activó todos sus resortes policiales y judiciales para evitar más víctimas.

Para entonces, un amplio movimiento antifascista ya había tomado las calles y se disponía a llevar a cabo una intensa campaña que consiguió, entre otros logros, clausurar 36 sedes sedes de Aurora Dorada en Atenas en dos años.

La defensa de los neonazis ha sostenido durante todos este tiempo que se trataba de un juicio político en el que se perseguía por sus ideas a un partido político que, en el momento del procesamiento de sus líderes, contaba con el 7% de los votos en las elecciones generales. Por el contrario, el periodista Dimitris Psarrás, que investigó a Aurora Dorada desde sus inicios, afirma que siempre fue una organización paramilitar con un brazo político subordinado a la estrategia violenta. El reportero sostiene que, incluso cuando ni rozaba 1% de los votos, Mijaloyakos siempre tuvo relaciones sólidas con parte de los servicios secretos, algunos mandos policiales y militares de alto rango.

Psarrás, presente en el tribunal, se mostró satisfecho con la sentencia. En el exterior del Palacio de Justicia, medio millar de manifestantes antifascistas celebraron las condenas pero aseguraron que, hasta que el racismo y el fascismo no desaparezcan de la sociedad, su lucha no habrá concluido.

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