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Dron Shahed 136, la ventaja de Irán en la guerra

La producción a escala de estas aeronaves bomba, de un coste muy inferior al de los misiles que las interceptan, ofrece una baza al ejército de la República Islámica difícil de combatir

Daños causados por un dron iraní contra un edificio de Manama, la capital de Baréin, el domingo.Hamad I Mohammed (REUTERS)

Cuando en un canal ucranio de la red Telegram aparece el icono de un ciclomotor y signos de exclamación, la información es clara: se acerca un dron. Estos vehículos aéreos no tripulados utilizados por el ejército ruso como proyectiles planean con un zumbido similar al de una motocicleta o un cortacésped. Su velocidad antes del impacto, con una media en vuelo de alrededor de 185 kilómetros por hora, inferior a la de un misil, ha hecho que la sociedad ucrania detecte con facilidad este tipo de bomba, capaz de destrozar de una tirada cuatro pisos de un inmueble residencial. Los ucranios se refieren generalmente a estos aparatos suicidas con la palabra “shahed”, en referencia al modelo de fabricación iraní utilizado por Moscú y replicado ahora en las fábricas rusas.

El más conocido de esta familia de drones kamikaze es el Shahed 136, el mismo que desde el pasado sábado utilizan las fuerzas armadas de Irán contra países del Golfo aliados de Estados Unidos. Un arma que ofrece a la República Islámica una ventaja competitiva en la guerra, por dos motivos: su bajo coste de producción y la dificultad de derribarla.

En los primeros tres días de escalada bélica en Oriente Próximo, iniciada el sábado con el ataque coordinado de Israel y Estados Unidos contra Irán, Teherán ha lanzado más de un millar de drones contra territorio del Estado judío, su enemigo número uno, y contra los países árabes de la región que albergan activos militares estadounidenses. Se lleva la palma Emiratos Árabes Unidos, hacia donde han volado más de 600 drones iraníes, seguido de Kuwait (cerca de 300) e Israel (con medio centenar). Los artefactos también han alcanzado Qatar (una docena), así como Baréin y Jordania.

La mayor parte de estos proyectiles han sido derribados por las defensas de esos países, pero algunos han podido alcanzar los centros urbanos, como en el caso de Manama, la capital bareiní, o el emirato dubaití. Este martes, las autoridades de Arabia Saudí han informado de que dos de estos vehículos de ataque impactaron en la Embajada estadounidense en Riad, la capital.

Con un coste de en torno a los 30.000 euros por unidad, el Shahed 136, la joya de la corona de la compañía estatal iraní Centro de Investigación de Industrias de Aviación Shahed, vinculada a la Guardia Revolucionaria, se ha convertido en un arma de guerra fundamental. Su precio, muy bajo en relación con lo que puede costar uno de los misiles utilizados para su interceptación (entre uno y dos millones de euros), facilita la producción a escala.

Se desconoce el número exacto de drones que guardan los arsenales de Irán en la actualidad, pero sin duda se pueden contar por miles. El pasado enero, un mando del ejército iraní informó de la llegada para su uso inmediato de una partida de 1.000 de estas aeronaves bomba no tripuladas. Rusia, en su zona económica exclusiva de Tartaristán, fabrica al año, con la ayuda de Teherán, más de 18.000 drones Geran, el modelo ruso que ha copiado las tripas y el fuselaje del iraní.

Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, Moscú han lanzado contra territorio ucranio más de 60.000 de estos aparatos, un cálculo hecho a partir del monitoreo de dos centros de análisis: el Instituto para el Estudio de la Guerra y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). De nuevo, la mayoría son alcanzados por los sistemas de defensa antiaérea ucranios, pero no todos: unas veces por falta de medios o puntería, otras porque su trayectoria no supone un riesgo y es mejor reservar la munición.

La saturación de los escudos militares, no obstante, abre grietas a la entrada de estos proyectiles, letales cuando impactan contra zonas residenciales por la mezcla de explosivo y combustible. Con una altura de más de tres metros, una carga explosiva de en torno a 50 kilogramos y un alcance de alrededor de 2.000 kilómetros —las últimas variantes rusas mejoran todas estas cifras—, los Shahed plantean un gran desafío para su interceptación: vuelan bajo, lentos y con una trayectoria irregular, que en ocasiones parece incluso errática, como muestran los vídeos recogidos estos días en Dubái o Manama.

Hasta ahora, las baterías defensivas estaban diseñadas para el derribo de misiles a gran velocidad con trayectorias menos irregulares. “Estos drones son económicos”, decía en un reciente intercambio de mensajes Yasir Atalan, del CSIS. “Defenderse de ellos con activos de alta gama, como aviones de combate o misiles tierra-aire avanzados, es económicamente insostenible a largo plazo. La relación coste-beneficio favorece al atacante si el defensor depende únicamente de sistemas premium”.

En este contexto, la ventaja la tiene Irán, como bien mostró el lunes el ataque de un dron iraní contra la base militar del Reino Unido en Chipre. Francia va a enviar sistemas de defensa contra este tipo de aparatos bomba y contra misiles para la defensa de la isla, según ha informado este martes la agencia de noticias Reuters.

Kelly A. Grieco, analista del Centro Stimson, ha puesto cifras a la eficiencia de estos Shahed en tiempos de guerra. En un reciente hilo en la red X en el que destripa los costes de producción de los vehículos aéreos de ataque y sus interceptores, llega a esta conclusión: por cada euro que Irán gastó en drones, Emiratos, el país más golpeado, gastó entre 20 y 28 euros.

“La lección principal [de Ucrania] es la necesidad de soluciones de defensa aérea estratificadas y de bajo costo”, apunta Atalan, “que puedan absorber ataques masivos con drones sin agotar las reservas ni los presupuestos”. “Sistemas antidrones eficientes, guerra electrónica, interceptores más económicos e infraestructura resiliente deben convertirse en elementos esenciales de la planificación de la defensa territorial”, resume.

Traducido al campo de batalla: se requiere de un escudo que combine radares más o menos sofisticados, baterías antimisiles, aviones de combate entrenados, pero también sistemas dinámicos para desconectar estas aeronaves de la red y, finalmente, unidades de artillería móviles. Esto es lo que ha desarrollado el ejército ucranio y, aun así, no puede con todos los drones que Moscú lanza a diario contra su territorio.

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