La red de milicias chiíes que Irán puede activar contra EE UU e Israel
Aunque debilitados, los grupos armados proiraníes pueden desestabilizar Oriente Próximo con ataques a bases estadounidenses, contra sus aliados regionales o interrumpiendo el tránsito marítimo de crudo


Oriente Próximo contiene el aliento tras el bombardeo de este sábado de Estados Unidos e Israel contra Irán, que puede arrastrar a la región a una guerra de desgaste entre ataques y represalias. Los objetivos de los cazas y buques de guerra estadounidenses e israelíes son identificables en suelo iraní, pero la respuesta de Teherán es impredecible. A diferencia del último ataque en junio de 2025, el presidente Donald Trump no solo ha amenazado con destruir el programa nuclear iraní, sino que ha hablado de un cambio de régimen, haciendo adoptar en Teherán el modo de supervivencia.
Ante la potencia militar de EE UU, Teherán baraja opciones como el ataque a bases y tropas norteamericanas en Oriente Próximo —donde mantiene desplegados entre 40.000 y 50.000 efectivos—; una ofensiva contra Israel, o las monarquías aliadas de EE UU en el Golfo. O incluso la interrupción del comercio de crudo y mercancías en el estrecho de Ormuz.
Despliegue de capacidades militares de EE. UU. frente a la red de influencia y milicias chiíes aliadas de Irán
Capacidades de respuesta regional de Irán mediante el eje de la resistencia ante un posible ataque de EE UU
“Los países del Golfo están muy nerviosos porque saben que son ellos quienes se quedarán a limpiar los destrozos y los que sufrirán las consecuencias tanto en sus mercados como frente a las opiniones públicas domésticas”, afirma en conversación telefónica desde Londres Negah Angha, investigadora invitada en el Kings College y ex asesora política en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Joe Biden. El 20% de la producción mundial de crudo navega diariamente por el estrecho de Ormuz, al alcance de los ataques de los hutíes de Yemen o de la propia Irán.
En diciembre de 2024, la caída de Bachar el Asad y la ascensión de Ahmed al Shara, excomandante de la rama local de Al Qaeda, a la presidencia en Siria rompieron el eje chií que vinculaba al país con Irán. Al Shara, que lidera un ejército nacional integrado por milicias suníes salafistas, ha reconfigurado la política siria, alineándola con EE UU y desgajándola del llamado eje de la resistencia proiraní.
La retirada de tropas estadounidenses ―quedan un millar en suelo sirio― y el debilitamiento de la insurgencia alauita pro-Asad en Siria han reducido la probabilidad de ataques dentro y desde el país, mientras que la política exterior de Damasco ha imposibilitado la continuidad de un frente territorial desde Irán hasta Líbano, atravesando Irak y Siria.
La agresiva guerra que ha librado Israel en la región desde los atentados de Hamás en octubre de 2023, con bombardeos en Líbano, Siria, Irak, Irán, Qatar y Yemen, además de Gaza, ha mermado claramente la capacidad de respuesta de Irán mediante su red de aliados en la región, pero no la ha eliminado del todo. Estos son los principales grupos que se alinean con Teherán.

Los hutíes de Yemen: los únicos que pueden atacar en el mar
Los hutíes son militantes que profesan un islam de lejano parentesco con la escisión chií y que llevan cerca de dos décadas combatiendo al Gobierno de Yemen; en 2015 se hicieron con el control del noroeste del país y su capital, Saná. Cuentan con entre 200.000 y 300.000 combatientes en las filas de su brazo armado, Ansar Alá, según datos de la ONU. Tras el debilitamiento de la milicia libanesa de Hezbolá, los hutíes se han convertido en la mejor baza iraní en la región.
“No hay que subestimar las capacidades de los hutíes, que son mayores que las de cualquier otro grupo proiraní, y que buscan una mayor visibilidad. Es la única milicia que puede atacar objetivos marítimos, ya sea con drones, misiles o lanchas”, explica en conversación telefónica desde Milán la experta Laura Silvia Battaglia, autora del libro sobre los aliados iraníes Los partisanos de Alá, que se publicará en abril.

Desde 2016, la milicia hutí Ansar Alá ha demostrado su capacidad de atacar en el mar Rojo buques de guerra —como el destructor estadounidense USS Mason o el buque emiratí HSV-2 Swift—, petroleros saudíes en el estratégico estrecho de Bab el Mandeb o barcos con cargas comerciales o de armamento destinados a Israel. “El mercado está nervioso, las aseguradoras de barcos mercantes están nerviosas antes de que se produzca siquiera un ataque”, apunta la investigadora Angha.
Hezbolá, decapitado pero capaz de causar daños
El hecho de que EE UU anunciara el lunes la evacuación del personal no esencial de su embajada en Beirut —la segunda misión diplomática estadounidense más grande después de la de Bagdad—, evidencia que el partido milicia chií Hezbolá aún tiene capacidad para atacar objetivos estadounidenses en Líbano. Igualmente, cuenta con una reserva de cohetes y drones capaces de impactar en objetivos militares en todo el territorio israelí.
Israel ya ha advertido por canales indirectos al Gobierno libanés de que ha constituido una lista con 1.200 objetivos en Líbano en caso de que Hezbolá responda a un ataque contra Irán. El Gobierno libanés, que ha adoptado una política de control de daños, se esfuerza por excluir de esa lista los objetivos civiles y el aeropuerto de Beirut, única ruta aérea de entrada y salida para los ciudadanos.
Nacida en 1982 como resistencia contra la ocupación israelí del sur del Líbano, el patrocinio iraní convirtió a Hezbolá en un Estado dentro del Estado libanés y en la milicia más poderosa de la región, con un ejército de 30.000 combatientes según la ONU. Pero Israel ha logrado decapitar en los últimos 28 meses su cúpula militar tras matar a su líder, el jeque Hasan Nasralá, y eliminar a más de 5.000 combatientes. Asimismo, ha logrado neutralizar su sistema de comunicaciones y destruir el 70% de su arsenal militar.
Nasralá, estratega y asesor de Teherán, ha sido reemplazado como secretario general por Naim Al Qassem, considerado un subordinado a las órdenes de Teherán. Este ha reiterado en un discurso televisado el “derecho a la defensa y a la resistencia del partido [de Dios]” como un objetivo legítimo.
El alto el fuego con Israel en noviembre de 2024 implica, por parte del Gobierno de Líbano, el compromiso de desarmar a la milicia Hezbolá y desplegar al ejército regular al sur del río Litani, junto a la frontera israelí y feudo del grupo chií.

Milicias de Irak: las más próximas a las bases estadounidenses
Las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), más conocidas como Hashd al Shaab, se han convertido en una poderosa red de milicias proiraníes en suelo iraquí con entre 100.000 y 150.000 hombres en sus filas, según las estimaciones del Departamento de Defensa norteamericano. Creadas en 2014 para combatir al grupo Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), adquirieron una amplia experiencia bélica en los tres años de campaña antiterrorista. Estas milicias forman hoy parte del aparato de seguridad estatal iraquí.
Washington aún mantiene unos 2.500 marines en suelo iraquí, que han sido el objetivo de repetidos ataques con drones y cohetes por parte de las FMP. Estas están integradas por varios grupos armados que ahora tienen representantes en el Parlamento iraquí, lo que los ha hecho más vulnerables a las presiones de EE UU, que condiciona la ayuda económica a Bagdad al desarme de estas milicias.
Si bien se mantuvieron al margen en la guerra de 12 días que libraron el año pasado Irán e Israel, una de esas milicias, Kataib Hezbolá, con varios miles de miembros, ya ha anunciado que está preparada para una “guerra total” en caso de un ataque a Irán. Las FMP “podrían atacar las bases en los países del Golfo: Qatar, que es la más importante en la región; la de Bahrein, por su rol en el apoyo naval; y la de Abu Dabi, que alberga a los cazas F-16”, afirma Battaglia.
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