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El duelo por sustituir al republicano George Santos en la Cámara devuelve el escaño de Nueva York a los demócratas

El moderado Tom Suozzi se impone a la candidata republicana Mazi Pilip, afín a Trump, y da esperanzas a su partido de cara a las elecciones presidenciales de noviembre

Tom Suozzi’s victory
El candidato demócrata Tom Suozzi llegaba este miércoles a su cuartel general en Westbury (Nueva York).EDUARDO MUNOZ (REUTERS)
María Antonia Sánchez-Vallejo

Los demócratas lograron en la noche de este martes una victoria decisiva en las elecciones especiales celebradas en el tercer distrito electoral de Nueva York, que representaba el republicano George Santos hasta que en diciembre fue expulsado del Congreso tras serle imputados 23 cargos, entre ellos fraude, falsedad y suplantación de identidad. En otras circunstancias, una votación parcial para sustituir a un electo que causa baja —incluso al caído en desgracia Santos, con su sonora estela de bulos y fabulaciones— no habría suscitado más interés que completar el trámite del conteo, pero en un año electoral como este, y con un equilibrio de fuerzas en el Congreso muy tenso (los republicanos aventajaban solo en siete escaños a los demócratas en la Cámara de Representantes), la contienda se ha vivido con expectación, con seguimiento mediático en directo del recuento. Del resultado dependía no solo el marcador de la Cámara de Representantes, también las lecciones que puedan derivarse para la campaña de las presidenciales de noviembre.

El demócrata Tom Suozzi se ha impuesto a su rival, la republicana Mazi Pilip, por ocho puntos de diferencia, con el 54% de los apoyos frente al 46%. Una cifra esta última nada desdeñable para alguien con escasa experiencia política como Pilip (solo ha sido representante local en el condado que se disputaba, el de Nassau) en comparación con las tres legislaturas de Suozzi como congresista en Washington. El moderado demócrata ha recuperado así el escaño que ocupó antes de que le fuera arrebatado por Santos en noviembre pasado. Cuando aún no se había completado el escrutinio, el ganador recibió la llamada de felicitación del presidente Joe Biden, mientras Pilip era objeto de la cólera de Donald Trump, que la calificó de “tonta” por haber dejado escapar el escaño.

Recuperar el asiento de Santos en la Cámara de Representantes ha sido para los demócratas la primera prueba del año electoral, no sólo por recortar la ventaja de los republicanos, que ahora sólo les sacan seis escaños de ventaja. Superada, abre una vía potencial en noviembre a imponerse también en distritos suburbanos indecisos como el de Nueva York, cuando las encuestas de intención de voto arrojan una ventaja del candidato republicano Donald Trump, que arrasa en las primarias de su partido, así como un indudable protagonismo de los votantes dudosos.

Una copiosa tormenta de nieve, la más intensa en casi dos años, ha mermado la afluencia a las urnas, a las que ambos candidatos llegaron prácticamente empatados en intención de voto. Tan a cara de perro era la pugna, que ambos ofrecieron a sus votantes transporte pagado a los centros de votación. El Congressional Leadership Fund —el principal super PAC (comité de acción política, en sus siglas en inglés) de los republicanos de la Cámara de Representantes— contrató incluso máquinas quitanieves privadas para limpiar los accesos. Sin contar la factura de las quitanieves, el grupo ha gastado cinco millones de dólares en la carrera, lo que indica el empeño de los republicanos de Washington en retener ese escaño. El voto adelantado, hasta este domingo, parecía beneficiar a los demócratas.

El congresista electo se ha posicionado durante la campaña como un negociador moderado en este distrito, mientras que la republicana Mazi Pilip, una veterana del ejército israelí nacida en Etiopía y defensora de las tesis trumpistas del robo de las elecciones de 2020, ha intentado vincular a su rival con el presidente Joe Biden, que atraviesa horas bajas. Una derrota demócrata habría hecho saltar las alarmas en un partido ya tocado por las bajas cifras de aprobación del mandatario y con frentes abiertos como la inmigración, que se está convirtiendo en el principal tema de la campaña de noviembre. Una victoria republicana habría consolidado la diferencia en la Cámara de Representantes y acabado con la tradicional hegemonía azul, el color con el que se identifica a los demócratas, en Nueva York. Fueron de hecho los cuatro escaños ganados por los republicanos en este Estado en las elecciones de medio mandato los que dieron a su partido el control de la Cámara de Representantes.

Al condado de Nassau se suma, en la circunscripción en juego, una parte de Queens, donde el alcalde de Nueva York, el demócrata Eric Adams, ha instalado un macroalbergue para migrantes recién llegados de la frontera. La presión migratoria es una baza que los republicanos han jugado a fondo en esta contienda, igual que en el plano nacional: se trataba de echarle la culpa del caos reinante en Nueva York —y en otras ciudades demócratas como Denver o Chicago— al presidente Biden, y a fe que la presencia de miles de inmigrantes en las calles de la Gran Manzana ha visualizado la crisis a ojos del votante común, aunque la preocupación no se haya plasmado en las urnas. A ello han ayudado también las repetidas quejas del alcalde demócrata Adams, culpando al Gobierno federal de no contribuir lo suficiente a los gastos de acogida de los migrantes.

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