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La multiplicación de los actos antisemitas inquieta a los judíos de Europa

En Francia y Alemania, la guerra en Oriente Próximo reaviva el sentimiento de inseguridad en una población que estuvo a punto de desaparecer hace 80 años

Unos policías vigilaban una sinagoga en la ciudad alemana de Dessau Rosslau, el 22 de octubre.
Unos policías vigilaban una sinagoga en la ciudad alemana de Dessau Rosslau, el 22 de octubre.POOL (via REUTERS)

La guerra en Oriente Próximo ha desatado una ola de actos antisemitas en Europa, donde hace ocho décadas fueron exterminados unos seis millones de judíos. Ninguno de estos actos ha sido mortal, pero la inquietud recorre las comunidades judías del continente.

El goteo es diario. Una mujer de 30 años de confesión judía fue apuñalada el sábado en su domicilio en la ciudad francesa de Lyon, según el diario local Le Progrès. Su vida no corre peligro. Alguien, no se sabe si el mismo agresor, dejó en la puerta una inscripción con la cruz gamada.

No se ha confirmado oficialmente el móvil antisemita, pero si se confirmase, sería el más grave de los actos y gestos hostiles hacia los judíos europeos en estas semanas. La lista es larga. Una sinagoga atacada con cócteles molotov en Alemania y edificios donde residen judíos pintados con esvásticas. Atentados a la propiedad en el Reino Unido y odio en las redes sociales. Un incendio en la antesala del salón de ceremonias del sector judío del cementerio de Viena. Imágenes virales de cánticos antisemitas en el metro de París.

La ola antisemita empezó el 7 de octubre, cuando Hamás mató en Israel a 1.400 personas y secuestró a 240. Y se ha acelerado con la repuesta israelí, que ya ha causado más de 9.000 muertos en Gaza, según las autoridades palestinas. En Francia, se registraron en octubre 857 actos antisemitas, según el Gobierno francés, el doble que en todo 2022. En Alemania, la organización Investigación e Información sobre el antisemitismo registra un aumento del 240% en los incidentes de este tipo. Solo en Viena, capital de Austria, el aumento ha sido del 300%, según la comunidad judía de la ciudad. En la primera quincena de octubre se registraron en Londres 218 de crímenes de odio contra los judíos, lo que multiplica por más de 13 la cifra del mismo periodo en el año pasado. La Policía Metropolitana de la capital británica y otras fuerzas de seguridad del país han desplegado más de mil agentes para proteger sinagogas y centros de la comunidad judía.

“Desde el 7 de octubre, la palabra antisemita se ha liberado”, dice con preocupación el escritor Pierre Assouline, autor de Regreso a Sefarad (Navona Editorial, en castellano) y sefardita con doble nacionalidad, francesa y española. “La atmósfera es difícil, triste, tensa.”

Explica la rabina Delphine Horvilleur que el antisemitismo no es nuevo en Francia y no es necesario remontarse al colaboracionismo francés durante la II Guerra Mundial. Hay un ciclo que se abrió a principios del siglo XXI, coincidiendo con la Segunda Intifada. Horvilleur, autora, entre otros, de Vivir con nuestros muertos (Libros del Asteroide, en castellano), recuerda el secuestro, torturas y asesinato del joven Ilan Halimi en 2006, la matanza en una escuela judía de Toulouse en 2012 y el atentado contra el supermercado judío Hyper Cacher, en enero de 2015.

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Bajar la voz cuando se pronuncia Israel en público

“Hace años que en mi sinagoga hemos adoptado costumbres de seguridad totalmente anormales, pero se han convertido en nuestra norma”, dice la rabina, una de las principales figuras del judaísmo progresista en Francia. Y cuenta una anécdota con su propia hija. Hace unos años la niña construía un edificio con piezas de Lego. Era una sinagoga. Cuando eligió figuritas, en vez de un rabino o fieles, puso a un policía en la puerta. “Así se educa a los niños judíos hoy, los padres lo cuentan”, añade. “Bajan la voz cuando hablan de judaísmo o cuando pronuncian la palabra Israel en público.”

El temor de las autoridades es que el conflicto entre israelíes y palestinos se traslade a Francia. Philippe Bernard, editorialista de Le Monde, se preguntaba hace unos días en una columna: “¿Es posible recordar que los judíos de Francia no son más responsables de las acciones violentas cometidas por un Gobierno de extrema derecha que los árabes de Francia lo son del terrorismo de Hamás?”

El agresor del sábado en Lyon llamó a la puerta de su víctima hacia la una de la tarde y, cuando la mujer abrió, le asestó dos puñaladas, según Le Progrès. Después huyó. Los investigadores, según el mismo medio, dan prioridad a la pista antisemita. Una fuente próxima a la investigación citada por Le Monde afirma que “se estudian otras pistas”.

El antisemitismo se ha transformado. “La vieja extrema derecha de antes de la guerra y la ocupación sigue existiendo: entre buenos franceses, grandes burgueses, aristócratas católicos sigue habiendo un fondo antijudío”, dice Assouline. “Pero la presencia masiva de musulmanes ha cambiado las cosas”. El escritor responsabiliza también a la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon, que tras el 7 de octubre se negó a calificar a Hamás de terrorista. En un mensaje por vídeo, el vicecanciller alemán y figura destacada de Los Verdes, Robert Habeck, ha alertado sobre el nuevo antisemitismo islamista: “Quien viva aquí, vive acorde con las reglas de este país y quien venga aquí debe saber que es así y así se hace cumplir”. Recordó asimismo el antisemitismo de la vieja extrema derecha. Y apuntó a “una parte de la izquierda” a la que avisó: “No se puede permitir que el anticolonialismo conduzca al antisemitismo”.

Para el país responsable del Holocausto, la seguridad de Israel es “razón de Estado”, ha reiterado el canciller, el socialdemócrata Olaf Scholz. Alemania, como Francia, ha impedido manifestaciones propalestinas por considerarlas una incitación al antisemitismo y acaba de prohibir las actividades de Hamás y de la asociación propalestina Semidou.

En un comunicado, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, deploró el sábado el “aumento agudo del odio globalmente, incluido el antisemitismo y la islamofobia”. También manifestó su preocupación por las restricciones a las protestas sobre el conflicto.

En el Reino Unido, donde viven poco más de 300.000 judíos y más de cuatro millones de musulmanes, las protestas propalestinas y contra el bombardeo de Gaza han congregado en las principales ciudades a decenas de miles de personas. Pero la expresión más controvertida de antisemitismo en épocas recientes se ha producido en este país en el Partido Laborista. Durante los años en los que Jeremy Corbyn lo lideró, diputados y afiliados judíos expresaron sus protestas ante comentarios, actitudes y gestos de la dirección que una comisión independiente describió como “acoso y discriminación” hacia esa comunidad. El rechazo de Corbyn a las conclusiones de la comisión derivó en su expulsión del partido a manos de su sucesor, Keir Starmer.

Manifestación propalestina, el sábado en Londres.
Manifestación propalestina, el sábado en Londres.Carl Court (Getty Images)

Cada país tiene su sociología y su historia, pero la inquietud es común desde el 7 de octubre. La rabina Horvilleur explica que sus abuelos, supervivientes de la Shoah, le decían: “Vigila, todo puede volver a empezar”. Ella no lo creía. “Pero para muchos de nosotros, el 7 de octubre reabre plenamente esta caja de Pandora que intentábamos mantener herméticamente cerrada”.

“Todo el mundo dice que el 7 de octubre es como el 11 de septiembre de 2001, pero es peor”, afirma Assouline. “Supone una ruptura antropológica, porque antes se decía: ‘Israel nos protege. Si tenemos un problema, vamos a Israel’. Pero ahora Israel se ha convertido en el país más peligroso para los judíos”.

Con información de Sara Velert en Madrid.

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