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Andrés Allamand, secretario general iberoamericano: “China se ha hecho muy fuerte en América Latina. Europa estaba en otras urgencias”

El político espera que la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebra en República Dominicana, apueste por relanzar las relaciones con la UE

El Secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, en la sede de la SEGIB en Madrid, el 17 de marzo.
El Secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, en la sede de la SEGIB en Madrid, el 17 de marzo.Luis Sevillano

Los 22 países de la Comunidad Iberoamericana celebran el próximo viernes en Santo Domingo (República Dominicana) su 28ª cumbre, a la que acudirán, salvo cambios de última hora, 16 jefes de Estado o vicepresidentes; lo que supone “una muy buena asistencia” para la primera cita presencial de este foro después de la covid, en opinión de Andrés Allamand (Santiago, 67 años), exministro de Exteriores de Chile que en febrero pasado se convirtió en el tercer secretario general iberoamericano en 18 años, tras Enrique Iglesias y Teresa Grynspan. La cumbre tendrá como invitado especial al alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Entre quienes han anunciado su asistencia está el venezolano Nicolás Maduro, pero no el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Allamand recibió a EL PAÍS el pasado viernes, horas antes de volar hacia Santo Domingo.

Pregunta. El hecho de que Lula prefiera viajar a China que asistir a la cumbre ¿es un símbolo?

Respuesta. El Gobierno brasileño ha hecho todos los ajustes posibles para que el presidente Lula pudiera estar presente pero, lamentablemente, se ha producido un conflicto de fechas y husos horarios. Creo que vamos a contar con un mensaje del presidente Lula y la asistencia del ministro [de Exteriores Mauro] Vieira, lo que refleja el interés de Brasil por estar representado al máximo nivel.

P. Durante el mandato de Jair Bolsonaro, Brasil dio la espalda a la comunidad iberoamericana…

R. Bolsonaro adoptó una política de puertas adentro y el enfoque de Lula es el contrario, ha dicho que Brasil va a volver con mucha fuerza al escenario internacional. Me parece una buena noticia. Brasil es un acto global y debe tener una política exterior en consonancia con su estatura geoestratégica.

P. China es ya el primer socio comercial de América Latina.

R. De todos los países, excepto México.

p. ¿Y en cuanto a inversión?

R. Las cifras son difíciles de cuantificar, porque muchas veces las inversiones chinas llegan desde terceros países, pero no hay duda de que en el último tiempo China ha aumentado enormemente su presencia en la región, partiendo en una primera fase de actividades comerciales, pero ahora también con inversiones en distintos campos. De repente, China se ha hecho muy fuerte en América Latina.

P. ¿Es porque Europa se ha desentendido y China ha ocupado el hueco?

R. Yo creo que ha habido urgencias que han desviado la atención: la crisis de 2008, la situación en el Este, la migración procedente de África… Las urgencias pueden explicar esa falta de atención que hoy veo, tanto en Europa como en América Latina, ánimo de remediar. Hay múltiples razones para que eso ocurra, y no solo las geopolíticas referidas a China. En primer lugar, hay una convergencia de intereses. América Latina tiene lo que Europa necesita y viceversa. Estoy pensando, por ejemplo, en el litio, un mineral estratégico para el futuro. En segundo lugar, pueden coincidir en una agenda de temas comunes que tienen impacto global, como el cambio climático, las migraciones o el crimen organizado. Finalmente, el mundo está en proceso de reconfiguración y lo lógico es que los países, partiendo de sus afinidades en valores o instituciones, forjen alianzas para influir en el escenario internacional. Creo que hay razones objetivas para un relanzamiento de las relaciones entre Europa y América Latina y la presidencia española de la UE, en el segundo semestre de este año, es una gran oportunidad. En ese marco se va a celebrar una cumbre Unión Europea-Celac [Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe] que no se reunía desde 2015.

Andrés Allamand, durante la entrevista.
Andrés Allamand, durante la entrevista. Luis Sevillano

P. Para que haya relanzamiento tiene que desbloquearse la revisión de los acuerdos de la UE con México y Chile y, sobre todo, la negociación con Mercosur.

R. Es difícil entender que la negociación de esos acuerdos se eternice. Un destrabamiento de los mismos sería una señal de que ese relanzamiento no es solo retórico, sino real. Junto a eso, se podría esperar de la presidencia española de la Unión que se avanzara en una articulación política que mantenga la fluidez de las relaciones entre América Latina y Europa y evite que pasen ocho años sin reunirse. También es muy importante que exista una vigorización de las inversiones; y esta vez en doble sentido: evidentemente, las inversiones europeas son bien recibidas en la región, pero también hay un proceso de desembarco de fondos multilatinos en Europa a través de España y Portugal.

P. América Latina tiene problemas para acceder a los créditos internacionales.

R. Necesita financiación. El marco de holguras fiscales es muy ajustado, por los esfuerzos que hubo que hacer ante la crisis de la covid, las tasas de ahorro interno son bajas y tampoco la inversión extranjera ha tenido el calibre que se requiere. Por eso, hay que pensar en una nueva arquitectura financiera internacional que esté atenta a las necesidades de los países de ingresos medios. En este sentido, la presidencia brasileña del G-20 [en 2024] es muy relevante, como también la presencia en este foro de México, Argentina y España. Tenemos potencia para hacer oír los puntos de vista de la región.

P. América Latina está dividida ante la invasión de Ucrania. ¿Es posible aprobar en Santo Domingo una resolución conjunta?

R. No existe una posición unánime sobre la guerra de Ucrania, aunque sí una muy mayoritaria: 17 países votaron a favor de la resolución de la ONU, dos en contra [Nicaragua y Venezuela] y tres se abstuvieron [Cuba, Bolivia y El Salvador]. Un eventual pronunciamiento sobre la guerra de Ucrania está abierto a la decisión de los mandatarios, pero cualquier acuerdo debe ser adoptado por unanimidad.

P. Estando Borrell en la cumbre es imposible que no se hable de ello.

R. Es probable que se aborde, [pero] que se adopte o no una resolución dependerá de que haya consenso.

P. ¿Pueden reunirse los mandatarios latinoamericanos sin tratar la situación de Nicaragua, donde el régimen convierte en parias a los opositores?

P. Ese asunto no está en el orden del día, pero la cumbre tiene una agenda abierta. Cualquier país puede suscitar un asunto que considere importante. Ocurrió en el pasado y es probable que pase ahora.

P. En 2010 se aprobó una cláusula democrática para suspender a aquel país donde se produzca una ruptura constitucional.

R. La Comunidad Iberoamericana tiene una cláusula democrática, pero se basa en asistir a aquel gobierno legítimo que se vea amenazado por una asonada o golpe de Estado. La cláusula no es aplicable a este caso, tendría que invocarla el Gobierno de Nicaragua.

P. Usted ha advertido de que la inestabilidad política está bloqueando el desarrollo de la región.

R. Aunque no me corresponde señalar a ningún país, sería absurdo no reconocer que en la región hay problemas de gobernabilidad democrática. Existen. Al margen de los que se derivan del diseño político institucional, hay problemas comunes de polarización y fragmentación política. El talón de Aquiles del régimen presidencial es la compleja relación con el poder legislativo. Hay un divorcio creciente entre ambos y, cuando en un Parlamento hay 20 partidos políticos, la búsqueda de acuerdos es muy compleja. La polarización política hace que muchas veces las segundas vueltas se disputen entre candidatos que tienen poco respaldo. Ahí hay un tema a resolver.

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