Estados Unidos pone freno a los ataques ucranios en territorio ruso

Misiles y drones de Kiev han sido disparados contra objetivos en el país invasor, pero Washington presiona para evitar una escalada bélica

Daños en el puente sobre el estrecho de Kerch que une Crimea con Rusia, el 8 de octubre.
Daños en el puente sobre el estrecho de Kerch que une Crimea con Rusia, el 8 de octubre.AP
Cristian Segura
Kiev (Enviado especial) - 28 oct 2022 - 03:40

Hay un armamento que la OTAN se resiste a suministrar a Ucrania para su defensa contra la invasión rusa: misiles de largo alcance. Rusia dispara cada día decenas de cohetes de crucero desde su territorio, pero Ucrania no cuenta con este arsenal y sus aliados internacionales no contemplan aportárselo. La razón es que Estados Unidos, el principal donante de ayuda a Kiev, es reacio a ello porque teme una escalada bélica más allá de Ucrania. “No enviaremos sistemas de misiles a Ucrania que puedan impactar en Rusia”, dijo en mayo el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. El Ministerio de Exteriores ruso advirtió el pasado septiembre de que la OTAN cruzaría “una línea roja” si aportaba misiles de largo alcance a Ucrania. Pese a ello, las Fuerzas Armadas de Ucrania atacan objetivos en suelo ruso desde la pasada primavera.

El 1 de abril se produjo el primer ataque ucranio en Rusia. Dos misiles, disparados desde un helicóptero de combate, según las autoridades rusas, destruyeron unos depósitos de combustible en Belgorod, ciudad de 360.000 habitantes a tan solo 50 kilómetros de Járkov (la segunda metrópolis ucrania) y provincia donde se localizan la mayor parte de los objetivos que selecciona Kiev al otro lado de la frontera. Belgorod recibió el fuego ucranio tres días consecutivos en este octubre, entre los días 13 y el 15, de nuevo con sus infraestructuras energéticas y militares como objetivo. Esta represalia se producía durante la ofensiva rusa a gran escala contra la red energética de Ucrania.

En la provincia de Belgorod, otras localizaciones de frontera han sido objeto de la artillería ucrania, aunque oficialmente el Estado Mayor no quiere informar sobre la autoría. En el pueblo ruso de Shevekino, limítrofe entre Belgorod y la provincia de Járkov, han caído obuses en varias ocasiones, en una zona con una alta presencia militar. Un bombardeo sobre Shevekino de esta semana habría causado la muerte de dos civiles y 14 heridos. En una visita de EL PAÍS este octubre a la frontera ucrania entre la provincia de Chernihiv y la de Briansk, parte del estruendo que martilleaba el horizonte eran disparos de la artillería ucrania que respondían a la rusa. Un oficial ucranio en la zona aseguraba que los disparos de sus posiciones eran mediante cañones autopropulsados AHS Krab, de fabricación polaca.

Fotograma de un vídeo que muestra el incendio en el depósito de combustible de Belgorod (Rusia), el 1 de abril.
Fotograma de un vídeo que muestra el incendio en el depósito de combustible de Belgorod (Rusia), el 1 de abril.HANDOUT (AFP)

La versión oficial rusa contabilizaba a principios de octubre más de 30 pueblos de las provincias de Belgorod, Briansk y Kursk que habían sufrido ataques contra su red eléctrica. Las bombas ucranias incluso alcanzaron el pasado septiembre un barrio de Taganrog donde se localiza presuntamente una base militar, según informó el conocido militar y ultranacionalista ruso Ígor Girkin. Esta información no ha sido confirmada por ninguna fuente militar, pero se difundieron vídeos en las redes sociales que coinciden con la explosión a la que se refería Girkin. Taganrog, en la provincia de Rostov, se encuentra a 80 kilómetros de la frontera con Donetsk y a 170 kilómetros de las posiciones ucranias, por lo que se trataría, de ser cierto, de un golpe de gran audacia estratégica.

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La veracidad de estos datos es difícil de contrastar, aunque sí se confirmó el ataque mediante un dron suicida contra un aeródromo para bombarderos en Shaikovka (provincia de Kaluga), en la incursión más profunda de las Fuerzas Armadas de Ucrania en Rusia: Shaikovka se ubica a 470 kilómetros de Kiev y a tan solo 200 de Moscú.

En un discurso del pasado 10 de octubre, el presidente ruso, Vladímir Putin, justificó la ofensiva a gran escala contra la red energética ucrania con varios pretextos; uno de ellos eran los supuestos sabotajes que los servicios secretos ucranios han llevado a cabo en las instalaciones eléctricas de la central nuclear de Kursk.

Ni el Estado Mayor ni el Ministerio de Defensa ucranio admiten oficialmente ninguno de estos ataques. Ni siquiera lo hicieron con el sabotaje mediante un camión bomba que el 8 de octubre causó graves daños en el puente del estrecho de Kerch, la única vía que conecta la península de Crimea con Rusia. Crimea fue anexionada ilegalmente en 2014 y el puente era también un símbolo de la incorporación de esta región a Rusia. La explosión, que causó por lo menos tres muertes, se produjo en el lado del puente sobre aguas soberanas ucranias. El presidente Volodímir Zelenski ha reiterado que Ucrania no está detrás de esta acción, y ha afirmado que según sus servicios de inteligencia, se trata de un montaje provocado por luchas internas de poder entre los altos mandos rusos.

Las operaciones militares ucranias en territorio ruso se producen con cuentagotas —en comparación con la ofensiva rusa— y con una limitación evidente: a diferencia del ejército invasor, Kiev no cuenta con misiles de largo alcance. Sí tiene en su arsenal cerca de medio millar de misiles soviéticos Toshka, según especificaba el pasado marzo el Centro para Estudios Internacionales Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés). Los Toshka son de poca precisión y alcanzan distancias no superiores a los 120 kilómetros. Rusia, en cambio, dispara misiles de crucero cada jornada, los Kalibr desde los buques de la Flota del Mar Negro y los Kh-101 y Kh-55 desde cazabombarderos en el mar Caspio, lejos de Ucrania para evitar ser derribados.

Objetivo Crimea

El mejor recurso en cohetes hasta el momento que ha tenido Ucrania son los Himars estadounidenses, unos misiles multilazandera de alta precisión que alcanzan los 70 kilómetros de distancia. Los Himars han sido fundamentales para destruir los arsenales rusos cerca del frente. Pero Kiev pide algo que llegue más lejos, reclama que se les arme con los Atacms, unos misiles guiados estadounidenses que alcanzan objetivos a 300 kilómetros. El Ministerio de Defensa ucranio reitera que son cruciales para atacar las posiciones rusas en Crimea, sobre todo las instalaciones desde las que se disparan los drones suicidas hacia las ciudades del país invadido. Pero Washington dice que no: el miedo a una guerra mundial lo desaconseja.

Estados Unidos desconfía de que Ucrania no utilice una mayor capacidad balística para atacar en suelo ruso. De hecho, el asesinato el pasado agosto en Moscú de Daria Dugina provocó uno de los pocos conflictos entre aliados. Pese a que Zelenski negó la autoría ucrania del atentado contra la hija del ideólogo ultranacionalista ruso Alexander Dugin, fuentes de los servicios secretos de los Estados Unidos aseguraron a The New York Times estar convencidos de que detrás de la operación había grupos militares ucranios.

La cautela lleva incluso a Washington a descartar enviar armas de largo alcance a Kiev para atacar posiciones rusas en Crimea. “La razón por la que no les entregamos este armamento es porque estamos en desacuerdo sobre los ataques en Crimea”, afirmaron el pasado 6 de octubre fuentes próximas al Gobierno de Biden a The Wall Street Journal. Pese a ello, Washington da oficialmente apoyo a Ucrania para que recupere Crimea, una provincia que Putin considera parte intrínseca de la identidad rusa y donde Rusia ha tenido históricamente una de sus bases navales más importantes.

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Sobre la firma

Cristian Segura

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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