Las irregularidades marcan el inicio de los referendos ilegales de Putin para anexionarse territorios ocupados de Ucrania

Kiev denuncia que las votaciones, sin reconocimiento oficial y organizadas de espaldas a la comunidad internacional, se celebran con la presencia de hombres armados que coaccionan a la población

Un militar de la autoproclamada República Popular de Lugansk camina con un rifle después de votar en la consulta para unirse a Rusia, este viernes.
Un militar de la autoproclamada República Popular de Lugansk camina con un rifle después de votar en la consulta para unirse a Rusia, este viernes.ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

Desde este viernes, víspera del día en que se cumplen siete meses de invasión, hasta el próximo martes, las autoridades de ocupación prorrusas celebran consultas de anexión a Rusia en cuatro regiones de Ucrania. Ninguna de ellas se halla totalmente bajo su control y en todas se suceden los combates. La primera jornada ha transcurrido entre denuncias de las autoridades de Kiev de imposición del voto a la población, incluso con la presencia de hombres armados junto a las personas que portaban las urnas y que iban por las casas, por los lugares de trabajo o por los hospitales reclamando los sufragios.

El Gobierno del presidente Volodímir Zelenski ha hecho público un vídeo en el que una mujer megáfono en mano va por la calle acercándose a distintas viviendas para pedir a los habitantes que participen. El gobernador ucranio de la región de Lugansk, Serguéi Gaidai, uno de los territorios donde se celebran las consultas, ha denunciado que se amenaza a los que no abren la puerta de su casa o pretenden emitir un no a la unión con Rusia.

No hay observadores que velen por la correcta celebración de un proceso que la comunidad internacional considera ilegal y al que ningún organismo otorga reconocimiento oficial. La intención del Kremlin es asentar sus posiciones en esos territorios, como ya hizo en 2014 en la península de Crimea. Pocos dudan de que los plebiscitos en Donetsk, Lugansk —dos provincias ocupadas casi en su integridad—, Zaporiyia y Jersón —controladas parcialmente— arrojarán un resultado favorable a los intereses de los organizadores. El objetivo de Moscú al buscar la anexión de estos territorios es contar con la posibilidad de elevar la respuesta militar de su Ejército en caso de agresión: en el momento en que Rusia considere que estas regiones son parte de su territorio se consideraría legitimada a responder con toda la dureza ante posibles ataques de las fuerzas leales a Kiev.

Estos referendos llegan en un momento delicado para el presidente ruso, Vladímir Putin, que ha tenido que mover ficha ante las derrotas que acumula en el campo de batalla en las últimas dos semanas. El mandatario ha anunciado una polémica movilización de la población para hacer frente al conflicto, lo que ha llevado a miles de jóvenes a escapar del país para evitar ir a la guerra. El avance de las tropas ucranias ha obligado a un rápido repliegue de decenas de miles de soldados rusos desplegados desde hace meses en el noreste de Ucrania. El intercambio de presos ucranios y rusos llevado a cabo el jueves tampoco fue bien recibido en Moscú.

Menores votando

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Para aumentar la participación en los pseudoreferendos de las regiones ucranias, los organizadores están autorizando a votar a ciudadanos menores de edad, de entre 13 y 17 años, que vayan acompañados por sus padres o tutores, según revelaron el jueves las autoridades de Kiev a través de información de los servicios secretos. También, añade la misma fuente, se ha previsto traer a familias de la región de Donetsk que se hallen viviendo en Rusia.

“¿Apoya usted la incorporación de la república en la Federación de Rusia con los derechos de una entidad de la Federación de Rusia?”, aparece escrito en ruso en la papeleta de los centros de voto habilitado en Donetsk y Lugansk, según informa la agencia Efe. En Zaporiyia y Jersón se puede leer tanto en ucranio como en ruso: “¿Está usted a favor de que la región abandone Ucrania, cree un Estado soberano y se incorpore a la Federación de Rusia?”.

Marina, una exprofesora de 56 años de la región de Jersón, cuenta que no tiene intención de votar en lo que denomina “una pésima función de teatro”. “Supongo que terminarán por obligarnos a posicionarnos, esto es, básicamente, para eso; está claro que el resultado está amañado”, comenta a través de una aplicación de mensajería esta mujer que decidió quedarse pese a la ocupación rusa para cuidar de sus padres, muy mayores. En Melitopol, una mujer que por temor a ser identificada pidió no dar su nombre, explica que personal afín a las autoridades impuestas por el Kremlin están acudiendo a las casas con las papeletas para que la ciudadanía vote allí mismo, en su presencia. “Dicen que es por seguridad”, comenta la mujer, informa María Sahuquillo. De hecho, los colegios solo van a abrir el último día de consultas, el martes 27 de septiembre, añade Efe. Desde este viernes, las autoridades irán recogiendo las papeletas por los domicilios debido a la guerra que se libra en el país.

El gobernador de Lugansk ha denunciado que se está obligando a votar a muchos ciudadanos, según ha publicado en su perfil de la red social Telegram. Gaidai, la autoridad legítima de esa región ucrania casi por completo controlada por Moscú, añade además que los rusos prepararon equipos de vídeo para “filmar historias propagandísticas” sobre la votación.

“En una empresa en Bilovodsk, el jefe anunció a todos los empleados que la asistencia era obligatoria. Quienes no participen en la votación serán automáticamente despedidos y las listas de los que no comparezcan serán entregadas a los servicios de seguridad de la República Popular de Lugansk [como se autodenomina la autoridad prorrusa]”, alerta Gaidai. En un segundo caso, en Starobilsk, continúa este gobernador ucranio, “las autoridades de ocupación prohibieron a la población local abandonar la ciudad entre el 23 y el 27 de septiembre [las fechas entre las cuales se extiende la consulta]. Según la información disponible, los ocupantes están formando grupos armados para rondar las casas y obligar a la gente a participar en el llamado referéndum”, explica Gaidai.

Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia.
Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia. AP

Gaidai asegura que las comisiones electorales van acompañadas de hombres armados que recogen los votos casa por casa y aprovechan también para comprobar si en el domicilio hay hombres en edad de combatir para movilizarlos para la guerra. “Van buscando carne de cañón”, afirma el gobernador dependiente del Gobierno de Kiev.

Antes de que se hubiera introducido una sola papeleta en las urnas, la comunidad internacional ya había anunciado que no se va a reconocer el resultado de esos referendos considerados ilegales. Así lo han afirmado Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea y Estados Unidos. Es más, las autoridades de Kiev aseguran que no piensan alterar su objetivo de mantener la contraofensiva desplegada en el noreste del país que les ha permitido recuperar la región de Járkov y que ha mejorado sus posiciones en el campo de batalla para desocupar posiciones rusas en Donetsk y Lugansk.

Las consultas se celebran en un territorio que supone aproximadamente el 15% de los 600.000 kilómetros cuadrados de Ucrania. Es ahí, en esas cuatro regiones del este y del sur del país vecino, donde Rusia concentra ahora sus esfuerzos.

El 21 de febrero, Putin firmó un decreto para, según él, dar marchamo de oficialidad a las dos autoproclamadas repúblicas populares independientes de Donetsk y Lugansk. Al mismo tiempo, anunció el envío de tropas de “mantenimiento de paz” a esos territorios. Ese fue el prólogo de la invasión que ordenó justo después y que comenzó en la madrugada del día 24.

Antes de la agresión, la zona industrial de Donbás, que ocupan las dos provincias de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, ya era escenario desde 2014 de una guerra entre milicianos prorrusos apoyados por Moscú y el Ejército de Ucrania. Que las tropas leales a Kiev hayan ganado desde principios de septiembre más de 8.000 kilómetros cuadrados en Járkov les permite situarse a las puertas del codiciado Donbás. Es allí donde los militares ucranios esperan seguir abriendo brecha estos días; y donde Putin espera reformar su presencia militar con las últimas medidas anunciadas.

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Sobre la firma

Luis de Vega (ENVIADO ESPECIAL)

Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear año y medio por Madrid y sus alrededores. Antes trabajó durante 22 años en el diario Abc, de los que ocho fue corresponsal en el norte de África. Ha sido dos veces finalista del Premio Cirilo Rodríguez.

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