Una discusión pública aumenta la tensión entre el presidente boliviano, Luis Arce, y Evo Morales

El exmandatario se queja de que la televisión estatal corta sus discursos y lo margina

El presidente de Bolivia, Luis Arce, junto al expresidente Evo Morales, el pasado agosto.
El presidente de Bolivia, Luis Arce, junto al expresidente Evo Morales, el pasado agosto.Martin Alipaz (EFE)

Las diferencias que tienen desde hace tiempo el presidente boliviano Luis Arce y el jefe de su partido, el expresidente Evo Morales, escalaron de grado con una discusión en público entre ambos líderes. “Lo que menos tenemos que generar ahora es susceptibilidad entre nosotros” reprendió Arce a Morales en un acto de entrega de obras en el Chapare, la región cocalera boliviana en la que el expresidente vive. Poco antes, en el mismo acto, el expresidente se había quejado de que el canal de televisión del Estado cortaba sus discursos, lo que calificó como “una forma de marginación”.

Cuando era presidente, entre 2006 y 2019, Morales solía acaparar las frecuencias estatales con una serie inacabable de discursos en los actos que realizaba cotidianamente en todo el país. Mientras los presidentes izquierdistas de esa época, como Hugo Chávez, en Venezuela, y Rafael Correa, en Ecuador, usaban programas propios y cadenas televisivas obligatorias para mantener un “contacto directo” con el pueblo, el mandatario boliviano prefería ordenar que los medios estatales estuvieran pendientes de su agenda diaria, que varios analistas consideraban propia de una “campaña electoral permanente”.

Desde la llegada de Arce al poder en 2020, el protagonista principal de la comunicación estatal es él, aunque su estilo sea más contenido y formal. Al mismo tiempo, los medios públicos rara vez entrevistan o cubren las actividades de Morales, hoy presidente del Movimiento al Socialismo (MAS) y dirigente de las poderosas federaciones de cocaleros.

Esta es una de las múltiples señales del distanciamiento que existe entre el ala gobiernista del MAS y lo que se suele llamar el “evismo”. Muchos de los más cercanos colaboradores de Morales en el pasado han quedado fuera del Ejecutivo o se están en el servicio exterior. Arce ha resistido las constantes presiones de su mentor político para cambiar al ministro de Gobierno (Interior), Eduardo del Castillo, con el cual está enzarzado en una pelea abierta desde hace meses.

Hace poco, Morales sospechó de que Del Castillo estuviera detrás de la sustracción de su móvil en un acto partidario multitudinario en el que ambos coincidieron. El ministro le respondió con un llamamiento a la calma, ya que “cada quien sabe lo que tiene en su celular”. La intensa búsqueda policial del aparato produjo una tormenta de especulaciones de todo tipo sobre su contenido. Un blog de extrema derecha incluso ofreció una recompensa de 10.000 dólares por él. Hasta ahora no ha aparecido.

Por otra parte, hace algunos meses, el MAS estuvo a punto de expulsar de sus filas al vicepresidente David Choquehuanca, lo que finalmente se evitó en una reunión de conciliación. Choquehuanca había sido acusado de divisionismo. El vicepresidente es un antiguo rival de Morales que posee un grupo interno y aspiraciones independientes, pero por ahora se encuentra estrechamente aliado con Arce. En un reciente mitin de apoyo al Gobierno, se los vio bailar y cantar juntos, mientras Morales aparecía dos pasos atrás y sin participar.

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Lo que en el fondo está en juego es quien encabezará al MAS en las elecciones de 2025. Luis Arce tiene derecho a intentar reelegirse, pero su partido está completamente controlado por Morales, con interés en volver a poner un candidato. La figura de más renombre en reconocer este dilema fue el exvicepresidente y mano derecha de Morales, Álvaro García Linera, quien declaró que la “separación entre el liderazgo político y estatal, que recae en Arce y Choquehuanca, y el liderazgo social, que representa Morales, [es] algo nuevo que podría manifestarse en candidaturas separadas”. E, incluso, en partidos separados: “No sabemos cuál será la posición de ellos [Arce y Choquehuanca] en término de las elecciones, si serán candidatos dentro del MAS o no lo serán”, afirmó a la prensa argentina.

El discurso oficial niega esta tensión y considera que los roces “naturales” en un partido tan grande como el MAS, en el cual milita un millón de personas, son magnificados por los enemigos del oficialismo. “Hay muchos intereses que quieren dividirnos, generar dudas, peleas entre nosotros”, le dijo Arce a Morales en el acto ya mencionado. “Yo creo que lo que menos tenemos que generar ahora es susceptibilidad”.

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