Los talibanes celebran ante la Embajada de EE UU en Kabul el primer aniversario de su toma del poder

Un año después de expulsar a las tropas estadounidenses de Afganistán, el Emirato Islámico está aislado del mundo, no ha servido para traer la paz y vive una atroz crisis humanitaria y económica

Talibanes celebrando el 15 de agosto el aniversario de la toma de Kabul y la fundación del Emirato Islámico en Afganistán.Foto: Luis de Vega | Vídeo: EPV

El Emirato talibán decretó a última hora del domingo que este lunes sea una jornada festiva en todo Afganistán. Celebran la toma del país hace justo un año, cuando sus tropas asaltaron sin resistencia el palacio presidencial de Kabul. Poco antes, el presidente, Ashraf Ghani, huyó desde ese recinto volando en un helicóptero. Escenificaba así la entrega del país en bandeja de plata a los rebeldes. Pero este lunes, el aspecto de la capital afgana, de cuatro millones de habitantes, es prácticamente el de un día laborable habitual, si no fuera por los constantes desfiles de caravanas con talibanes celebrando el primer día de la victoria de su segunda llegada al poder. La anterior abarcó de 1996 a 2001.

Como si de una romería se tratase, varios cientos de personas gritaban este lunes a Alá y se felicitaban al paso de coches de policía, motos, bicicletas y hasta blindados heredados del Ejército de EE UU por diferentes avenidas y barrios capitalinos. Los talibanes, acordes con la fecha señalada, lucen sus mejores galas. Así lo hacen los que van de civil, porque los militares marchan con toda su parafernalia. Entre el caos circulatorio, niños y adultos ondean banderas blancas y negras del Emirato que les regalan por las esquinas. Milagrosamente, nadie acaba atropellado.

Un talibán lleva a su hijo, también vestido de militar, a las celebraciones en Kabul.
Un talibán lleva a su hijo, también vestido de militar, a las celebraciones en Kabul. Luis De Vega

La obsesión de la seguridad

El mantra que obsesiona a los talibanes es el de la seguridad. Lo repiten machaconamente en cada declaración, cada comunicado, cada entrevista, cada tuit… “Afganistán es desde hace un año un país en paz”. La realidad no es así del todo: la violencia sigue a pie de calle. Paralelamente, el país permanece inmerso en una gravísima crisis humanitaria y económica, que se agrava con el aplastamiento de los derechos humanos, especialmente de las mujeres, ejercido por las autoridades del Emirato Islámico.

Con los fundamentalistas en el poder, una parte importante de los ataques y atentados que marcaban el devenir diario del país hasta hace un año ya no tienen lugar. Los talibanes eran los principales instigadores y protagonistas de aquella violencia, mientras que ahora son los que llevan las riendas del poder. De ahí que haya personas, dentro y fuera de Kabul, que afirmen que se sienten más seguras y que los desplazamientos son más tranquilos. Pero los talibanes prueban ahora desde el gobierno su propia medicina: ataques y atentados de quienes no los quieren al frente, como los terroristas del grupo Estado Islámico (ISIS, según sus siglas en inglés).

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Un hombre en medio del festejo talibán por la toma del poder.
Un hombre en medio del festejo talibán por la toma del poder. Luis De Vega

La sede de la Embajada estadounidense es el símbolo de la derrota infligida por la guerrilla yihadista a las tropas extranjeras que, durante 20 años, arroparon a diferentes gobiernos locales. A media mañana, cuando los talibanes consideran excesiva la aglomeración, empiezan a desalojar la rotonda. Tanto guerrillero y vecino junto, distraídos en las celebraciones, son un sabroso caramelo para las células del ISIS. Estos enemigos del Emirato llevan atentando reiteradamente en la ciudad durante las últimas semanas, provocando más de un centenar de muertos, según la ONU. El pasado viernes asestaron un importante golpe a los talibanes, al asesinar al prominente religioso Rahimullah Haqqani en un ataque cometido por un terrorista suicida.

Simpatizantes de los talibán con la bandera que representa al Emirato Islámico.
Simpatizantes de los talibán con la bandera que representa al Emirato Islámico. Luis De Vega

Apenas se ve a mujeres participar en la celebración. Dejando solo asomar sus ojos de la ropa negra que cubre todo su cuerpo, la joven Kali se fotografía junto a su compañero Salman, sosteniendo sendas banderas talibán. Un barbudo, parte de uno de los retenes de seguridad, les hace una foto. La pareja es paquistaní: ambos estudian Medicina en Jalalabad, al este de Afganistán, pero el 15 de agosto les ha pillado en la capital. Pakistán, el vecino oriental, ha sido siempre un firme pilar en el que se asientan los talibanes afganos.

Muy cerca de la pareja, a unos 200 metros, se sitúa el epicentro de la cabalgata islamista: el acceso principal de la legación diplomática que ocupaba Washington en Kabul. El jolgorio, con insultos a “América”, se queda fuera de los enormes muros que protegen unas instalaciones vacías desde agosto del año pasado. Los talibanes gritan sin parar mientras elevan al cielo sus armas, sin realizar en este momento disparos al aire.

La jornada ha tenido en todo caso un perfil institucional más bien bajo. “Hoy es el día de la victoria de la verdad sobre la falsedad y el día de la salvación y la libertad de la nación afgana”, señaló el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid,a través de un comunicado. En una comparecencia organizada a primera hora de la tarde, el ministro de Exteriores, Amir Jan Muttaqi, aseguro que el Emirato ha logrado la seguridad que no se logró nunca bajo el mando de Estados Unidos. “Queremos tener una buena relación con todos los países, no vamos a dejar que el territorio de Afganistán se emplee contra cualquiera”, comentó, según la agencia Reuters.

El ministro también ha lanzado una petición para que el mundo reconozca al Emirato Islámico. “La comunidad internacional debe cooperar con Afganistán y el nuevo Gobierno. Para prevenir la miseria generada en los últimos 40 años que nadie ha podido parar, no para que se repita de nuevo. Aquí, cada remedio ha fallado”, ha dicho Muttaqi, en unas declaraciones recogidas por la cadena Tolo News.

Washington ordenó invadir el país en 2001 por la connivencia de los talibanes con Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, unos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Extendiendo sus tentáculos por el Afganistán rural, y cometiendo ataques y atentados por todo el país; los talibanes lograron el año pasado hacerse con el control total del país, aprovechando la desbandada internacional y la rendición del Ejército local.

La inmensa mayoría de los afganos —sumidos en preocupaciones tan mundanas como buscar comida o trabajo— se sienten ajenos a desfiles como el de este lunes. A sus 19 años, Omar, un talibán de barba todavía poco tupida para el gusto local, se siente, sin embargo, orgulloso: “Cada país tiene un día especial y este de hoy es el de Afganistán; el día que vencimos a la primera potencia del mundo”. A su alrededor, una recua de muchachillos mugrientos carga a sus espaldas sacos de rafia donde meten todo el plástico que ven por la calle, al tiempo que extienden la mano a la caza de una limosna: “One dollar, sir. One dollar”.

Talibanes celebrando el 15 de agosto el aniversario de la toma de Kabul y la fundación del Emirato Islámico en Afganistán.
Talibanes celebrando el 15 de agosto el aniversario de la toma de Kabul y la fundación del Emirato Islámico en Afganistán.Ebrahim Noroozi (AP)

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Sobre la firma

Luis de Vega (ENVIADO ESPECIAL)

Ha trabajado como periodista y fotógrafo en más de 30 países durante 25 años. Llegó a la sección de Internacional de EL PAÍS tras reportear año y medio por Madrid y sus alrededores. Antes trabajó durante 22 años en el diario Abc, de los que ocho fue corresponsal en el norte de África. Ha sido dos veces finalista del Premio Cirilo Rodríguez.

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