La UE acuerda las primeras sanciones energéticas contra Rusia al vetar la importación de carbón

El quinto paquete de represalias decreta un embargo del combustible fósil, pero las negociaciones muestran las primeras grietas en la unidad de los Veintisiete y evidencian que cortar con el petróleo ruso será más difícil

Un hombre empujaba el miércoles su bicicleta entre los restos de carros de combate rusos destruidos en Bucha. Foto: CHRIS MCGRATH (GETTY IMAGES) | Vídeo: EPV

Finalmente, habrá un primer golpe de la UE contra el sector energético de Rusia. Pero por el camino, el bloque comunitario ha dejado al aire los primeros costurones en la unidad de los Veintisiete. El quinto paquete de sanciones, que incluye una prohibición a las importaciones de carbón ruso, recibió el jueves el visto bueno de los embajadores de los socios comunitarios tras dos días de intensos debates.

La discusión ha sido de carácter eminentemente político, según fuentes diplomáticas, y logra esquivar de momento las reticencias de Hungría a un embargo energético a Rusia. Pero Budapest, una capital en sintonía con el Kremlin, ya ha avisado de que cualquier paso ulterior, que implique cerrar el grifo del petróleo o el gas ruso, será mucho más complicado; incluso una línea roja que no está dispuesta a cruzar. Otros países como Alemania y Austria también han mostrado sus reservas a tocar de golpe y en un plazo inmediato la importación de estos dos combustibles, que suponen el verdadero maná económico para el régimen de Vladímir Putin.

La negociación también se ha dilatado debido a componentes técnicos y de ajuste fino de unas medidas para cuya revisión las 27 capitales apenas han tenido tiempo, añaden fuentes diplomáticas. Pero el lento proceso muestra cómo comienzan a abrirse grietas en la unidad de la UE a medida que el bloque comunitario aumenta la pegada de las sanciones: a mayor profundidad en las represalias, más se pincha en hueso y se dividen los Veintisiete. “Cuanto más tiempo pase, más complicado va a ser”, advierte una alta fuente comunitaria sobre lo que se avecina.

El problema en este quinto paquete no ha sido tanto dar el visto bueno al embargo al carbón, por valor de unos 4.000 millones de euros, y casi testimonial en Hungría. El verdadero conflicto ha estado en que un primer corte del grifo energético ruso supone adentrarse en territorio ignoto y abre un debate muy incómodo para algunos países altamente dependientes del combustible ruso, como Hungría, Austria y Alemania. Los siguientes pasos podrían estar a la vuelta de la esquina, dependiendo de cómo evolucione la guerra en Ucrania: “El petróleo ya está sobre la mesa, y eso es lo que provoca los roces”, dice una fuente diplomática.

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Hace solo una semana, el embargo al carbón ruso no estaba ni siquiera incluido en el borrador del quinto paquete de medidas. Pero las escalofriantes atrocidades descubiertas el fin de semana en Bucha y otras ciudades de las afueras de Kiev, cometidas supuestamente por militares rusos, obligaron a la Comisión Europea a armar de urgencia una propuesta más contundente.

En Bruselas son conscientes de que en cualquier momento puede suceder un hecho que desencadene este mismo proceso con el petróleo, que supone la mayor partida de las importaciones energéticas de Rusia por parte de la UE: suma 42.000 millones de euros anuales, 10 veces más que el carbón, según cifras del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA), y por encima incluso del gas, que alcanza un valor de 28.400 millones, pero del que la UE es, sin embargo, más dependiente.

Alemania, el motor económico e industrial de la UE, encabeza el consumo de combustibles rusos: sus importaciones de gas por gasoducto suman un 55% del total de los Veintisiete; y las de petróleo alcanzan el 22% del conjunto, según CREA. Berlín defiende que podría lograr una sustitución gradual del petróleo ruso de aquí a final de año; pero ve complicado cortar el gas antes de 2024.

“Bueno, [el petróleo] no está en el quinto paquete de sanciones que se están discutiendo hoy; solo está el carbón, pero creo que se discutirá el lunes en el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores. Y, tarde o temprano, espero que pronto, suceda”, expresó el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, antes de adentrarse en la reunión de ministros de Exteriores de la OTAN que se celebró el jueves en Bruselas.

Ucrania reclama el embargo total

El ministro de Exteriores ucranio, Dmitro Kuleba, invitado de excepción al encuentro de los aliados en la OTAN, fue, en cambio, mucho más duro. A Kiev no le basta con el embargo al carbón, aseguró en una comparecencia junto al secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, justo antes de la cita en Bruselas. El nuevo paquete de sanciones supone un “paso adelante”, valoró Kuleba, sobre todo cuando “hace una semana eran mucho más flojas, por decir algo. Estábamos muy descontentos”.

El paquete adoptado tampoco satisface al 100% sus expectativas. “Seguiremos insistiendo en un embargo total del petróleo y el gas ruso, en sacar del SWIFT [el sistema de pagos interbancarios] a todos los bancos rusos”, ha enumerado Kuleba. Luego su discurso se ha tornado oscuro y le ha sacado los colores a la UE: “Espero que no volvamos a enfrentarnos a una situación en la que para intensificar la presión de las sanciones, necesitemos que se revelen atrocidades como las de Bucha”, ha dicho. “No creo que los ucranios tengan que pagar con sus vidas, su salud y sus sufrimientos la voluntad política de los socios de imponer sanciones”.

Muchas de las capitales, en cualquier caso, asumen que va a ser inevitable decretar un embargo al menos parcial sobre todos los combustibles rusos. “Tarde o temprano, también serán necesarias medidas sobre el petróleo e incluso el gas”, aseguró el miércoles el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en una comparecencia en la Eurocámara. El primer ministro italiano, Mario Draghi, planteó la disyuntiva en términos mucho más gráficos. En una comparecencia ese día, dijo que ha llegado el momento de preguntarse si los dirigentes de la UE prefieren la paz “o mantener el aire acondicionado encendido”.

El Parlamento Europeo se sumó a la presión, al aprobar el jueves una resolución que reclama “un embargo total e inmediato de las importaciones rusas de petróleo, carbón, combustible nuclear y gas”. El texto salió adelante con 512 votos a favor, 22 en contra y 19 abstenciones.

Lista negra

El nuevo paquete incluye también una ampliación, hasta superar el millar, en la lista de personas sancionadas a las que se les congelan sus bienes y se prohíbe la entrada en territorio de la Unión Europea como consecuencia de su colaboración con el régimen de Vladímir Putin y su maquinaria bélica, económica y mediática. Entre los nuevos nombres destacan, precisamente, las dos hijas del presidente ruso, Katerina Tijonova y Maria Vorontsova, según el borrador al que ha tenido acceso EL PAÍS. Al sancionarlas, Bruselas secunda a Estados Unidos, que adoptó la misma decisión este miércoles.

Imagen de 2021 de Katerina Tijonova, hija de Vladímir Putin.
Imagen de 2021 de Katerina Tijonova, hija de Vladímir Putin.EVGENIA NOVOZHENINA (REUTERS)

Tijonova, la hija mayor de Putin, tiene 38 años, según detalla el borrador, y ha sido directora del nuevo instituto de inteligencia artificial de la Universidad Estatal de Moscú, “financiado con fondos estatales”. Actualmente, añade, dirige la iniciativa de desarrollo Innopraktika, “financiada por empresas rusas clave cuyos directores son miembros del círculo íntimo de oligarcas cercanos al presidente Putin”. “Por lo tanto”, prosigue el texto, “se beneficia del Gobierno de la Federación Rusa y está asociada a personas destacadas que participan en sectores económicos que proporcionan una importante fuente de ingresos al Gobierno de la Federación Rusa”, además del vínculo con su padre, que también destaca el texto.

Vorontsova, la menor de las hijas de Putin, de 37 años, es copropietaria de la empresa Nomenko, que participa en el mayor proyecto de inversión privada de Rusia en materia de sanidad, con un coste estimado de 40.000 millones de rublos (unos 450 millones de euros). “Se beneficia del Gobierno de la Federación Rusa y participa en sectores económicos que proporcionan una importante fuente de ingresos al Gobierno de la Federación Rusa”, asevera el borrador.

La relación propuesta por la Comisión Europea suma 217 nuevos nombres de políticos, oligarcas y sus familiares, y otras 18 entidades —ya han sido sancionadas 73 en total—. El Ejecutivo comunitario ya había avisado de que con el nuevo paquete de represalias, tenía intención de asestar un golpe contra el círculo familiar cercano de las élites y los poderosos ya sancionados, con el fin de evitar agujeros por los que puedan esquivar las medidas restrictivas en marcha contra ellos. El propio Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, ya habían sido sancionados con la congelación de sus bienes en los primeros compases de la invasión, aunque a ambos se les permite viajar a territorio comunitario, con el fin de dejar una vía abierta a la diplomacia.

El golpe al círculo familiar alcanza a progenitores, hermanos, hijos, hijas e hijastras, suegras, esposas y exesposas, conformando un manual del escapismo financiero de las élites económicas rusas. En la lista figura, por ejemplo, Olga Ayziman, exmujer de Mijaíl Fridman, dueño de la cadena de supermercados Dia a través del grupo de inversión LetterOne, además de fundador y uno de los principales accionistas del Grupo Alfa, que incluye el importante banco ruso Alfa Bank, “considerado uno de los principales financieros rusos y facilitador del círculo íntimo de Putin”, según el texto. “Fridman es el principal patrocinador de las actividades y necesidades de su exesposa después de que esta se trasladara a París”, añade.

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Sobre la firma

Guillermo Abril

Es corresponsal en Bruselas. Durante más de una década ha sido reportero de El País Semanal. Especializado en el gran reportaje con vocación internacional, ha cubierto la crisis de refugiados en la frontera exterior de la UE y zonas de conflicto como Siria y Libia, así como las consecuencias del Brexit y el auge de la ultraderecha.

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