La red de tráfico de diamantes desata una tormenta política en Portugal

La desarticulación de la trama que usaba la misión de la ONU en la República Centroafricana deja perplejos a las principales autoridades, que se enteraron por la prensa

Soldados portugueses desplegados en República Centroafricana en un vídeo subido al canal de Youtube de las Fuerzas Armadas Portuguesas en octubre de 2019.
Soldados portugueses desplegados en República Centroafricana en un vídeo subido al canal de Youtube de las Fuerzas Armadas Portuguesas en octubre de 2019.

Un compinche enfadado y un oficial con escrúpulos dinamitaron la red de tráfico de diamantes, oro y drogas tejida por militares portugueses integrados en la misión humanitaria de la ONU en la República Centroafricana. La trama salió a la luz esta semana, cuando se anunció la detención de 11 personas, civiles y militares, dentro de la Operación Miríade, que dejó perplejas a las principales autoridades portuguesas, que se enteraron por la prensa.

El hecho de que el ministro de Defensa, João Gomes Cravinho, no hubiese informado al primer ministro, António Costa, ni al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, que es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, ha desatado otra tormenta política en Portugal, donde las tormentas políticas comienzan a dejar de ser extrañas. La oposición, que ya calienta motores para las elecciones anticipadas del próximo 30 de enero, ha pedido la comparecencia de Gomes Cravinho, cuyo departamento sí comunicó a la ONU la investigación abierta.

Tras tomarles declaración, el juez Carlos Alexandre decretó la prisión preventiva para el supuesto líder de la red, Paulo Nazaré, de 25 años, un antiguo sargento que había dejado el Ejército, y el brasileño Wilker Rodrigues de Almeida. Los restantes detenidos quedaron en libertad con obligación de comparecencias periódicas ante las autoridades. Entre estos figuran cuatro empleados de banca (Caixa de Crédito Agrícola y Millenium BCP), un abogado, tres agentes de las fuerzas de seguridad portuguesas y el empleado de una empresa de seguridad privada. Entre los implicados en la red figuraba un antiguo capitán que había sido condecorado por su participación en misiones humanitarias.

Nazaré fue detenido mientras se dirigía en coche hacia el aeropuerto de Lisboa para volar hacia Suráfrica, según publicó el Jornal de Notícias. La casa que compartía con su madre y la pareja de esta fue una entre el centenar de domicilios registrados por la policía judicial. Nazaré permaneció pocos meses en la misión en la República Centroafricana, entre octubre de 2017 y marzo de 2018, cuando abandonó la carrera militar. A partir de esa fecha no se le conocen trabajos.

En la República Centroafricana adquirían diamantes y oro, que luego se transportaban a Portugal en aviones militares que no eran sometidos a inspección. De ahí partían por vía terrestre hacia su venta en ciudades belgas como Bruselas y Amberes. Un modo de operar seguro y más sencillo que la cobertura financiera que montaron para tratar de blanquear el dinero, que incluyó desde la compra de criptomonedas a la complicidad de titulares de cuentas corrientes donde se ingresaban transferencias a cambio de una comisión. La policía calcula que puede haber más de 60 testaferros. Los miembros más cercanos a Paulo Nazaré eran un agente de la Policía de Seguridad Pública (PSP), que acababa de finalizar el periodo de formación y que había sido soldado, y un miembro de la Guardia Nacional Republicana (GNR), que aún estaba en periodo de formación y que había sido compañero de Nazaré en el Ejército. En una de las escuchas grabadas, contactó con otro militar en activo para pedirle autorización para disponer de su cuenta para hacer transferencias, según el diario Público.

Para el blanqueamiento del dinero, la red se sirvió de unas 40 empresas, entre las que figuraban discotecas, inmobiliarias, restaurantes y algunas sociedades fantasmas creadas solo para facilitar un escenario de operaciones. La trama no solo traficaba con productos ilícitos, sino que también ofrecía sus servicios para otro tipo de negocios ilegales como el fraude informático o la falsificación de moneda.

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La investigación policial se inició tras dos denuncias presentadas en diciembre de 2019 ante la 6ª Fuerza Nacional Destacada en la República Centroafricana, que tiene desplazados unos 180 militares portugueses, en su mayoría paracaidistas, dentro del dispositivo desplegado por la ONU. Un intérprete local que no había recibido la comisión prometida por la red para dar cobertura a la venta de ocho diamantes –el 20% de los beneficios– fue el primero en alertar sobre el negocio clandestino de algunos militares.

A esta información le siguió poco después la de un mayor que había sido contactado por la red para implicarle en el tráfico de piedras preciosas. El oficial recibió ocho diamantes que debía depositar en un avión de los que prestaban apoyo logístico a la misión y que tenía previsto volar a Portugal. Sin embargo, el mayor, que ya estaba al tanto de la denuncia del intérprete, decidió entregar la mercancía a su comandante, que denunció el caso ante el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas portuguesas. Estos ocho diamantes, examinados a su llegada a Lisboa por peritos, carecían de la pureza necesaria para convertirse en piezas de joyería de gran valor. Según el diario Público, apenas servían para un uso industrial y su valor en el mercado era de 290 euros.

El asunto llegó hasta el ministro de Defensa, João Gomes Cravinho, que informó al departamento de la ONU que coordina las misiones de paz. Sin embargo, decidió no trasladar el asunto a otras instituciones portuguesas tras consultarlo con los equipos jurídicos de su ministerio. Esta polémica se suma a la que ya mantuvieron recientemente el Ministerio de Defensa y la Presidencia de la República, a propósito de la propuesta de sustitución del jefe del Estado Mayor de la Armada, el almirante Mendes Calado, por el vicealmirante Gouveia e Melo, que ha dirigido la exitosa operación de vacunación contra la covid en Portugal.

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Tereixa Constenla

Corresponsal de EL PAÍS en Lisboa desde julio de 2021. En los últimos años ha sido jefa de sección en Cultura, redactora en Babelia y reportera en Andalucía. Es autora del libro 'Cuaderno de urgencias'.

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