Jair Bolsonaro defiende la política ambiental de Brasil ante la Asamblea de la ONU

El presidente critica la vacunación obligatoria contra la covid-19 y vuelve a pedir el uso de cloroquina como tratamiento

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abre la última sesión de la Asamblea General de la ONU, el 21 de septiembre de 2021 en Nueva York.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abre la última sesión de la Asamblea General de la ONU, el 21 de septiembre de 2021 en Nueva York.EDUARDO MUNOZ / POOL (EFE)

El presidente de Brasil fue, como marca la tradición, el primer líder en hablar ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. La 76ª edición abrió con la palabra de Jair Bolsonaro, que usó su turno para “para mostrar un Brasil diferente a lo que se publica en los periódicos o se ve en la televisión”. Había expectativas de un discurso más moderado, lo que no sucedió. Bolsonaro habló de corrupción, economía, empleo y, sobre todo, la Amazonía y el medio ambiente, uno de los ejes de su política donde más críticas recibe desde el exterior. También atacó las medidas de restricción para combatir la covid-19, fiel a sus posiciones negacionistas.

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Bolsonaro atacó así “el pasaporte sanitario o cualquier obligación relacionada con la vacuna”, y defendió, una vez más, el tratamiento precoz de la enfermedad con cloroquina, de ineficacia probada. “Yo mismo fui uno de los que tuvieron un tratamiento inicial”, dijo. En la víspera de su discurso, el presidente dijo durante una reunión con el primer ministro británico, Boris Johnson, que aún no había sido vacunado.

La cuestión del clima

Bolsonaro aprovechó su discurso ante la ONU para asumir compromisos climáticos, en una de las materias donde es más cuestionado por la comunidad internacional. Dijo que anticiparía 2060 a 2050 el objetivo de lograr la neutralidad climática. “Se duplicaron los recursos humanos y financieros, destinados al fortalecimiento de las agencias ambientales, con miras a eliminar la deforestación ilegal”, agregó. Los datos contradicen al presidente brasileño: las agencias de control ambiental - IBAMA e ICMbio - fueron desmanteladas y la deforestación ha registrado sus mayores incrementos en años.

En 2020, la tasa de deforestación fue la más alta en 12 años, según un informe del Instituto Socioambiental basado en datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). “¡Los resultados de esta importante acción ya aparecen. En la Amazonía, tuvimos una reducción de la deforestación del 32% en el mes de agosto, en comparación con agosto del año anterior “, dijo. La deforestación subió un 56% en los años Bolsonaro: de un promedio de 6.719 kilómetros cuadrados en los cinco años previos a Bolsonaro, según el INPE.

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Bolsonaro también destacó que el 14% del territorio nacional está destinado a reservas indígenas, en las que “600.000 indígenas viven en libertad y cada vez más quieren usar su tierra para la agricultura y otras actividades”. Dijo además que “ningún país del mundo tiene una legislación ambiental tan completa”, con un Código Forestal que “debería servir de ejemplo para otros países”. Omitió, sin embargo, que algunas iniciativas de su gobierno fueron en sentido contrario. “Los inversionistas no se dejarán engañar por las afirmaciones del discurso de que Brasil tendría una fuerte legislación ambiental”, denunció Camila Asano, directora de programas de Conectas Derechos Humanos. “Se sabe que el gobierno de Bolsonaro ha estado debilitando organismos de supervisión como IBAMA e ICMBio y tratando de aprobar leyes en el Congreso para dificultar la demarcación de tierras indígenas“, argumenta

Promoción de la vacunación

En términos generales, el discurso de Bolsonaro sirvió de contrapunto a los discursos del secretario general de la ONU, António Guterres, y del presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Ambos fueron enfáticos al advertir sobre la emergencia climática y la necesidad de promover la vacunación masiva contra la covid-19. Se esperaba que Bolsonaro anunciara la donación de vacunas a países latinoamericanos a partir del próximo año, pero esto no sucedió. Destacó que ya se han distribuido y aplicado millones de dosis en Brasil, pero puso el foco en el uso de la cloroquina como solución. “Desde el inicio de la pandemia, hemos apoyado la autonomía del médico para buscar tratamiento temprano, siguiendo la recomendación de nuestro Consejo Federal de Medicina. Yo mismo fui uno de los que se sometieron al tratamiento inicial “, dijo.

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Sobre la firma

Felipe Betim

Nacido en Río de Janeiro, ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Escribe sobre política, temas sociales y derechos humanos entre otros asuntos. Es licenciado en Relaciones Internacionales por la PUC-Río y Máster de periodismo de EL PAÍS/Universidad Autónoma de Madrid.

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