Guadalupe Llori, la mujer indígena amazónica que ostenta el segundo poder del Estado en Ecuador

La nueva presidenta de la Asamblea, perseguida y encarcelada por el Gobierno de Correa, defiende que ahora hay “libertad y democracia”

Guadalupe Llori, en su discurso tras ser electa como presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador el 15 de mayo.
Guadalupe Llori, en su discurso tras ser electa como presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador el 15 de mayo.ASAMBLEA NACIONAL DE ECUADOR

Ecuador veía en las noticias, hace 13 años, que un contingente de al menos 12 uniformados irrumpía en la casa de Guadalupe Llori y se la llevaba detenida. En la foto de esa escena, que aún hoy perdura, aparece ella, una política de la provincia de Orellana de 45 años, algo despeinada, con aros en las orejas, unos pantalones vaqueros, camiseta blanca con motivos indígenas y una chaqueta de cuero. Caminaba esposada, escoltada por policías y militares con casco y ametralladora. El 8 de diciembre de ese 2007, tras meses de protestas contra la política petrolera de Rafael Correa, entró en prisión acusada de sabotaje y terrorismo. Hoy, Guadalupe Llori es la presidenta de la Asamblea Nacional de Ecuador, la primera mujer amazónica en ostentar el segundo poder del Estado.

Este 15 de mayo, con 58 años y un solemne traje negro de dos piezas, zapatos blancos y un collar también indígena, recibió el cargo de manos de Pierina Correa, la hermana del expresidente que ejercía de presidenta provisional en la sesión inaugural de la Legislatura. Llori fue elegida por 71 votos a favor, con el apoyo de la bancada oficialista de CREO, pese a estar en las antípodas en términos de ideología. Nueve días después, en el acto de investidura de Guilermo Lasso como nuevo presidente ecuatoriano, la escolta legislativa, vestida de gala, la acompañaba con honores mientras caminaba por una alfombra roja. “Después de una década, se respira libertad y democracia en un cambio de mando en el que la Asamblea Nacional y el Ejecutivo no estarán liderados por personas de una misma línea política”, pronunció Llori en el discurso que abrió el evento.

Llori se hizo con el segundo poder del Estado en un giro inesperado de las alianzas políticas. Su partido, Pachakutik, es el segundo con más asientos en la Asamblea, pero el bloque de UNES, que representa al correísmo, es el más numeroso con 49 de 137 escaños. Los asambleístas oficialistas de CREO son apenas la quinta fuerza en el hemiciclo, con 12 miembros. En un afán de dejar a UNES fuera de la presidencia legislativa y de los principales puestos en las comisiones, la mayoría de las bancadas, salvo UNES y el Partido Social Cristiano, se aliaron para poner al frente a la líder indígena. Y Lasso, consciente de la débil gobernabilidad que enfrenta debido a ese nivel de fragmentación, apeló en su investidura a la unidad y a la solidaridad de las otras organizaciones para sacar adelante el país en los próximos cuatro años. “¿Quién habría apostado que un exbanquero y una mujer indígena ocuparían hoy estos dos poderes del Estado?”, destacó el mandatario buscando la complicidad de la presidenta Llori y de los representantes del movimiento indígena para apoyar su proyecto.

“Dejemos atrás esa idea de las mayorías o minorías y luchemos por los grandes consensos”, afirmó Llori en el mismo tono. “La palabra izquierda no es mala, ni la palabra derecha, ni la palabra ideología. El peligro está en las palabras nefastas y actitudes perversas, en la corrupción, en la impunidad, en el autoritarismo, la explotación, la discriminación y la xenofobia. Peligrosa es la palabra dogmatismo que no busca convencer, sino colonizar y someter al que piensa diferente”, recalcó la presidenta de la Asamblea, que estuvo 11 meses en prisión y denunció maltratos mientras estaba en la cárcel.

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Fue un cruce de palabras con Correa lo que precedió a su detención en diciembre de 2007. Había transcurrido un año de protestas de los pueblos indígenas de Orellana contra los incumplimientos de la petrolera china Petroriental a la hora de contratar personal de las poblaciones aledañas y de hacer carreteras de acceso en la provincia donde explotaban los pozos de crudo. Rafael Correa, presidente de Ecuador desde aquel enero, se encontró pronto con un paro de actividades convocado por el movimiento indígena y una escalada de tensión social.

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Al final de un año de choques sociales, recriminó a Llori -pese a que incluso le había acompañado en algunos actos de campaña electoral- por azuzar la violencia y se refirió a ella con descalificativos. “Es peor que la Mama Lucha- una delincuente extorsionadora de la época-, es tan tontísima que no se puede hablar con ella”, dijo Correa. Poco después fue detenida.

Convertida ahora en la primera mujer indígena en presidir la Asamblea del país andino, el expresidente volvió a arremeter contra ella en una entrevista de radio, cuestionando la decisión del nuevo mandatario ecuatoriano de haberse asociado con Pachakutik para formar mayoría. “Es una mujer tremendamente violenta”, dijo dos días después de la designación y de que su movimiento político quedara apartado de las alianzas en el Legislativo.

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