Evo Morales

Bolivia detiene a la expresidenta Jeanine Áñez por “sedición y terrorismo”

La orden de captura alcanza también a cinco de sus exministros y a la cúpula militar que en 2019 pidió la renuncia del expresidente Evo Morales

Jeanine Áñez, expresidenta interina, es escoltada por el ministro de Gobierno, Carlos Eduardo Del Castillo (a la derecha ), y el comandante de la policía boliviana, Jhonny Aguilera ( la izquierda), en el aeropuerto militar de El Alto (Bolivia), este sábado.
Jeanine Áñez, expresidenta interina, es escoltada por el ministro de Gobierno, Carlos Eduardo Del Castillo (a la derecha ), y el comandante de la policía boliviana, Jhonny Aguilera ( la izquierda), en el aeropuerto militar de El Alto (Bolivia), este sábado.Juan Karita / AP

La Policía de Bolivia detuvo la madrugada de este sábado a la expresidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, bajo la acusación de “sedición y terrorismo” por los sucesos que terminaron con la salida anticipada de Evo Morales del poder y su marcha del país en noviembre de 2019. “Informo al pueblo boliviano que la señora Jeanine Áñez ya fue aprehendida y en este momento se encuentra en manos de la Policía”, anunció el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, desde las redes sociales. La detención se produce horas después de que la justicia del país sudamericano ordenara su captura.

Las órdenes alcanzan también a miembros de su Gabinete de Ministros y a la cúpula de las Fuerzas Armadas de entonces. Las detenciones se han acelerado tras la petición de un fiscal, que cargó contra todos los jefes del Ejército y policiales que pidieron públicamente la renuncia de Morales. Las autoridades sospechan que parte de los buscados se encuentran ya fuera del país. “La persecución política ha comenzado. El MAS (Movimiento al Socialismo, en el Gobierno) ha decidido volver a los estilos de la dictadura. Una pena porque Bolivia no necesita dictadores, necesita libertad y soluciones”, escribió Áñez el viernes en su cuenta en Twitter.

El día que la cúpula militar forzó la salida de Morales en una conferencia de prensa quedó registrado en vídeo. Allí el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, “sugirió” al presidente “que renuncie a su mandato, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”. El militar justificó que tomaban esa posición por la “escalada del conflicto” que atravesaba el país frente a las protestas por el supuesto fraude en las elecciones presidenciales de octubre.

Kaliman es ahora buscado por presuntos actos de “terrorismo, sedición y conspiración”. También se busca al general Sergio Orellana que, como sucesor de Kaliman, ocupó el mando de las Fuerzas Armadas cuando la senadora opositora Jeanine Áñez asumió la presidencia interina del país. Orellana debe responder además por la muerte de 30 personas en unas protestas contra la mandataria interina que fueron duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad. Por este último caso, un comandante militar y uno policial se encuentran bajo detención domiciliaria. Según las investigaciones de la Policía, el excomandante Orellana abandonó el país a fines del año pasado y ahora vive en Colombia.

El exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Flavio Arce, fue el único que se presentó voluntariamente ante las autoridades y fue arrestado de inmediato. Está a la espera de acceder a la detención domiciliaria, como lo han hecho los otros altos cargos militares procesados en el pasado. Otro de los buscados es el excomandante Yuri Calderón, que en noviembre de 2019 se declaró en rebeldía contra el Gobierno de Morales. La Policía allanó sin éxito dos domicilios para dar con el excomandante. Si está fuera del país, no lo ha hecho legalmente, según los registros.

Las órdenes de detención alcanzaron también al sector político. Rodrigo Guzmán, exministro de Energías de Áñez, fue arrestado pese a que hasta ahora no estaba en la lista de acusados. Su familia denunció un “secuestro estatal”. También fue detenido el exministro de Justicia, Álvaro Coímbra. La orden de detención incluye al exministro de Gobierno Arturo Murillo; el de Presidencia, Yerko Núñez, y el de Defensa, Fernando López. El arresto de los exministros sorprendió a la opinión pública boliviana, ya que el proceso se había concentrado hasta ahora en juzgar los momentos previos a la renuncia de Evo Morales y sus causas.

Una de las aristas relevantes de este caso es la naturaleza de los delitos que se les atribuye a los detenidos. Sedición y terrorismo conllevan en Bolivia penas de entre cinco y 20 años de prisión, respectivamente. La Fiscalía se suma así a la tesis del oficialismo, que denuncia que los acontecimientos de 2019 fueron un “golpe de Estado”. La oposición ha defendido, sin embargo, que aquellos sucesos fueron tan explosivos que terminaron por arrastrar a las instituciones del orden a participar en un “levantamiento popular” contra la reelección de Morales.

Álvaro Coímbra (en el centro), exministro interino de Justicia, sale del Instituto De Investigaciones Forenses (IDIF) en La Paz (Bolivia), este viernes.
Álvaro Coímbra (en el centro), exministro interino de Justicia, sale del Instituto De Investigaciones Forenses (IDIF) en La Paz (Bolivia), este viernes.Stringer / EFE

Uno de los líderes opositores, Samuel Doria Medina, reprochó que la justicia continúe “persiguiendo a jefes militares”. “El presidente [Luis Arce] comete un error al dejar que fiscales politizados compitan para usar los derechos humanos para ganar puntos con el Gobierno. Las relaciones con las Fuerzas Armadas son un delicado asunto de Estado”, ha dicho en Twitter.

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De acuerdo con la demanda original, el juicio debería incluir también a dos civiles: el líder de las protestas contra Morales y gobernador electo de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, y a su padre, un conocido empresario, a los que se acusa de haber pagado a varios policías para que se sumaran al motín. Un hecho clave que precipitó la caída del Gobierno del MAS. Los fiscales no los han imputado hasta ahora, aunque sí han tratado dos veces de convocar a Camacho como testigo. En las dos ocasiones el político convirtió los actos judiciales en los que debía declarar en multitudinarias demostraciones políticas.

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