JOE BIDEN

La Administración de Biden cambia el rumbo en la relación con Arabia Saudí

El presidente habla con el rey Salmán antes de que la Casa Blanca haga público el informe de la CIA que vincula al príncipe Mohamed Bin Salmán con el asesinato del periodista Jamal Khashoggi

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, en una imagen de archivo.
El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, en una imagen de archivo.Susan Walsh / AP

La Administración de Joe Biden se dispone este jueves a hacer público un informe de la inteligencia estadounidense que concluye que el príncipe heredero y líder de facto saudí, Mohamed Bin Salmán, aprobó en 2018 el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista crítico con el régimen de Riad, en el consulado de Arabia Saudí en Estambul. Las conclusiones del informe, del que la CIA fue el principal autor, ya fueron adelantadas por diversos medios en los meses posteriores al crimen. Pero su publicación, a la que Trump se resistió reiteradamente, abre simbólicamente una anunciada nueva etapa en las relaciones entre Washington y Riad, y supone una clara ruptura con la tibieza exhibida por la Administración Trump ante el brutal descuartizamiento de un periodista colaborador de The Washington Post y residente en Estados Unidos.

El presidente Biden, que confirmó que ha leído el informe, ha mantenido una conversación telefónica este jueves con el rey Salmán Bin Abdulaziz, de 85 años, y no con Mohamed Bin Salmán. El cambio de interlocutor es un gesto claro: mientras la Administración de Trump trataba con el príncipe heredero, Biden ha optado por considerar que el rey sigue siendo el líder del país y que el canal de comunicación oficial de su hijo, en calidad de ministro de Defensa, deberá ser con el jefe del Pentágono. Los miembros de su Administración demócrata, no obstante, aseguran que mantienen contactos con otros niveles del régimen saudí.

La Casa Blanca ha explicado que la nueva Administración se dispone a “recalibrar” su relación con el aliado árabe, gran productor de petróleo, al que en el pasado se le han tolerado comportamientos poco respetuosos con los derechos humanos. Biden ha expresado públicamente su compromiso con Arabia Saudí y sus necesidades defensivas en la región, pero a principios de este mes ya anunció que Estados Unidos dejará de apoyar la ofensiva militar saudí en la guerra yemení, conflicto que calificó de “catástrofe humanitaria y estratégica”. Durante su reciente audiencia de confirmación en el Congreso, la nueva directora de Seguridad Nacional, Avril Haines, se comprometió a cumplir con una ley de 2019 que exige a la Oficina de la Dirección Nacional de Inteligencia difundir en el plazo de 30 días el informe desclasificado del asesinato de Khashoggi.

Biden se mostró duro con Riad durante la campaña electoral. Lanzó críticas a la familia real y dijo que haría que los saudíes sean tratados “como los parias que son”. Ahora, ya en la Casa Blanca desde el 20 de enero, tiene sobre la mesa sus propias promesas electorales, acerca de la limitación de la venta de armas al país y la exigencia de cuentas sobre el asesinato del periodista. En ese contexto se enmarca la llamada con el rey Salmán, en la que tenía previsto, según fuentes de la Administración citadas por The New York Times, advertirle de la inminente publicación del informe de inteligencia.

La Casa Blanca ha publicado una breve nota sobre la llamada, en la que no se menciona el nombre de Khashoggi, pero se indica que el presidente “ha afirmado la importancia que da Estados Unidos a los derechos humanos universales y al imperio de la ley”. “El presidente le ha dicho al rey Salmán que trabajará para que la relación bilateral sea lo más fuerte y transparente posible”, dice la nota de Washington. El rey saudí ha subrayado en la conversación con Biden, según Reuters, la disposición de Riad a alcanzar una solución política completa en Yemen, así como la importancia de mejorar la alianza entre los dos países para lograr la estabilidad y la seguridad en la región.

El 2 de octubre de 2018, Khashoggi, ciudadano saudí de 59 años residente en Virginia (Estados Unidos), columnista de The Washington Post, fue engañado para acudir al consulado saudí en Estambul a realizar unas gestiones. Allí fue asesinado por un equipo de operativos con vínculos con el príncipe heredero. Su cuerpo fue desmembrado con herramientas forenses y sus restos nunca se hallaron. El Gobierno saudí negó inicialmente cualquier implicación en el asesinato, pero después cambió de versión y aseguró que el periodista falleció accidentalmente mientras trataban de extraditarlo a la fuerza. Sostienen que el equipo desplazado al consulado actuó por su cuenta. Ocho personas fueron condenadas en un juicio que los observadores internacionales calificaron de farsa. Sus condenas, cinco de ellas a muerte, fueron conmutadas por penas de 20 años de prisión, tras recibir el perdón de la familia del propio Khashoggi.

Documentos judiciales relacionados con una demanda presentada en Canadá contra Mohamed Bin Salmán, citados por la CNN, revelan que los dos aviones privados en los que viajó el escuadrón para asesinar a Khashoggi pertenecían a una compañía de la que se había apoderado un año antes el príncipe heredero saudí. Investigadores de la ONU hablaron de “un asesinato extrajudicial del que Arabia Saudí es responsable bajo la ley internacional”, y la propia CIA presentó sus conclusiones a la Casa Blanca en 2018. Pero nada de eso alteró las buenas relaciones de Trump con Bin Salmán. La Administración Trump impuso sanciones a 17 individuos saudíes, pero se negó a hacer público el informe y el presidente se resistió a criticar al príncipe heredero. En 2019, el entonces presidente incluso se jactó, en sus entrevistas grabadas con el periodista Bob Woodward para su último libro, de haber salvado al príncipe heredero de una investigación en el Congreso. “Le salvé el culo”, le dijo.

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