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Trump y Sanders, los dos polos sacan pecho en New Hampshire

Las campañas del presidente y el hoy favorito demócrata tomaron impulso hace cuatro años en un Estado en el que este lunes exhibieron su poderío

Seguidores de Sanders, en su evento el lunes en Durham.
Seguidores de Sanders, en su evento el lunes en Durham. REUTERS

Hace cuatro años, en este mismo lugar, eran dos piedras en los zapatos, derecho e izquierdo, del establishment político estadounidense. Un magnate que venía de los realities televisivos y un senador independiente que llevaba 40 años tratando de hacer una revolución. El millonario y el azote de los millonarios. El populista de derechas y el populista de izquierdas.

Hasta llegar a New Hampshire en 2016, los candidatos Donald Trump y Bernie Sanders habían cosechado poco más que titulares de prensa, irritación de la clase política y sendas derrotas en los caucus de Iowa contra Ted Cruz y Hillary Clinton, dos candidatos pata negra de sus respectivos partidos. Los dos llegaron a este pequeño Estado montañoso como los candidatos rebeldes, pero salieron con victorias contundentes. Hoy Trump es el presidente de Estados Unidos. Y Sanders, que finalmente perdió la nominación frente a Clinton, es ya el candidato demócrata favorito, según los sondeos, para enfrentarse a Trump en las elecciones de noviembre.

Por eso la noche del lunes, víspera de las primarias de New Hampshire, donde los dos candidatos celebraron multitudinarias exhibiciones de fuerza, tuvo algo de fotografía de lo que es Estados Unidos tan solo tres años después de que Barack Obama abandonara la Casa Blanca. Un país que parece oscilar entre dos extremos. Dos polos separados por los 50 kilómetros que separan las localidades de Manchester y Durham, donde Sanders y Trump protagonizaron este lunes, ante cerca de diez mil personas cada uno, los eventos más multitudinarios de las primarias.

“Esta multitud me dice que vamos a ganar en New Hampshire, vamos a ganar la nominación demócrata y vamos a ganar al presidente más peligroso de la historia de este país”, decía Sanders al subir al escenario en Durham, en una velada repleta de oradores estrella y que se cerró con el primer concierto en New Hampshire de The Strokes, banda neoyorquina que encabeza festivales de rock por todo el mundo. El nombre del acto era Bernie gana a Trump, y ese era el mensaje. Un mensaje a los moderados, cuya prioridad es evitar un segundo mandato de Trump, pero que se resisten a creer que un candidato radical sea el camino más razonable. En los últimos días, la campaña de Sanders ha minimizado las críticas al partido y se ha centrado en retratar al candidato como alguien elegible y catalizador, en palabras del propio Sanders, del “movimiento de bases más fuerte de la historia política estadounidense”.

“En cada sondeo Bernie gana a Trump. Y Trump lo sabe. ¿Por qué ha venido a New Hampshire esta noche? ¿Por los demás candidatos demócratas? No. Ha venido porque sabe que estáis vosotros aquí”, decía a los congregados la popular congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

Y allí estaba Donald Trump, a apenas 40 minutos en coche, dándose otro baño de masas con el fin, dijo, de “sacudir un poco a los demócratas”. Era el primer mitin después de haber quedado absuelto del histórico impeachment por el escándalo de Ucrania y el republicano multiplicó las mofas contra la oposición. “Tenemos más gente aquí que todos los candidatos del Partido Demócrata juntos”, dijo. “Estoy intentando averiguar quién es el candidato más débil y no lo consigo, todos son débiles”, añadió.

El presidente dejó muy clara ya su estrategia para la reelección en noviembre. Si gana la nominación un candidato como Bernie Sanders o como Elizabeth Warren, azuzará el peligro de la “izquierda radical”; si se impone Joe Biden, convertirá el caso de Ucrania —el presidente ha sido juzgado por presionar a Kiev para que se investigara a los Biden— en un arma contra el exvicepresidente. Azotado por los malos resultados en Iowa y un pronóstico igual de oscuro en New Hasmpshire, Biden cancelaba este martes su evento de la noche electoral en el Estado para viajar a Carolina del Sur, donde espera que el voto afroamericano rescate su campaña del agujero en el que se ha metido.

Que el impeachment no ha hecho mella en las bases de Trump se palpaba la noche del lunes en Manchester cuando se preguntaba a cualquiera de sus seguidores. “No habían pasado ni 90 minutos desde que juró el cargo cuando los demócratas comenzaron a hablar de impeachment, no puedes creer nada de lo que dicen”, opinaba Matthew Nickerson, de 40 años. Nickerson se manifestó con respeto hacia Sanders. Consideró que en 2016, cuando perdió contra Hillary Clinton las primarias, “le hicieron trampas” y que ahora “puede ganar la nominación”.

La excandidata demócrata también salía a relucir en un evento, el de Sanders, donde su recuerdo era igualmente impopular. Cynthia Nixon, actriz de Sexo en Nueva York que quiso ser gobernadora de su ciudad, hizo una osada confesión desde el estrado. “En 2016 voté por Hillary Clinton”, reconoció. “Pero cuatro años después el mundo es completamente diferente. No solo por la presidencia de Trump, sino porque Bernie Sanders ha cambiado la conversación política”. Entre el público, Tiffany Kocher, trabajadora social de 33 años, se reconocía “preocupada por los votantes más conservadores o moderados”. “Pero en las últimas elecciones Hillary Clinton perdió”, recordaba. “Hemos probado el camino del centro y no ha funcionado. Siempre que los demócratas han fracasado en movilizar al sector de la izquierda del partido, los republicanos han arrasado. A esos demócratas moderados les pediría que miren todo este movimiento que hay detrás de Bernie”.

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