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El intento de Bolsonaro de debilitar a su ministro de Justicia inquieta a las bases conservadoras de Brasil

El planteamiento del presidente brasileño de dividir el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública disgusta a los seguidores del exjuez Sergio Moro

El ministro de Seguridad brasileño Sergio Moro, el pasado 14 de octubre.
El ministro de Seguridad brasileño Sergio Moro, el pasado 14 de octubre. Getty Images

El ministro brasileño de Justicia y Seguridad Pública, Sergio Moro, es la figura más popular del Gobierno de Jair Bolsonaro. Incluso califica mejor en las encuestas que el propio presidente de Brasil. Según un sondeo publicado por el Instituto Datafolha en diciembre del año pasado, el 53% de los encuestados calificaron la gestión del exjuez de Lava Jato como excelente o buena, mientras que Bolsonaro tan solo goza de la aprobación de un tercio de los encuestados. Esto ha llevado a que los analistas no se paren de preguntar si los dos políticos mantendrán su alianza o serán rivales en las próximas presidenciales en 2022. La cuestión volvió al debate público esta semana con un movimiento de Bolsonaro. El presidente brasileño anunció que estudia reabrir el Ministerio de Seguridad Pública, que funcionó brevemente durante el Gobierno de su antecesor, Michel Temer, y que actualmente es parte de la cartera de Moro. Con ello, Bolsonaro abrió la puerta a quitarle el control de la estrategia de Seguridad Pública a Moro, lo que reduciría significativamente sus facultades.

El gesto fue leído como una tentativa de debilitar a Moro y provocó un inmediato malestar entre los seguidores de Bolsonaro, que salieron a apoyar al ministro en las redes sociales, pues lo consideran un fuerte símbolo del combate contra la corrupción en Brasil. Un día después, sin embargo, Bolsonaro matizó sus declaraciones usando su típico tira y afloja. Ahora, el presidente sostiene que no tiene la intención de volver a crear el ministerio de Seguridad Pública "en este momento". Este viernes por la mañana, en su llegada a India en un viaje oficial, Bolsonaro ha dicho que "la posibilidad [de cambio] es de cero”. Después ha matizado. "No sé qué pasará mañana. En la política todo cambia, pero la intención de dividir no existe”, ha dicho.

La relación entre Bolsonaro y el exjuez de la Lava Jato es conflictiva desde hace un año. Moro se negó a que el Tribunal Supremo Federal aceptara una petición realizada por el hijo del presidente, Flavio Bolsonaro, para restringir el uso de datos fiscales en investigaciones judiciales. El primogénito del presidente, que es senador, es investigado bajo sospecha de lavado de dinero. También, recientemente, el presidente ignoró la opinión de Moro y no vetó la creación de un juez de garantías —equivalente a un juez de instrucción, encargado de la fase inicial de un proceso penal— en el proyecto de lucha contra el crimen aprobado por el Congreso.

El descrédito de Moro ocurre en la misma semana en que ha dado una entrevista al programa de televisión Roda Viva, una tradicional vitrina política, en la que intentó mostrar una imagen de lealtad al presidente Bolsonaro.

La idea de dividir el ministerio comandado por Moro y, así, restarle poder, cobró fuerza después de que un grupo de secretarios de Seguridad Pública de los Estados brasileños se reunieron con Bolsonaro el pasado miércoles y le solicitaron que volviera a crear la cartera de Seguridad Pública, que existió durante solo un año y medio, entre 2016 y 2018. Durante ese período, el actual Ministerio de Justicia se dividió en dos. Bajo el paraguas de Seguridad Pública se encontraban la Policía Federal, la Policía Federal de Carreteras, la Fuerza Nacional de Seguridad y el Departamento Penitenciario Nacional, responsables del 88% del presupuesto del antiguo Ministerio de Justicia. Justicia era responsable de la Fundación Nacional del Indígena, los programas de refugiados y de derechos humanos.

Ni Sergio Moro —quien, según el propio Bolsonaro, estaría en contra del cambio en el ministerio— ni sus subordinados estaban en la reunión en la que el cambio fue planteado. “Algunos sectores de la política están interesados. Nosotros simplemente aceptamos sugerencias y decimos educadamente que las vamos a estudiar, y después los ministerios siguen como están”, ha explicado este viernes Bolsonaro. El presidente también ha apuntado que, cuando invitó a Moro a componer su gobierno, aún no había fusionado Seguridad Pública y Justicia en la misma cartera, pero los mensajes y las entrevistas de Bolsonaro en ese momento demuestran que, cuando se hizo la invitación, ya existía la idea de unir los ministerios.

Una de las condiciones que el exjuez puso sobre la mesa para convertirse en ministro era precisamente que sus poderes fueran más amplios. La idea de Moro era asumir una gestión que avanzara principalmente en dos frentes: el proyecto anticrimen y las llamadas 10 medidas contra la corrupción, propuestas por la Fiscalía. Ahora, una posible redistribución en su ministerio le quitaría poder político e influencia en la lucha contra la corrupción. También le quitaría el área que el ministro más ha utilizado para enumerar sus logros: las acciones para combatir el tráfico de drogas y de armas, al igual que la reducción de la tasa de homicidios que son sus temas principales, incluso en las redes sociales.

Al enterarse de que podría perder influencia en el Gobierno, Moro hizo un valioso movimiento político el jueves. En tiempos en que las redes sociales son esenciales para las elecciones, abrió una cuenta en Instagram, un terreno donde Bolsonaro, su jefe y posible oponente en 2022, tiene casi 15 millones de seguidores. En tres horas, Moro consiguió 125.000 adeptos.

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