Irak actúa contra una milicia proiraní a la que EE UU acusa de atacar sus intereses

Kataeb Hezbolá responde con un despliegue de fuerzas en la Zona Verde de Bagdad

El primer ministro de Irak, Mustafa al Kadhimi, durante una reciente visita a Mosul.
El primer ministro de Irak, Mustafa al Kadhimi, durante una reciente visita a Mosul.AMMAR SALIH / EFE

Las fuerzas de seguridad iraquíes han actuado en la madrugada de este viernes contra una poderosa milicia proiraní a la que Estados Unidos acusa de lanzar cohetes contra sus soldados y su embajada en Bagdad. La operación se ha saldado con la detención de 14 de miembros de Kataeb Hezbolá, según fuentes gubernamentales. Se trata de la acción más contundente contra una milicia desde hace años y la primera que se produce tras la llegada al Gobierno de Mustafa al Kadhimi, pero han surgido dudas sobre su alcance ante la sospecha de que la milicia ha logrado que fueran liberados.

Un comunicado militar ha explicado que una unidad del Servicio Antiterrorista (conocido como CTS por sus siglas en inglés y entrenado por EEUU) había intervenido contra milicianos que “preparaban nuevos ataques contra objetivos gubernamentales dentro de la Zona Verde”, el barrio más protegido de Bagdad. El CTS ha detenido a “14 sospechosos, miembros de un grupo, junto a dos lanzacohetes, prueba de su intención criminal”. La base de la milicia se encontraba en Dora, un barrio del sur de la capital desde el que con frecuencia se disparan los proyectiles.

El texto del Mando de Operaciones Conjunto no precisa el nombre del grupo, que fuentes oficiosas ya habían identificado con anterioridad como Kataeb Hezbolá. También es vago respecto a qué fuerza de seguridad los detiene. Según fuentes citadas por la agencia Reuters, fueron entregados a las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), el paraguas formado en 2014 para agrupar a las milicias que combatieron al Estado Islámico (EI). Para algunos observadores, eso equivale a haberles dejado en libertad dado que las FMP están controladas por Kataeb Hezbolá.

Es algo más que un detalle dada la sensibilidad del asunto. Al poco de conocerse las primeras noticias de la operación, numerosos milicianos se han dirigido hacia la sede del CTS en la Zona Verde exigiendo la liberación de los detenidos, lo que ha motivado un despliegue preventivo de fuerzas de seguridad. Vídeos difundidos a través de las redes sociales muestran caravanas de coches tocando el claxon al ritmo de canciones de apoyo a la “resistencia”, como se autodenominan esos grupos paramilitares.

De hecho, la cadena de televisión Ahad ha difundido imágenes de los “combatientes de las FMP liberados esta madrugada”. En ellas se ve a 14 hombres con ropa informal y buen aspecto haciendo la V de la victoria, en lo que parece el jardín de una vivienda sin identificar, pero no es posible confirmar su veracidad. Mientras tanto, un portavoz de la milicia ha acusado a Al Kadhimi de ser “un agente americano”. “Esperamos que sufras la tortura de Dios, o por nuestras manos”, le ha espetado Abu Ali al Askari.

La operación fue un éxito táctico, coinciden varios analistas, pero no tomó las medidas necesarias para evitar que la movilización de las milicias amenazara la seguridad de la Zona Verde. “Lo sucedido muestra que las relaciones entre el Gobierno y algunos de los integrantes de las FMP son más complicadas de lo que parece”, explica uno de ellos.

Aunque tras la derrota territorial del EI en 2017, las FMP se integraron formalmente en las Fuerzas Armadas, algunas de las milicias asociadas con Irán han seguido actuando fuera de la estructura de mando oficial. Eso ha colocado al Gobierno iraquí en el medio de la batalla por la influencia regional que Teherán y Washington libran en su territorio a pesar de ser ambos sus principales aliados.

Las tensiones entre Irán y EE. UU. han aumentado desde que hace dos años la Administración Trump abandonó el acuerdo nuclear y reimpuso sanciones a la República Islámica. El pasado enero, ese enfrentamiento estuvo a punto de desatar un conflicto regional cuando un dron norteamericano mató al general iraní Qasem Soleimani y al jefe de las FMP (y fundador de Kataeb Hezbolá) Abu Mahdi al Mohandes. El ataque iraní a la base de Ain al Asad, donde se concentran las tropas estadounidenses, pareció marcar tablas.

Sin embargo, los aliados iraquíes de Teherán no han dejado de recordar que su objetivo final sigue siendo la salida de los soldados americanos de Irak. Solo en las dos últimas semanas, se han producido seis ataques con cohetes contra la embajada de EE UU en Bagdad (días 10 y 18) o instalaciones en las que hay una presencia militar estadounidense como el aeropuerto de la capital (días 8 y 15) o la base de Taji (día 13).

De ahí que los observadores hayan visto la operación de este viernes como un primer signo de que Al Kadhimi va a cumplir su palabra de actuar contra las milicias que atacan los intereses norteamericanos. Desde su llegada al Gobierno a principios de mayo, ha prometido reafirmar la soberanía iraquí frente a la actuación de “fuerzas no estatales”. El flamante primer ministro, que hasta entonces era jefe de los servicios secretos y que no está afiliado a ningún partido, contó con el visto bueno tanto de Irán como de EE. UU. después de casi medio año de bloqueo político. Sin embargo, las facciones respaldadas por Teherán muestran una creciente hostilidad hacia él.

Es pronto para saber hasta dónde va a ser capaz Al Kadhimi de reformar un sistema que hace aguas por los cuatro costados. Más aún cuando a la crisis política se le ha sumado la sanitaria por la pandemia de covid-19 y la económica por la caída de los precios del petróleo. No obstante, los observadores destacan que sus primeros pasos van en la buena dirección. El mes pasado puso al frente del CTS a Abdulwahab al Saadi, un general muy popular que había sido apartado como número dos de ese servicio por su predecesor. En julio, tiene previsto viajar a Washington para impulsar el diálogo estratégico bilateral que ambos Gobiernos iniciaron hace dos semanas.

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