México vuelve al Consejo de Seguridad de la ONU después de 10 años

La diplomacia mexicana busca aumentar su participación en la escena internacional y propone una reforma al organismo de Naciones Unidas fundado en 1945

El embajador Juan Ramón de la Fuente, este miércoles en Naciones Unidas.
El embajador Juan Ramón de la Fuente, este miércoles en Naciones Unidas.Gobierno de México

México regresa después de 10 años al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente. Este miércoles el país ha conseguido 187 votos (de 192) para ser el representante de América Latina y el Caribe, durante 2021 y 2022, en el organismo de Naciones Unidas donde se delibera sobre los conflictos armados internacionales. Esta es la quinta ocasión en la que México participa como miembro con derecho a voto, desde la fundación del Consejo en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador impulsó desde el año pasado la candidatura para ocupar el asiento y la promovió entre los países de América. El lunes, por ejemplo, el presidente mexicano habló con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que también buscaba participar en el mismo Consejo, para consolidar su apoyo.

El Gobierno de López Obrador ha optado por tener un papel más participativo en la escena internacional en los últimos meses, aunque el presidente mexicano no ha viajado a ningún país desde que comenzó su Administración en diciembre de 2018. En las próximas semanas, el país latinoamericano también impulsará la candidatura de Jesús Seade, negociador del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, como director de la Organización Mundial del Comercio (OMC). “De conformidad con nuestra vocación pacifista, partiremos de la convicción de que en todos los conflictos existen rutas para el diálogo y la conciliación, y que estas siempre deben ser agotadas. Buscaremos una paz duradera para lograr un verdadero desarrollo sostenible”, ha prometido en un mensaje escrito López Obrador sobre la participación de México en el Consejo de Seguridad.

Juan Ramón de la Fuente, representante de México ante Naciones Unidas, explicó en febrero, en la sede en Nueva York, que la intervención del país latinoamericano buscará la reforma del Consejo de Seguridad, principalmente de sus mecanismos de participación y votación. Actualmente, el organismo está compuesto por 15 países donde solo cinco de ellos –China, Francia, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido– son miembros permanentes. La propuesta mexicana supone aumentar el número de naciones con un asiento permanente, así como la restricción del uso del veto por parte de estos países en las resoluciones, una petición añeja de parte de varios países adheridos a Naciones Unidas.

Durante la promoción de la candidatura de México, De la Fuente ha asegurado que el país latinoamericano seguirá con la tradición diplomática de resolución pacífica de los conflictos, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, además, ha integrado al discurso mexicano la lucha contra la desigualdad y la regulación de las armas. “El objetivo último de estas negociaciones, es tener un Consejo de Seguridad reformado, que sea cualitativa y cuantitativamente mejor del establecido en 1945. Desde nuestra perspectiva, las reformas deben orientarse a robustecer al Consejo. Nuestra postura no tiene que ver con el mantenimiento del statu quo, sino, por el contrario, radica en evitar que se acentúen los privilegios para unos cuantos”, dijo el embajador en febrero.

México comenzó su participación en el Consejo de Seguridad en 1946 y entonces respaldó una resolución para condenar la dictadura de Francisco Franco en España. En 1981, el país latinoamericano impulsó la descolonización e independencia de Namibia y Zimbabue. En 2003, la escena internacional se agitó con los debates sobre la intervención militar de Estados Unidos en Irak, a la que México se opuso a través de su representante, Adolfo Aguilar Zinzer. El país, además, mantiene históricamente una posición firme a favor del desarme, desde 1967 formó parte del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco). En 1982, el embajador Alfonso García Robles recibió el Premio Nobel de la Paz por su participación en la negociación del desarme nuclear.

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